Guerreros de terracota, un viaje a la esencia de China

Circulo de Oro 2021
/ 25 junio 2011

Estuvieron 22 siglos ocultos bajo tierra y hace sólo 37 años que sabemos de su existencia.

Madrid, España.- Los guerreros de terracota de Xian simbolizan como pocas cosas la identidad nacional china, un pueblo numeroso como ninguno, pero enraizado y unido por una cultura de cinco mil años que pervive y sigue evolucionando en nuestros días.

Sin embargo, los miles de guerreros de arcilla cocida, así como los caballos y también algunos sirvientes, funcionarios e incluso misteriosos forzudos y supuestos "acróbatas" que han sido desenterrados en estas menos de cuatro décadas, no suponen más que una pequeña muestra de todo lo que queda bajo tierra. Hoy siguen excavándose decenas de miles de metros cuadrados de forma lenta y laboriosa.

La gran mayoría de lo que queda por desenterrar tendrá que esperar aún bajo el suelo durante generaciones, hasta que la tecnología pueda garantizar el rescate y la preservación de cada detalle, de cada resto de policromía, de cada huella de la historia que la tierra lleva tantos siglos protegiendo del aire y del desgaste del tiempo.

Con todo, lo que se ha encontrado hasta ahora permite imaginar, tanto la brutalidad como el rico desarrollo cultural y tecnológico de la civilización china en el momento de su orígen político, cuando la República de Roma aún no era un imperio.

UN UNICO IMPERIO

Contemplar de cerca el vasto campamento militar de terracota, concebido, preparado y enterrado en aquella época, es como un viaje en el tiempo y sin escalas al corazón de la civilización china, al momento exacto, en el siglo III antes de Cristo, en que la megalomanía de un tirano excepcional unificó por las armas a los seis reinos chinos de la época para formar, por primera vez, un imperio, que uniría bajo su mando a todos los pueblos civilizados bajo el cielo.

Ese primer emperador de China y fundador de la breve dinastía Qin (221 a.C.-206 a.C.), que apenas perduró tras su muerte en el 210 a.C., era Ying Zheng, el monarca del reino Qin, uno de los llamados seis reinos combatientes que unificó bajo su mando en 221 a.C., por lo que fue conocido póstumamente como Qin Shihuangdi (literalmente, el "Primer Soberano Imperial", abreviado como Qin Shihuang).

Las esculturas de terracota pertenecen a su mausoelo y, aunque han perdido sus colores, todas tienen rasgos individuales diferenciados y miden de media unos 1,8 metros de alto, un tamaño probablemente superior al natural para la época, ya que forman parte de un intento inimaginable por reproducir con arcilla una copia detallada y exhaustiva del mundo para acompañar al emperador en la otra vida.

"Los generales (de los que se han desenterrado ocho hasta la fecha) se modelaron a partir de dibujos que los retrataban, pero para la tropa, los artesanos se tomaban probablemente unos a otros como modelo", explicó a Efe, a pocos metros de la parte de la fosa número uno de las excavaciones, donde fueron descubiertos los guerreros en 1974, el guía turístico oficial Liang Duyun, una de las personas que más a menudo visita la zona, hasta tres o cuatro veces por semana, por su trabajo en la Agencia de Viajes Internacional de China (CITS, en inglés) de Xian.

Qin Shihuang "quería llevarse el mundo entero (al más allá), quería imitar toda la vida, todo el mundo", señala Liang, por lo que se han encontrado también figuras de terracota de trabajadores, sirvientes y funcionarios, mientras sigue sin excavarse toda la superficie que hay entre la parte del mausoleo donde están los guerreros y la propia tumba del emperador, bajo una colina aún distinguible hoy, a un kilómetro y medio de distancia.

UN ESTRICTO EMPERADOR

Para entender la magnitud y la ambición del mausoleo, de 56 kilómetros cuadrados y que imitaba la estructura de doble muralla concéntrica de la entonces capital, Xianyang, delante del cual, hacia el este, se extiende en formación el ejército de terracota que protege la tumba real, hay que tener en cuenta el genio militar y el reinado sin escrúpulos del soberano, que impuso leyes muy estrictas y una veintena de penas de muerte diferentes para distintos delitos, entre ellos el de expresar opiniones contrarias a la suya, lo que se castigaba con el exterminio del ofensor y de toda su familia.

Shihuangdi reprimió el confucianismo, llegó a enterrar vivos a 460 intelectuales por hablar de sus ritos y estudios, hizo quemar los libros que no fueran de medicina, leyes, adivinación o agricultura, se obsesionó con encontrar un elixir de la inmortalidad, prohibió que se pronunciase en su presencia la palabra "muerte" y vivió en el lujo mientras sometía a su pueblo a numerosas tareas titánicas.

Hasta el punto de que, durante su reinado, uno de cada diez chinos estaba trabajando en uno de sus grandes proyectos megalómanos, desde la primera Gran Muralla al palacio de A'fang, en la capital, que imitaba los de los cinco reinos chinos recién conquistados, o su propio mausoleo, rodeado de túneles repletos de figuras de terracota, en el que trabajaron más de 700.000 personas durante unos 38 años.

