Manos que restauran el arte sacro del país
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Expertos del INAH rescatan obras dañadas que llegan con problemas como fracturas o ataques de hongos
México, D.F..- Llegó con un severo ataque de hongos, con graves fracturas en todo el cuerpo y su recuperación se ponía en duda, ahora tiene su propia capilla y es venerado por quienes querían tirarlo a la basura o quemarlo.
Esta escultura del siglo XVII que representa a un cristo, perteneciente a la iglesia de la comunidad de San Miguel Cerezo, Hidalgo, fue rescatado y restaurado por Fanny Unikel Santoncin, restaurador perito del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
"Una escultura que ya iba a desecharse, que no sabían qué hacer con ella, ahora hasta ya tiene su capilla y nombre", menciona Fanny Unikel, sentada en el taller de escultura policromada de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía.
En este taller, que se asemeja a un quirófano, esperan también ser atendidos la figura de un San Pantaleón del siglo XVIII rescatado de las bodegas de la catedral de Puebla, así como una escultura de San José, de Parral, Chihuahua.
"Somos un poco los médicos del patrimonio cultural", dice Yolanda Madrid Alanis, también restauradora y profesora de la institución.
La intervención de una imagen religiosa es similar a lo que hace un médico. "Levantamos una ficha técnica, se estudia antes de decir qué es lo que tiene la pieza y finalmente damos una propuesta de tratamiento", explica la profesora del Seminario Taller de restauración de pintura de caballete.
Al igual que en una intervención quirúrgica, la restauración no es un acto en donde se permiten equivocaciones.
"No es únicamente la responsabilidad ante la institución que atiende el patrimonio cultural de la nación sino que en sí mismo la restauración tiene una serie de implicaciones", señala Unikel Santoncini.
Esas implicaciones van desde el respeto por la devoción que la comunidad tiene al santo, hasta la paciencia por el trabajo minucioso al que deben ser sometidas las piezas.
Convivencia con los santos
Por los laboratorios de este edificio de ladrillos, ubicado al sur de la ciudad, han pasado esculturas, óleos, crucifijos y vírgenes. Destacan entre ellos los Cristos crucificados y las vírgenes.
"Cada año tengo una virgen de Guadalupe", destaca Madrid Alanis, profesora del seminario taller de restauración de pintura de caballete, quien cuenta que cada año el grupo a su cargo tiene una tradición: "como cada año hay una virgen de Guadalupe siempre le hacemos su fiesta, el 12 de diciembre traemos tamales y flores porque sabemos lo que implica para mucha gente la veneración a la virgen de Guadalupe".
Unikel Santoncini añade por su parte que en el taller de escultura policromada que encabeza lo que más abunda son los cristos crucificados.
"Esta es la primera vez en muchos años que no tengo un crucificado pero él (señala a una escultura del Cristo del Santo Entierro de Ozumba que yace sobre una mesa) se crucifica, puede estar en posición de cristo muerto y como Jesús crucificado, así que ya tengo al crucificado del año", dice.
Pero ante todo, explican las restauradoras, lo principal es el respeto a estas figuras que para algunas comunidades es el centro de su fe.
"Debemos tener respeto, no sólo a la materia sino a lo que la figura implica históricamente para la comunidad de la que viene", comenta.
"Hay cofradías o comunidades dónde sólo las señoritas pueden tocar a la virgen y aquí hay chicos... lo mismo pasa con los cristos, que sólo pueden tocarlo los hombres", indican.
Otra de las modalidades de trabajo es trasladarse a la comunidad, lo cual también implica respetar sus costumbres.
"Me ha tocado decirles a las chicas: `vengan y desvistan a la virgen'. Siempre tratamos de no interferir en las creencias por el arraigo es tan fuerte", indica Madrid Alanis.
"Estas situaciones en las comunidades te piden actuar con respeto ante el objeto venerado y con ello logras también atenderlo en sus necesidades materiales", destaca Unikel Santoncini.
Labores de sensibilización
Ir a una comunidad y hacer que comprendan la importancia de salvaguardar su patrimonio es un reto. "Acudimos a un lugar a partir de una solicitud y muchas veces no toda la comunidad está de acuerdo con que se restauren sus santos", dice Madrid Alanis.
Por eso se busca sensibilizar a la comunidad con programas de difusión, como anuncios en periódicos murales y hasta en las pláticas durante misa.
