Jordania y sus paisajes tocados por Dios
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<p>El Reino Hachemita te cautiva con la abrumadora belleza desértica del Valle de la Luna, la legendaria Petra y los poderes rejuvenecedores del mar Muerto</p>
Jordania es uno de los destinos más cotizados en el Oriente Medio. Su riqueza natural y cultural atrae a viajaros en busca de placer y aventura. Gracias a su variada geografía es posible flotar en el mar más salado del planeta, descubrir la antigua capital del pueblo Nabateo y dormir bajo las estrellas en el desierto en tan sólo una semana.
Amman, su capital, es una ciudad moderna y cosmopolita. Sus calles cobijan galerías, cafés, restaurantes y cabarets "para caballeros", donde burbujas de Moet Chandon, cantantes de boleros árabe y muchachas -en su mayoría provenientes de países europeos- entretienen a la alta sociedad. Estos establecimientos no tienen nombre y es necesario amistar con un local para tener el privilegio de ser admitido. La idea de encontrar un nuevo amigo en menos de 24 horas no es descabellada; los jordanos son gente hospitalaria y es fácil encontrarse, sin mayor protocolo, tomando té con los dueños de una tienda de antigüedades o viajando rumbo a un bar de narguile (pipa de agua) en una camioneta con un grupo de jordanos tarareando canciones de Rhianna o Jay Z. El truco es seguir el instinto, sonreír y aceptar altas dosis de té sumamente azucarado.
Amman sirve de base para descubrir el resto del país y en carro se puede llegar fácilmente a todos los destinos importantes: Wadi Rum (cuatro horas), Petra (tres horas) y el mar Muerto (una hora y media).
Antes de abandonar Amman no dejes de probar los famosos dulces de miel, pistacho y hojaldre de la legendaria tienda Habbibah, ubicada en el centro. Deja que tu olfato te guíe y no te intimides por la cola afuera del local: avanza rápido y sus baklavas valen la pena la espera.
También es altamente recomendable ver el atardecer desde el mirador de la Citadel. Presta atención durante el llamado del muecín cuando la ciudad, tendida a sus pies, se convierte en una inolvidable impresión acústica.
El desierto del Valle de la Luna
Si el presupuesto lo permite vale la pena alquilar un carro o un servicio de taxi privado, pues el transporte público en Jordania tiene rasgos bipolares y nunca se sabe con exactitud sus horarios y rutas. El conductor y guía Omran Brkawi (omran_brkawi@yahoo.com) conoce el país como la palma de su mano y te llevará por caminos que no salen en mapas ni guías turísticas.
La primera parada es Wadi Rum, también conocido como el Valle de la Luna. El militar británico T. E. Lawrence inmortalizó este desierto en su libro Los siete pilares de la sabiduría, en el que relata sus experiencias durante la Revuelta Arabe en la Primera Guerra Mundial, y describe el valle como un lugar "inmenso, solitario, como tocado por la mano de Dios". En 1962 el texto fue adaptado a un guión cine, y David Lean dirigió la película Lawrence de Arabia, que terminó siendo ganadora de siete premios Oscar. Si estás interesado en seguir los pasos de Lawrence, la agencia Dakka (www.dakkak.com) se especializa en turismo de aventura y ofrece tours que imitan su recorrido en el desierto.
Hay pocos destinos que se sienten como si estuviesen fuera del mapa. Con razón películas como Prometheus (2012) y el Planeta Rojo (2000) usaron este desierto para filmar escenas basadas en el espacio y en Marte. Sobre un inmenso mar de arena naranja y roja se imponen montañas rocosas que invitan a imaginar el mundo en el principio de su existencia.
Su enigmática belleza es difícil de describir, hay que experimentarla. Después de contemplar el amanecer en la cima de una montaña, envuelto por uno de los paisajes más hermosos de la tierra, es imposible no sentir admiración y un sentido de redescubrimiento de la Tierra. En pocos lugares se percibe este tipo de electricidad que hace pulsar todo el cuerpo y, como una ola de energía, envuelve y transporta a lugares que no se sabía ni que existían.
Las expediciones se realizan en una camioneta rústica y los paseos incluyen variadas opciones: escalar puentes naturales, descubrir jeroglíficos, surfear en los médanos o acampar en tiendas.
Tribus beduinas han habitado este desierto por miles de años y hoy en día son las encargadas de muchas iniciativas turísticas y ecológicas en la región. No te sorprenda si la persona que maneja el campamento te pide que cantes una canción, le enseñes a bailar merengue o insista en que le cuentes un chiste. "Esta es la televisión del desierto", dijo un joven beduino mientras un par de turistas le enseñaban una secuencia de hip hop.
Hay algo especial acerca de los beduinos y su vida en el Valle de la Luna. Son personas profundamente conectadas con la naturaleza y el espacio que los rodea. Ver a un beduino viajar por el desierto es como si el desierto mismo se moviera. Millones de generaciones de estos habitantes han considerado parte de su trabajo asistir a otros que atraviesan los caminos misteriosos de Wadi Rum, y aseguran que su hospitalidad es su cualidad más valiosa. Luego de pasar 24 horas en el desierto es imposible no sentirse como en casa.