Finalmente, tras su muerte en 210 a.C., su hijo y sucesor, Hu Hai, conocido después como Er Shihuangdi (el "Segundo Soberano Imperial"), tuvo que afrontar las consecuencias: la rebelión de los reinos sometidos y revueltas campesinas que acabaron momentáneamente con el imperio y con la dinastía, pero también con los túneles de los guerreros de terracota, que fueron asaltados para quitarles las armas (reales) que portaban, y que acabaron incendiados.

Mientras, se llevaba a cabo la destrucción de Xianyang, cuyos palacios, según las crónicas históricas, eran tan vastos que estuvieron ardiendo durante un mes. Poco después la vencedora dinastía Han (206 a.C.-220) levantaría a una treintena de kilómetros su nueva capital, Changan (la actual Xian), e impregnada de la misma cultura y tradiciones de los Qin, enterró mausoleos con sus propias figuras de terracota, pero ya de manera simbólica, con menor ambición, detallismo, tamaño delas esculturas, ahora idénticas entre sí, y menores proporciones.

ACCIDENTAL DESCUBRIMIENTO

El mausoleo de Qin Shihuang cayó en el olvido, y durante 2.180 años los túneles quemados y medio derruidos, con muchos de sus miles de soldados de terracota rotos en pedazos, permanecieron enterrados hasta su descubrimiento accidental en 1974.

Su existencia tampoco era un secreto absoluto, como apunta el historiador John Man en su libro "El ejército de terracota", ya que hubo enterramientos en la zona durante los últimos siglos, y forzosamente tuvo que haber gente local, en distintas épocas, que supiera que allí había "algo", aunque probablemente guardaban el secreto por superstición.

Cuando se hizo público el descubrimiento, a mediados de los setenta, y los expertos pudieron comprender lo que estaban encontrando, se sorprendieron de la fidelidad de las fuentes antiguas.

La rebelión del 206 a.C. había interrumpido para siempre las obras del mausoleo (de hecho la fosa número cuatro descubierta junto a las tres primeras está vacía, construida pero sin guerreros), por lo que China olvidó su existencia hasta que la recogió, cerca de un siglo después, el gran historiador clásico chino, Sima Qian (c. 145 a.C.-86 a.C.), cuya veracidad maravilla aún hoy a los especialistas.

"La distribución del ejército (de terracota) es igual que decía Sima Qian: la vanguardia, con las primeras tres filas de soldados, sin casco ni coraza; en el centro, el cuerpo principal, mirando hacia el este; a los lados una línea de soldados que mira hacia el sur y otra que mira hacia el norte, los flancos, y otra de retaguardia", con sus carros de madera, hoy fosilizada, para los oficiales y su propia guardia especial, y con armas reales de madera y bronce que había con ellos, de las que también se encontraron restos, indica Liang.

Incluso aparece ese misterioso grupo de soldados sin casco ni coraza, propios de una excepción única en la historia china, que fomentó Qin Shihuang para envalentonar a sus tropas: "En épocas anteriores o posteriores habría sido imposible, pero él permitió que los soldados pudiesen ascender de rango por sus méritos militares, por lo que muchos iban a la guerra sin casco, para poder ser premiados y medrar en la vida".

MOMENTO HISTORICO CLAVE

De la impresionante fosa número uno, la primera en ser descubierta y la más grande e importante hallada por ahora, se han sacado y restaurado más de 1,000 guerreros, aunque se estima que en sus túneles de tierra apisonada y suelo de ladrillo, cubiertos en la época por un techo de madera impermeabilizado con arcilla y enterrado bajo dos metros de tierra, hay al menos unos 6.000, que van saliendo a la luz lentamente, en un laborioso esfuerzo de recuperación, que en 2010 valió a los arqueólogos chinos del mausoleo el premio español Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales.

Los ecos de aquel momento histórico clave para la nación china perviven en cada detalle de cada figura, rescatada del tiempo, que podemos contemplar hoy, gracias a una sequía de 1974 y a un grupo de campesinos que cavaron un pozo justo sobre la esquina sureste de la fosa, a pocos metros del borde, en plena Revolución Cultural china.

Probablemente, lo que vemos hoy no sea más que un pequeño anticipo de las maravillas que esperan a los arqueólogos de mañana, cuando se adentren en esa tumba imperial, bajo la pirámide de tierra que todavía se distingue bajo la vegetación, cerca del pueblo de Lintong, donde están los guerreros, y cuyo interior Sima Qian describía como un sarcófago rodeado de ríos de mercurio e incontables tesoros.

Sin embargo, somos una generación afortunada y podemos disfrutar al menos del impresionante legado artístico e histórico que ya ha salido a la luz, que capta a la vez la esencia de su tiempo y el espíritu de la nación china, y que ha permanecido casi intacto todo este tiempo, desde la rebelión que casi los destruye, dos siglos antes de Cristo, prácticamente hasta nuestros días.

DESTACADOS:

* los miles de guerreros de arcilla cocida, así como los caballos y también algunos sirvientes, funcionarios e incluso misteriosos forzudos y supuestos "acróbatas" que han sido desenterrados en Xian en estas décadas, no suponen más que una pequeña muestra de todo lo que queda bajo tierra.

* La gran mayoría de lo que queda por desenterrar tendrá que esperar aún bajo el suelo durante generaciones.

* Contemplar de cerca el vasto campamento militar de terracota es como un viaje en el tiempo y sin escalas al corazón de la civilización china, al momento exacto, en el siglo III antes de Cristo.

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