San Nicolás llega a una Holanda dividida
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El malestar que genera la representación del ayudante del santo también está empezando a crecer en los Países Bajos.
Ámsterdam, Holanda.- La pequeña Laura aguarda emocionada su turno. "Mamá, mira, Pedro el Negro", dice la pequeña de siete años señalando, en un supermercado de Ámsterdam, al hombre enfundado en unos pantalones lila, en la cabeza un sombrero adornado con una pluma, los labios pintados de rojo chillón y el rostro maquillado de negro.
El ayudante de San Nicolás rebusca en su enorme saco y entrega a Laura y a su hermana Sofía un par de dulces navideños. Las dos niñas sonríen felices y le dan las gracias: "Dankejewel, Zwarte Piet!" Su madre, Emmy, sonríe y acaricia la rubia melena de sus hijas. "Venga, que tenemos que hacer la compra".
Las dos hermanas apenas pueden esperar a mañana. "Sólo una noche más", dice la pequeña Sophie, de cinco años, pensando en la tradicional "Pakjesavond", cuando San Nicolás y sus divertidos ayudantes, los Zwarte Pieten (Pedro el Negro), repartirán los regalos a los niños holandeses. Sin embargo, la polémica racista ha aguado la fiesta a muchos adultos que, como Emma, no están del todo convencidos con el estereotipo del personaje.
Y es que la fiesta de Sinterklaas, como se conoce al santo en los Países Bajos, lleva meses en el punto de mira debido a los ayudantes del legendario obispo de barba blanca y túnica roja que, según la tradición, llega en barco desde España. Para algunos holandeses, el personaje de Pedro el Negro es un símbolo racista, pues su vestimenta de paje moro recuerda a los oscuros tiempos de la esclavitud. Pero la mayor parte del país no quiere oír hablar de eso: San Nicolás es una inocente fiesta infantil, afirman. "Qué se le va a hacer, Pedro es negro", dijo el primer ministro, Mark Rutte.
La polémica, que viene de lejos, nunca había sido tan acalorada como este año. Hace tres semanas, la policía detuvo a 90 manifestantes -de ambas posiciones- con motivo de la llegada de San Nicolás a Gouda, la ciudad del famoso queso homónimo. Como medida preventiva, en Ámsterdam se desplegaron las fuerzas móviles de la policía. "Como si fuera una manifestación del EI", criticaba un señor ya entrado en años, haciendo referencia a la milicia terrorista Estado Islámico.
Los ánimos están tensos. La destacada cineasta Sunny Bergman fue tildada de "traidora" por filmar un documental sobre el racismo en Holanda y tomar como ejemplo al Zwarte Piet. Bergman se vistió con el tradicional atuendo del paje y se paseó por las calles de Londres. "Tuve que explicar una y otra vez a la gente que se sentía espantada que se trata de una traición holandesa", cuenta la cineasta en el largometraje que fue emitido en televisión.
El malestar que genera la representación del ayudante del santo también está empezando a crecer en los Países Bajos. Y eso se nota en las agencias que proporcionan San Nicolases y Pedros el Negro para fiestas populares y privadas: por primera vez, la Central de Sinterklaas en Ámsterdam sufre escasez de pajes. "Debido a la polémica, nadie quiere disfrazarse de Pedro", lamenta Henk van der Kroon, que lleva 50 años ayudando a San Nicolás.
Algunos de sus clientes, cuenta el director de la mayor agencia especializada del país, solicitan ahora Pedros el Negro con el rostro pintado de distintos colores. Pero no es tan fácil: "Maquillarlos y desmaquillarlos entre cada aparición lleva demasiado tiempo", explica. Con todo, cada vez más comercios, escuelas y bares adornan sus escaparates con Pedros que ya no son negros. Y esto es algo que horroriza a los más puristas.
Quienes se muestran más pragmáticos son los niños. "No puede haber Zwarte Pieten rojos, porque al meterse por las chimeneas, se tiñen de negro", afirma la pequeña Laura. Su hermanita contempla mientras tanto la decoración del supermercado, con sonrientes Pedros de rostros naranjas y azules. "Pero sí son Zwarte Pieten", protesta. "Llevan una pluma en el sombrero".
Por Pedro el Negro Por Annette Birschel/DPA