"A veces hemos estado todo un domingo en la comunidad, y terminando la misa hablamos con las personas, les explicamos la importancia de la restauración de su patrimonio, lo que vale históricamente, artísticamente y hasta monetariamente", menciona Yolanda Madrid Alanis.
Liliana Giorguli Chávez, directora de la institución, destaca por su parte que algo fundamental es hacer a la comunidad corresponsables de la protección de su patrimonio.
"Aquí podemos invertirle mucho tiempo, a veces años de restauración, pero si cuando se regresa al sitio no la tienen en las condiciones adecuadas o no la tratan con la protección o el cuidado que se necesita pues en poco tiempo estará igual o peor", dice.
De la reparación a la restauración
Como un enfermo que no acude al especialista y que a la larga su padecimiento le traerá consecuencias, la diferencia entre reparar una pieza y restaurarla es abismal.
"Cuando hablamos a la gente de restauración piensan que es muy caro y lo primero que preguntan son los precios para comparar con lo que les cobra otro restaurador (santero), no está certificado", dice Unikel Santoncin.
No es que hagan mal su trabajo, explica, sino que su idea de restauración es diferente, se trata más bien de una "reparación".
"Las piezas quedan casi siempre como muñecos y la mayor parte de las veces se vuelve una pérdida total de la obra".
Pero los esfuerzos tienen sus recompensas. "La mejor parte de la historia es la reacción de la comunidad al ver a su santo de regreso y restaurado", coinciden las profesoras.
"Al restaurar te enfrentas a diversas problemáticas -cuenta Yolanda Madrid Alanis- pero después de que has sudado para resolverlos, la mayor gratificación es ver cómo la gente se muestra completamente agradecida por lo que se hace por su comunidad.
"Ver resultados de lo que uno hace por años es maravilloso", añade Fanny Unikel Santoncin.
"Pacientes en la sala de urgencia"
* San Pataleón. Fue rescatado de las bodegas de la catedral de Puebla. La escultura lleva como reliquia en su pecho un pedazo de hueso del santo
* San Nicolás Tolentino. Es una imagen del siglo XVIII, proveniente de la comunidad de Jonacatepec, Morelos
* San José. Fue reemplazada por una nueva y olvidada en el bodegón de la catedral de Parral Chihuahua. Ahora es otra de las piezas que esperan "cirugía"
* Cristo del Santo Entierro. Esta representación de Jesús crucificado es propiedad de la catedral del municipio de Ozumba, estado de México
INAH: Más de 2 mil piezas robadas entre 1997 y 2010
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) deberá entregar una descripción detallada de las piezas arqueológicas e históricas que fueron robadas desde 1997 y hasta 2010 así como el lugar y la fecha en que éstas fueron hurtadas.
El INAH dio a conocer que de 1997 a 2010 se robaron más de 2 mil 655 objetos de sitios religiosos o de museos que datan de siglos anteriores al XIX, a través de una solicitud de información por medio de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información.
Jacqueline Peschard Mariscal, comisionada presidenta del IFAI, precisó que estos datos deben ser entregados por el Instituto ya que no pone en riesgo las investigaciones iniciadas en contra de los posibles ladrones, argumento que presentó el INAH para no entregar el reporte completo.
En los datos estadísticos proporcionados por el Instituto se puede conocer que el total de robos, de 1997 a 2010, fue de 481; mientras que las piezas robadas fueron 2 mil 655.
Esta cifra está dividida en el número de piezas arqueológicas robadas, que dio un total de mil 420 piezas, mientras que las piezas catalogadas como "históricas" fueron mil 235.
El 2007 fue el año que más robos registró: mil 60 piezas arqueológicas sustraídas de su lugar de origen.
Un ciudadano pidió conocer la descripción del objeto, año y lugar de su sustracción y si fue hallado o hubo responsables detenidos. Esta información no fue proporcionada por el Instituto, por ello el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) decidió, tras un análisis del caso, entregar algunos detalles solicitados.
El 27 de julio de 2010 el INAH informó de la más grande recuperación de bienes culturales que habían sido sustraídos ilegalmente de iglesias y sitios arqueológicos. Fueron 14 obras virreinales de arte sacro y 144 piezas prehispánicas originales, más 36 falsas.
Según el INAH, el resto de la información solicitada forma parte de averiguaciones previas y el divulgarla "traería como consecuencia el entorpecimiento en la integración de las indagatorias". El artículo 16 del Código Federal de Procedimientos Penales dice: "la averiguación previa así como todos los documentos, independientemente de su contenido o naturaleza, son estrictamente reservados".