Merecido homenaje
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Ildefonso Dávila del Bosque falleció el pasado abril, pero su invaluable trabajo es recordado por colegas, amigos y familiares
El Archivo Municipal de Saltillo ofreció un homenaje póstumo a uno de los hombres que cambiaron la faz no sólo de esta institución, también de la ciudad.
Ildefonso Dávila del Bosque dedicó más de 25 años de su vida a la investigación, organización, catalogación y difusión de la memoria de Saltillo. Su carácter generoso y desprendido se tradujo en un legado histórico que igual aparece en libros, investigadores, historiadores y en la catalogación del acervo del Archivo Municipal.
El archivista e investigador murió el pasado 4 de abril en Zamora, Michoacán. Para recordar su memoria, familiares, amigos y colegas acudieron el pasado martes a las instalaciones del Archivo, en donde se develó una placa para reconocer su labor. Patricia Gutiérrez Manzur, directora del recinto, dijo que Ildefonso Dávila del Bosque fue uno de los primeros encargados de depurar, administrar y clasificar los acervos documentales de la región.
"En diciembre de 2003 el señor Dávila se jubiló, pero dejó un legado histórico que perdurará por generaciones: la catalogación de una gran parte del acervo histórico, el cual comprende desde el año 1578", señaló la funcionaria. Investigador incansable
Dos ex directores del Archivo, Martha Rodríguez García y Carlos Manuel Valdés, hablaron con los asistentes sobre el trabajo y la personalidad de Ildefonso Dávila.
Martha Rodríguez, quien trabajó con el homenajeado durante siete años, señaló que recién había cumplido 30 años cuando llegó a trabajar con el archivista, que ya contaba con 56 años. "Durante ese primer encuentro, a pesar de la diferencia de edad, de que yo sería su jefa y de que era mujer, el señor Dávila se entusiasmó inmediatamente por la idea que titulamos como proyecto de rescate, conservación, organización, catalogación y difusión del Archivo Municipal de Saltillo.
"En pocas palabras, lo que pretendíamos era la modernización del Archivo, es decir, transformar el concepto de archivo, de documento, de memoria y de historia. El cambio consistiría en sustituir la visión de documentos viejos y aburridos, arrumbados en una bodega, inaccesibles para los usuarios y la comunidad, y sin un quinto, en un acervo bien conservado, organizado, catalogado, accesible, abierto al público, con sentido para la comunidad que lo había generado; y por supuesto con personal profesional y presupuesto", recordó Rodríguez. Agregó que el archivista tenía una manera característica de trabajar los documentos.
"De manera minuciosa y atenta empezó a elaborar sus tarjetas, sus ficheros. Además de escribir síntesis inmejorables y extraordinarias.
"En resumen a elaborar un catálogo perfecto, todo ello con un claro propósito: difundir el archivo, darlo a conocer, abrirlo a la comunidad". Explicó que por años los archivos, además de verse como problema pues trataban información que en muchas ocasiones era necesario ocultar, se veían como fuentes de poder en donde los investigadores e historiadores de entonces se apropiaban del documento.
"Nada más opuesto a la idea del documento del señor Dávila, `el gordo' -como apodaban cariñosamente a Ildefonso Dávila- no se apoderaba de los documentos, ni de lo que decían, los estudiaba al revés y al derecho, los descubría, los interrogaba y los daba a conocer con una generosidad sin límites a los investigadores, a los usuarios, a la comunidad", consideró Rodríguez.
Por su parte, Carlos Manuel Valdés dijo que su paso por el Archivo Muncipal cambió su vida.
"En el Archivo me encontré con dos elementos que me parecen que fueron esenciales para trastocar mi vida: el enorme acervo documental y la amistad de don Ildefonso Dávila". El historiador atribuyó al homenajeado la existencia del libro "Esclavos Negros en Saltillo", que escribió hace varios años, cuando era director del Archivo. Con este texto, Valdés y Dávila alcanzaron una confianza mutua que explotaron en el futuro y que se traduciría en otros títulos. "El señor Dávila tenía algunas actitudes de una generosidad extraordinaria y de una modestia también muy natural, él no deseaba figurar".
El historiador recordó un viaje que ambos hicieron a España para presentar el catálogo "Fuentes para la Historia de Coahuila", en el que Dávila orientó sobre varios temas a los historiadores españoles que estudiaban la historia mexicana. "No era necesaria su modestia, su humildad, puesto que le brincaba el conocimiento".
El catedrático de la UAdeC calificó a Dávila como un "hombre inteligente, muy capaz, notable" y "muy dicharachero". Agregó que el archivista escribió dos libros individuales, "Los Cabildos de San Esteban de la Nueva Tlaxcala" y "Los Trenes de Saltillo", así como siete libros en coautoría. Finalmente, el historiador dijo que Dávila colaboró con otros archivos, como el Archivo del Estado y los de otros municipios del norte de Coahuila.
La ceremonia concluyó con la develación de la placa que conmemora el trabajo de Ildefonso Dávila del B0sque en el Archivo Municipal.