Trueque en el mundo del arte: Comprar arte sin dinero

Circulo de Oro 2021
/ 30 julio 2011

Ya no hay que pagar altas sumas de dinero para conseguir una obra de un artista consagrado, ahora basta con echarle mucha imaginación. Con esta filosofía nació hace dos años Art Barter, que ya ha recorrido Londres, Nueva York y Madrid

México, DF. Un fin de semana en un castillo escocés, clases de idiomas, un paseo a caballo por la playa, una cena con amigos en un restaurante de lujo, clases de yoga o el diseño de una página web, cualquier cosa se puede ofrecer, excepto dinero, para conseguir una obra de arte en Art Barter.

La iniciativa de venta de arte por trueque es de la organización británica Art Barter, que ha puesto en marcha este proyecto multidisciplinar, innovador y de carácter social, cuyo objetivo es promover el desarrollo de artistas y el arte contemporáneo en general, fomentando la interacción y el intercambio entre artistas y público.

Londres, Nueva York, Berlín y Madrid han sido sedes de esta exposición en la que el público no conoce a qué
artista pertenece cada obra hasta su clausura. Esta fórmula permite que impere el gusto del visitante frente a la valoración de las piezas por su autor o por el precio de las mismas.

Obras de artistas con reconocimiento internacional se exhiben junto a la de creadores menos conocidos o desconocidos totalmente, lo que conlleva un mayor esfuerzo por parte del espectador que debe valorar las obras y fiarse de su propio criterio.

En esta relación directa entre artista y "comprador", al finalizar la exposición los creadores deben elegir entre las propuestas seductoras que los interesados en su obra han colgado en un gran panel para dar su creación a cambio.

En la Art Barter celebrada recientemente en Madrid en el marco del Festival de arte música y tendencias Dcode, cotizados artistas españoles como Miquel Barceló, Angela de la Cruz, Ouka Leele, Javier Mariscal, Eulália Valldosera o Eugenio Merino ofertaron sus obras junto a las de creadores noveles.

De esta forma se apuesta por promover un trabajo artístico de manera accesible a todos los bolsillos y libre de las exigencias comerciales. No importan los precios. La exposición atiende a los gustos y a los
intereses.

Además, este sistema de trueque permite romper la apática relación entre artista y espectador que se rige casi exclusivamente por los intereses del mercado artístico actual, y devuelve al arte su capacidad de comunicación y su carácter global y universal.

Sorpresas agradables

La búsqueda de sorpresas y el misterio han sido razones que han movido a la artista Ouka Leele a participar con sus fotografías en este proyecto que para ella es innovador,
atractivo y diferente.

La relación se inicia cuando el visitante a la exposición cuelga sus ofertas o pujas en un corcho a la entrada de la exposición que se encuentra a la vista del público. Al final del evento cada artista recibe todas las ofertas hechas por su obra y decide si desea o no el trueque ofrecido. En ese momento, se da a conocer la
autoría de las obras.

La iniciativa surgió en 2009 de la mano de dos empresas afincadas en Londres, ciudad donde tuvo lugar la primera edición de tan peculiar subasta. Con gran éxito de público, alguno de los trueques fueron los Tracy Emin, una de las artistas británicas más reconocidas dentro de los YBA (Jóvenes Artistas Británicos), que cambió su obra por 30 horas de clase de francés, mientras que el americano Jason Dodge se decantó por una semana en un castillo escocés.

En la Art Barter celebrada en Nueva York, el fotógrafo danés Asger Carlson eligió la puja "mi primer hijo". La oferta resultó ser de su novia. Otro trueque curioso lo protagonizó el inglés Noriaki Hartori que cedió uno de sus trabajos a cambio de un coche a control remoto de un niño de 7 años.

En la edición de Madrid de este festival de arte que no se compra con dinero, más de 3 mil personas visitaron la exposición para disfrutar y divertirse con una original cita en la que todo valía menos el dinero.

Para las 30 obras exhibidas en la muestra, y que se ofrecían para un trueque, se contabilizaron más de mil 500 ofertas curiosas, surrealistas y muy atractivas: desde estancias en mansiones de lujo hasta antiguos flotadores pasando por cursos de idiomas o un papel en un musical.

El intercambio en la historia del arte no es algo nuevo, al contrario, ha tenido un papel protagonista. No hay que olvidar que Picasso y Modigliani cambiaba sus dibujos por comida; hoteles como el Chelsea en Nueva York hospedaban a artistas quedándose con sus obras como forma de pago y Andy Warhol cambiaba una obra por una videocámara.

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