Omnia: Mirada al dolor
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El dolor es el síntoma que nos avisa de la presencia de problemas en algún tejido, órgano o sistema de nuestro cuerpo.
Cuando se produce algún tipo de agresión, en cualquier lugar de nuestra anatomía, el dolor se encarga de dar la voz de alarma.
Pero no todas las partes del organismo son capaces de generar y transmitir sensaciones dolorosas. Sólo sucede en aquellas que cuentan con terminaciones nerviosas para hacerlo.
Por ejemplo, las vísceras huecas, como el estómago, el intestino y la vejiga no tienen ese tipo de inervaciones en su interior. Por eso las vísceras no duelen desde adentro. Sin embargo todas poseen una cubierta exterior dotada de terminaciones susceptibles al dolor. Y cuando una lesión o la agresión alcanza la superficie de la viscera, entonces nos duele, y de ello nos enteramos de inmediato.
Lo mismo ocurre con las vísceras macizas (hígado, riñón o pulmón), con los huesos y con el cerebro. En estos órganos sólo puede haber dolor cuando la agresión alcanza a su recubrimiento.
Un compañero vital
¿Se puede vivir sin dolor? Sería imposible porque el dolor es necesario para la supervivencia.
De hecho, en algunas enfermedades -como la diabetes-, en las que llega a desaparecer la sensación dolorosa por afectación de las terminales nerviosas, el paciente puede desarrollar graves lesiones sin darse cuenta de ello, ya que es incapaz de percibir el dolor (puede herirse o estarse quemando y no notarlo).
Un infarto de miocardio también podría pasar desapercibido y acabar con la vida de una persona sin que llegue a enterarse.
El dolor nos acompaña durante toda la vida, de hecho las experiencias dolorosas forman parte del aprendizaje. Se trata de un proceso en el que el dolor actúa como maestro. Cuando un niño se quema con una llama, quedan conectados para siempre los circuitos de un estímulo desagradable, que hacen difícil que la experiencia vuelva a repetirse.
Es una manera muy eficaz de aprender a conocer y a relacionarnos con el mundo que nos rodea.
Las caras del dolor
La intensidad del dolor no se puede medir, pero se puede acudir a una escala arbitraria para ayudar al paciente a describir su dolor. Por ejemplo en una escala de 1 a 5, ¿cómo calificaría su dolor?
Sin embargo, al dolor se le pueden dar diferentes "apellidos" según sus características -se puede clasificar según la duración, la localización y la periodicidad...
Veamos los tipos de dolor.
Agudo o crónico
Si el dolor es intenso y tiene una duración corta, es agudo; si permanece mucho tiempo, es crónico. No existe una delimitación exacta para diferenciar el agudo del crónico, pero por lo general un dolor de horas o días se considera agudo, y si dura meses sería crónico. El primero suele ser más intenso y alarmante, mientras que el segundo pierde su `función de alarma' ya que el paciente se acostumbra a él de algún modo .
Sordo, pulsátil, lacerante
Los dolores no son todos iguales. A veces son continuos y opresivos (sordos).Otros se manifiestan como pulsátiles (los causados por la migraña), y los que surgen por la afectación de los nervios suelen ser lacerantes.
Continuo o intermitente
El dolor continuo tiene la misma intensidad todo el tiempo; el intermitente (también denominado cólico) aumenta y disminuye de intensidad.
Refractario
Es el que no responde al tratamiento habitual. En algunas ocasiones los calmantes no quitan el dolor, sólo disminuyen la intensidad. En otras, el analgésico quita el dolor pero éste vuelve al poco tiempo. Es el dolor refractario.
Somático o visceral
Somático es el dolor que afecta zonas muy superficiales y específicas, como es el caso de una quemadura o un golpe, que afectan músculos, tendones o huesos.
Visceral es el dolor que afecta a zonas profundas. Es difícil de localizar y puede reflejarse en tejidos alejados de donde se origina.
Neuropático
Causado por la alteración del sistema nervioso. Suele ser un dolor quemante y de gran intensidad. En este grupo se incluyen los calambres. Es muy resistente a los tratamientos y suele necesitar dosis altas, e incluso medicinas especiales, como las que se usan para los ataques epilépticos.
La localización
Comencemos con los dolores de cabeza, que tienen un sinfín de orígenes, ya que en esa zona existen muchas estructuras susceptibles de trasmitir dolor en caso de inflación o enfermedad -otitis, sinusitis, caries, glaucoma, neuralgias, tumores.
Pero de todos los dolores de cabeza, la cefalea (el dolor de cabeza común) y la migraña (un dolor de cabeza palpitante) ocupan un lugar especial, no por su gravedad sino por su frecuencia.
En lo que se refiere al tórax, las causas de dolor son también numerosas. Puede deberse a una distensión muscular o un golpe del que no nos dimos cuenta. O a procesos más graves, como una neumonía, que pueden también causar dolor en esta región.
Un infarto de miocardio puede producir en el torax una leve sensación dolorosa similar a una indigestión o comportarse como un dolor de gran intensidad que paraliza al paciente y trasmite una sensación de muerte inminente.
En el abdomen ocurre lo mismo. El dolor cólico de una diarrea puede llegar a ser muy intenso, y sin embargo un tumor intestinal es posible que no produzca ninguna sensación dolorosa -hasta cuando se ha convertido en un problema serio.
Los dolores articulares (artralgias) o musculares (mialgias) reflejan siempre inflamación en la zona donde se generan.
Armas para la defensa
Para el control del dolor se utiliza una estrategia denominada "escalera analgésica". Se trata de ir administrando medicamentos de menor a mayor potencia en función de la intensidad del dolor y del control que se va consiguiendo del mismo.
Debe darse la dosis máxima de un medicamento del escalón inferior, antes de pasar al siguiente.
Para anular o controlar el dolor se suben solamente tres peldaños o escalones de la "escalera analgésica". De esta manera:
1. Para el primer escalón están los llamados analgésicos "periféricos": aspirina (muy eficaz para los dolores óseos), paracetamol y otros antiinflamatorios.
2. Para el segundo escalón se usan los analgésicos "centrales", en este caso los "opioides débiles" (derivados de la morfina).
En estos dos primeros peldaños suelen controlarse la mayoría de los dolores.
3. Para el tercer escalón se utilian también los analgésicos "centrales", pero en este caso "opioides de alta potencia.
Fuera de esta serie existen medicamentos que actúan como "co-analgésicos". Son fármacos que potencian la acción de los calmantes, aunque su principal acción no es controlar del dolor. En este grupo se encuentran los corticoides, los anticonvulsivos o antiepilépticos y los antidepresivos. Son muy importantes para al control del dolor neuropático.
Finalmente
La mayoría de los dolores se tratan por vía oral, tanto en el caso del dolor agudo como en el crónico. Las vías intravenosas o intramusculares deben reservarse para el control de dolores agudos muy intensos que no respondan al tratamiento oral.
Casi todos los fármacos para el dolor vienen en presentaciones orales e intravenosas.
La aplicación tópica (pomadas de antiinflamatorios) sólo sirven para el control de dolores muy leves, de tipo articular.
También existen parches de morfina que se adhieren a la piel, desde donde la sustancia se va absorbiendo progresivamente.
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