La modelo egipcia que se enamoró de México

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El libro del escritor español, Francisco Solano, relata las cualidades de Cora van Millingen, quien llegó a nuestro país en 1947 y desarrolló programas de apoyo a comunidades desprotegidas

Ciudad de México.- Existen muchas razones para que los extranjeros se enamoren de nuestro país y decidan venir a radicar a algún estado de México, ya sea por su gente, su gastronomía, sus paisajes, el clima, la naturaleza o tristemente por las injusticias que se viven y su afán de de hacer algo al respecto, tal fue el caso de Cora van Millingen.
 
La historia de esta mujer estuvo llena de matices y grandes contrastes.

Si bien tuvo la fortuna de conocer los mejores y más exóticos restaurantes del mundo, departir con la aristocracia europea y modelar en pasarelas internacionales, también fungió como enfermera en la Segunda Guerra Mundial y dedicó la mayor parte de su vida a la defensa de los indígenas mexicanos; una tarea que la llevó a vivir incluso situaciones en las que peligraba su vida y las que desafortunadamente no hicieron eco para lograr que trascendieran más sus buenas acciones.
 
Fue en julio de 1947 cuando esta mujer rubia, de gran estatura y belleza fina, de rasgos europeos, pisó por primera vez tierras mexicanas, en compañía de su pareja sentimental de ese entonces el barón Percy Ouchterlony de Kellie, quien conoció a Cora mientras ella posaba como modelo para la revista The Tatler en una travesía por barco de Inglaterra a Suecia.
 
Durante esa misma época, Van Millingen ya había logrado posicionarse en la industria de la moda, incluso había conseguido ser la modelo de portada en varias ocasiones de publicaciones como Vogue y Harper's Bazaar, luciendo creaciones de distinguidos modistos de la época como Elsa Schiaparelli y Edgard Molineaux. Además, logró convertirse en musa de dos fotógrafos muy afamados de la época: Horst P. Horst y Cecil Beaton.
 
Su belleza, porte y estatura no eran las únicas cualidades que la hicieron destacar en el modelaje, sino que además poseía la cualidad extraordinaria de cambiar la expresión del rostro consiguiendo parecer una persona distinta, rasgo que le permitió -sobre todo en México- pasar desapercibida.
 
La belleza de nuestro país la conquistó y aquí se quedó. Desde que llegó a México, su vida se entretejió por circunstancias tanto de bonanza como de desesperación, humillación y carencias; primero por ser mujer y luego por ser extranjera.
 
Su nombre en el marco de la historia de México y para sus habitantes quizás no significa nada, pero para las comunidades del sur del país y hasta para algunos políticos, representa a una mujer que por su propia voluntad y sin importarle las consecuencias quiso ayudar a sus habitantes más oprimidos, a los indígenas.
 
Su labor llegó hacer ruido hasta en las altas esferas del poder político, guerrillero y en la alta jerarquía católica, sobre todo cuando envió al mismísimo presidente de la república, Ernesto Zedillo Ponce de León; al subcomandante Marcos y hasta al obispo Samuel Ruiz, un proyecto de educación que denominó Colegio del Nuevo Sol, un programa que puso en marcha en Oaxaca y que permitió dar educacióna niños y niñas de la zona.
 
Dicho proyecto consiste, porque aún sigue vigente, "en asociar en un espacio común a los mestizos y a los indígenas, fundir la cultura occidental y la precolombina", según escribió cuando envió la propuesta.
 
"Mientras este país no solucione el problema que tiene con los indígenas y acepte esta realidad como suya, no podrá salir adelante", detalló en su comunicado, reflejando una vez más la triste realidad de estos mexicanos.
 
Según registros y datos recopilados por el escritor español Francisco Solano, quien dedica su última investigación y trabajo literario a Cora en el libro Cora van Millingen, extraña en ningún lugar, de Editorial Lumen, la modelo internacional de origen egipcio nació un 19 de julio de 1910, año en que inició la Revolución Mexicana, durante el gobierno del presidente Porfirio Díaz.
 
Solano, a través de su texto, logra descifrar y enaltecer las mejores cualidades de esta mujer: el ser versátil, tenaz y valiente.
 
Detalla en su texto las grandes aportaciones de Cora, entre las que se encuentran la preservación de las vías férreas como medio de transporte para exportar productos nacionales y el proyecto de aprovechar las mismas vías para generar un nuevo tipo de turismo que permitiera conocer durante los recorridos paisajes distintos de México.
 
También creó mapas de distintos estados del país, comenzando con Veracruz, en el que incluyó relieves y detalles del subsuelo.
 
En esta narración, Francisco Solano detalla muchas de las buenas acciones de Cora, quien dedicó la mayor parte de sus días a defender los derechos de los indígenas; lo triste del caso es que, con el paso de los años, ellos siguen ocupando el mismo lugar y status en el que los encontró por primera vez nuestra protagonista.

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