Un corazón henchido de música
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Eusebio Ruvalcaba sostiene que nació en el corazón de la música, y es que sus padres eran músicos profesionales, que llenaban su casa de las notas fulgurantes de Bach, Beethoven y Mozart, incluso antes de que él naciera.
Es la música la que le permite a Ruvalcaba sentir que las cosas en el mundo no están tan podridas. Es cuando escucha "La Pasión de San Mateo" que el gozo toca su corazón y siente que no está solo en el mundo.
El nombre de su padre, el violinista Higinio Ruvalcaba, es mencionado por el escritor con profundo orgullo y es, a fin de cuentas, quien -junto a su madre- sembró en su espíritu el germen de su último libro.
"Al Servicio de la Música" es una reconciliación entre los dos mundos que habita Ruvalcaba: el construido con tinta, papel y sufrimiento; y el formado con sonido, armonía y dicha.
El escritor vuelve a Saltillo, a la Feria del Libro, para hablar de este trabajo narrativo, en el que desfilan Beethoven, Mendelsohn, José Revueltas y otros virtuosos con natural desenvoltura.
Quienes escuchan a Ruvalcaba sucumben a su buen humor y encanto, y él se marcha no sin antes enunciar sus principios, por los que mete las manos al fuego: "la música es jefa de jefas" y "un niño que escucha a Mozart desde chiquito va a ser menos desdichado en el futuro que un niño que nunca lo escuchó".
Usted dijo que su madre sostenía que la música más bella proviene del sufrimiento, -¿está usted de acuerdo con esta aseveración?-
"La verdad no. Yo creo que la música proviene de cualquier estado anímico. Pero gran parte de la música sí tiene el mejor caldo de cultivo en la desolación humana.
"Existen músicos que podemos mencionar ahora como Schubert y Schuman, cuya música más valiosa la compusieron bajo estados anímicos terribles. Pero no así Bach, por ejemplo, su música es inconmensurable en cuanto a su belleza. Bach no era un genio atormentado, era un empleado de la música y componía esta música no bajo estados de ánimo devastadores, sino porque tenía que componer música".
En el prólogo de su libro sostiene que los músicos y los escritores son distintos, -¿en qué estriban estas diferencias?-
"En que la música es un don que cae del cielo como una estrella fugaz que vemos pasar y el músico no tiene conciencia de eso, hace música con la misma naturalidad con que mira las estrellas. En cambio el escritor tiene conciencia clarísima de lo que está haciendo y escribe verdaderamente cuando la vida lo pone contra la pared.
"El músico no necesita estar contra la pared para hacer música, lo hace en modo espontáneo y natural. En cambio el escritor es como una conciencia crítica social, que vive en carne propia una serie de conflictos humanos".
Pero varios de los músicos que protagonizan sus relatos parecen estar contra la pared, a pesar de estas diferencias que enuncia...
"En este libro traté de captar algún momento crítico, no significa exactamente que el compositor `X' habría estado contra la pared, sino que hay momentos difíciles en la vida de cualquier persona.
"Mi idea fue aterrizar ese músico en algún momento especialmente duro, pero ese es un recurso narrativo para darle más realce a la personalidad del compositor".
Hablando de estos personajes, -¿cuál de los músicos que describe le parece que sí vivió una situación atormentada?-
"Me parece que Beethoven, creo que él sería el músico que más ha tenido qué vencer, que ha tenido que luchar más para mostrarnos su música imperecedera".
Schuman también parece pertenecer a esta clasificación...
"Bueno, naturalmente Schuman también podría ser, porque él especialmente era de naturaleza trágica y esto lo asumió hasta las últimas consecuencias".
-¿Por qué considera que la música es fuente de consuelo?-
"Pienso que la música es armonía. Hay muchos modos de crear armonía y la armonía, creo yo, de los grandes maestros es como el modo más perfecto de hacer que los sonidos tengan entre sí una relación enriquecedora.
"A un hombre que atraviesa periodos críticos de infelicidad, la armonía le proporciona esta especie de reconciliación con la vida porque entra por los oídos de manera natural, sin que exista ni siquiera una formación musical muy exacerbada. Al contrario de otras fuentes artísticas como la poesía, que necesita concentración y entendimiento".
-¿Qué otras diferencias encuentra entre la música y el resto de las artes?-
"Se me ocurre pensar que la poesía por ejemplo, o la literatura en general, exige por parte de la persona varias cosas: concentración, voluntad de entendimiento, conocimiento del lenguaje y tiempo.
"La música no exige nada para procurarnos esa sensación de dicha. Claro que la literatura puede darnos una sensación de dicha, luego de haber leído una novela de Víctor Hugo nos queda una satisfacción muy profunda de que ya conocemos mejor el lado humano. Esa sensación no nos queda cuando oímos música, esa sensación es exclusiva del ámbito literario, aunque tal vez también lo puedan lograr el cine o las pinturas de Rembrandt. Pero creo que la música entra con mayor naturalidad y satisface naturalmente nuestros apetitos de lo bello".