Petra
Retratar Petra, una de las Siete Maravillas del Mundo, es una tarea difícil. El poeta Dean Burgo en 1845 escribió un soneto describiéndola como una ciudad "eterna, silenciosa, hermosa y solitaria. Una ciudad rojo rosado casi tan antigua como el tiempo".
Desde su descubrimiento a principios de 1800, Petra ha capturado el alma de todos sus visitantes. Es uno de los monumentos históricos más admirables en el planeta, conocida por su arquitectura: edificaciones esculpidas en rocas y sus avanzados conductos de agua. Cada paso te acercará al pasado hasta llegar al siglo 6 a.C., cuando el pueblo nabateo construyó su capital. A la ciudad se accede a través del Siq, un estrecho pasadizo a lo largo de un cañón rocoso de aproximadamente 1,5 kilómetros de longitud y hasta 200 metros de altura. Al final del camino se revela la media silueta rojiza de Al-Khazneh (conocida como la Tesorería), la joya de Petra, postal de Jordania yescenario de la película Indiana Jones y la última cruzada.
Si quieres evitar la marea de turistas empieza el recorrido al amanecer (6:00 am). El caminar en silencio por el Siq es una experiencia poética. Tratea de imaginar la vida de sus habitantes originales y descubre las huellas que datan de más de 2 mil años.
Para hacerle justicia a Petra se requiere pasar en la zona por lo menos todo un día, incluso dos. Hay cientos de monumentos, incluidas las Tumbas Reales esculpidas en un acantilado, el Anfiteatro y el Alto Lugar Fortaleza, un altar al tope de una montaña con maravillosas vistas. Debes llevar zapatos cómodos, sombrero para protegerte del sol y agua (los precios allí pueden ser escandalosos).
El viento y los siglos han pintado las paredes rocosas de los monumentos con una gama de tonos que van desde gris hasta el rojo, pasando por dorado, naranja y rosado.
No olvides la cámara y baterías extra, en Petra es difícil contenerse y no hacer un clic en cada esquina.
La visita termina en El-Deir o Monasterio. Un templo majestuoso que supera los 8 metros de altura. Para acceder este monumento es necesario peregrinar: subir una montaña de casi mil escalones durante una hora. Puedes negociar con un beduino un viaje en burro, pero más satisfactorio es hacerlo a pie.
En los últimos años es posible visitar Petra en la noche (hay tours tres veces a la semana). Muchos hoteles venden los boletos y también se pueden adquirir en la taquilla de entrada. El paseo dura dos horas y el recorrido se acaba en la Tesorería, donde hay cientos de velas encendidas y un concierto de música beduina. Caminar por el Siq bajo la luz de la luna es una experiencia mágica. Olvídate de las 200 personas que caminan a tu alrededor y, si puedes, sé último en la fila, tratae de mantener una distancia prudente del resto de los turistas y déjate transportar al pasado.
Mar Muerto
La ruta entre Petra y el mar Muerto dura menos de tres horas y está llena de sorpresas. Caminos laberínticos descubren paisajes montañosos, vistas panorámicas de las aguas y orillas cubiertas por esculturas hechas de sal.
El mar Muerto es uno de los fenómenos más extraños del Planeta: se encuentra ubicado en el punto más bajo de la tierra, a 423 metros bajo el nivel del mar, y es 8 veces más salado que el océano. Con tanta salinidad todo flota y no hay ser que sobreviva en estas aguas tan hostiles. Su arena, un barro negro y pastoso enriquecido por nutrientes y minerales, tiene fama de poseer poderes rejuvenecedores. Hoy en día, la costa del mar Muerto es casa de hoteles cinco estrellas, balnearios y spa que prometen suavizar arrugas, curar artritis, pieles con acné y condiciones alérgicas.
Una cosa es cierta: el mar Muerto dejará tu piel como la de un recién nacido. Revive los juegos infantiles y embadúrnate de barro hasta la cabeza, ten cuidado con los ojos y despídete de Jordania con una nueva piel. Después de este viaje, será fácil sentirse como si volvieras a nacer.
Campamentos en Wadi Rum
Nada como ver el amanecer desde la montaña que rodea el campamento de Khaled Sabbah (www.wadi-rum.com). Omar, el guía/cocinero se encargará de que su estadía en el desierto sea una experiencia inolvidable.
Hoteles en Petra: el Petra Palace queda a 40 metros de la entrada de Petra. El desayuno está incluido y venden boletos para el tour nocturno. Tarifas entre 80 y 150 dólares. (tripadvisor.com)
Hoteles en el mar Muerto: la mejor opción para los que buscan un alojamiento lujoso es el Hotel Kempinski. El spa ofrece todo tipo de tratamientos y muchas habitaciones ofrecen vistas panorámicas al mar. Entre 180 y 300 dólares. www.kempinski.com