Secesión vienesa en el ojo del huracán por mostrar el sexo como arte
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"El beso" refleja la esencia de lo que predicó el grupo de artistas en torno a Klimt (1862-1918), quien pese a las duras críticas de la aristocracia conservadora, fue recibido con gran entusiasmo para convertirse en uno de los símbolos de la Secesión y de la Viena de principios de siglo.
Viena, Austria.- Gustav Klimt, primer director de la modernista Secesión, gustaba del escándalo y de la provocación con sus obras pictóricas, un legado que ahora ha retomado un provocador artista para instalar un centro erótico en este histórico museo, que ha provocado las iras de los vieneses.
Quién habría pensado que "El beso" (1907-08), uno de los cuadros más emblemáticos de esta corriente artística, que se expandió por Europa a principios del siglo XX, se reproduciría de manera tan física cien años más tarde en esos casi sagrados recintos.
"El beso" refleja la esencia de lo que predicó el grupo de artistas en torno a Klimt (1862-1918), quien pese a las duras críticas de la aristocracia conservadora, fue recibido con gran entusiasmo para convertirse en uno de los símbolos de la Secesión y de la Viena de principios de siglo.
Ahora, las llamadas "curvas orgánicas y sinuosas" de carne y hueso que caracterizaron el "art nouveau" de entonces en artes gráficas, arquitectura, y diseño de muebles y joyas, pueden ser observadas hasta el 18 de abril por quienes acudan al espectáculo "Swingerklub", del creador suizo Christoph Büchel.
Aquí, las curvas humanas son al desnudo o semidesnudo. Son los propios visitantes, más algunos actores contratados, quienes se encargan de posar y pasearse por el sótano de la Secesión, adaptado con el fin de dar gozo y placer visual y físico al público por una entrada de hasta 42 euros.
Cada día a las 21.00 horas comienza el espectáculo que dura hasta bien entrada la madrugada, con la prohibición de filmar o fotografiar como medida estricta para proteger al público-actor, y es posible visitar los aposentos mientras se efectúan las reparaciones de los desarreglos de la noche.
Tanto parejas como clientes individuales disponen desde un salón sadomasoquista, sauna, duchas, proyecciones de películas eróticas en la paredes de habitaciones con colchones pensados para juegos eróticos hasta la barra fija de "strip-tease" y cuartos oscuros para dar rienda suelta a la fantasía, además de una pista de baile.
Las escenas de sexo no solo han sido recogidas por la prensa sensacionalista austríaca y de otros países vecinos, sino que han levantado las protestas ciudadanas en Viena, porque los menos proclives a estas prácticas las consideran indignas y un despilfarro, ya que el museo recibe subvenciones oficiales.
Un hombre de unos 35 años se pasea por los recintos vestido solo con calcetines y zapatos negros, aparte de unas gafas, sin que el público se inmute, mientras en uno de los reservados dos parejas se lanzan a los placeres de la carne y son objeto de las miradas de una decena de curiosos que miran por las rendijas de las cortinas sin que los autores del número se sientan molestos.
Por el contrario, los mirones parecen espolear a las dos parejas, que entran en calor con unos juegos que habrían hecho todos los honores a la fantasía erótica de Klimt, autor de "El friso de Beethoven", que cuelga a pocos metros de la recién consumada escena sexual.
En otro salón adyacente una veintena de clientes, en su mayoría hombres, pero también varias mujeres, esperan que empiece la sesión sadomasoquista, pero para abrir el apetito una pareja entrada en años y carnes se manosea mutuamente las partes íntimas sin ningún rubor ante dos decenas de curiosos.
Las reacciones más críticas con este espectáculo, cuya parte "técnica" fue encargada por la dirección de la Secesión a un club vienés especializado en intercambio de parejas, solicitan cerrarlo de inmediato, ante todo políticos conservadores del Partido Popular Austríaco (ÖVP), socio de los socialistas en la coalición de Gobierno y del ultraconservador Partido Liberal Democrático (FPÖE).
La gerente del club, Gabi Högler, se ha mostrado sorprendida del éxito y del barullo generados por las actos eróticos desarrollados en un templo consagrado hasta ahora a un arte más tradicional, pero que en sus albores también hizo furor entre los vieneses más transgresores.
"Fue un reto combinar el arte y el museo. Nos interesó y nos sentimos halagados de que un artista tan renombrado (como el suizo Büchel) nos pidiera" participar en la realización del proyecto, declaró Högler al diario sensacionalista "Österreich", que ha dedicado varias portadas a "las orgías en el museo".
Eso sí, una cosa ha logrado ya: un interés nacional e internacional, no visto en décadas por la Secesión, que ofrece constantemente exposiciones.
"Es una de las cosas a las que aspiraba el artista", confirmó a Efe Urte Schmitt-Ulms, portavoz del museo.