La ilusión aún viaja en el pregón de los gritones de la Lotería
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México.- ¿Quién no se ha emocionado al escuchar al niño gritón de la lotería anunciar ¡El Premio mayor...Premio mayor!, con la ilusión de ganarse una bolsa millonaria que cumpla sus sueños, con sólo haber comprado el "cachito" o la serie afortunada?.
¿Quién, al escuchar el clamor de estos pregoneros infantiles no ha implorado ser el ganador, y cuántos, tras haber estado cerca, refrendan su compromiso con el azar y tras fallar por una, dos o incluso más cifras, se prometen mejorar el tino en los sorteos especiales?.
Así es la tradición de este popular juego de azar, cuyo antecedente más antiguo de que se tenga memoria se remonta a Roma, cuando el emperador Heliogábalo (c.204-222) solía repartir billetes de lotería -algunas veces incluso falsos- para divertir y divertirse.
De acuerdo con investigaciones al respecto, la lotería moderna nació muy probablemente en los Países Bajos, alrededor del siglo XV. De ahí habría pasado a Italia y luego a Francia, donde se recuerdan los sorteos organizados por el rey Luis XV, que tenían como objetivo el financimiento de su boda con María Teresa de Habsburgo.
En México, la ilusión de ganarse la lotería viene desde el virreinato, instaurado en 1521, abarcando varias generaciones de tatarabuelos, abuelos y padres, quienes desde entonces han entrado a los sorteos y a otros juegos de azar, como los naipes o los dados.
No obstante, la lotería adquirió un fuerte cariz nacionalista hacia principios del siglo XIX, al cantar las imágenes que poblaban los recuadros del tablero como la bandera, el nopal, el metate, la calavera, conviven al lado del catrín, la maja y el valiente, entre otros.
Según una investigación del Centro de Estudios de Historia de México Carso, del Museo Soumaya, el sorteo de la lotería -destinado a obras de caridad y beneficiencia- llegó a América como tal el 17 de agosto de 1770, gracias a la intervención del virrey marqués de Croix.
El primer juego tuvo lugar hacia 1763, durante la regencia de Carlos III, monarca que había permitido que se establecieran distracciones populares de este tipo, debido a que aumentaban los ingresos del erario sin quebranto de los contribuyentes y así se apoyaba a las obras públicas y a la asistencia social.
El primer director de la llamada Real Lotería en la Nueva España fue Francisco Xavier de Sarría, quien bajo la óptica de la Ilutración, la promovió a partir de los modelos ingleses y holandeses.
Los primeros billetes se emitieron en el centro del virreinato, de tal modo que la Corona obtenía el 14 por ciento de las ganancias.
En un principio, el boleto costaba 20 pesos para que fuera accesible a todos los estratos sociales y posteriormente se redujo el precio a cuatro pesos, instituyéndose las fracciones de billete.
El proceso de extraer los números y cantarlos se implementó a partir del siglo XVIII con los huérfanos españoles del Colegio de San Ildefonso y el primer de los niños de la suerte fue el pequeño Diego López, de cinco años, quien con su intervención logró que fueran donados 500 reales de limosna para el colegio.
Ocho jóvenes debían tener entre 15 y 16 años y saber leer, además de asistir al sorte vestidos de color azul y bien aseados.
Durante la guerra de Independencia, el virrey Félix María Calleja instituyó dos loterías forzosas, una para la capital y otra para los estados, en las que se obligaba a todos los empleados del gobierno, la nobleza, el ejéricto y el clero, a comprar billetes, para recabar fondos para combatir a la insurgencia.
En el siglo XIX se apoyaban en los recursos de la lotería para otorgar soportes económicos a los sectores marginados, y fue alrededor de 1824 cuando se fundó la Lotería de México, que quedó a cargo de la Academia de San Carlos, como pago de la deuda que el nuevo gobierno intependiente tenía con esa institución.
Para 1861, el presidente Benito Juárez creó la Lotería Nacional y canalizó lo recaudado a las escuelas de Bellas Artes, de Agricultura y a la Casa Cuna.
Durante el gobierno de Porfirio Díaz se creó la Lotería de la Beneficencia Pública que dirigió el doctor Eduardo Liceaga, gracias a la cual se pudieron completar las obras arquitectónicas del Hospital General y el de Salud Mental de La Castañeda.
En agosto de 1920, durante el interinato de Adolfo de la Huerta, se realizó la fundación oficial de la Lotería Nacional para la Beneficencia Pública, que tras varias sedes como la de Donceles o la antigua fábrica de cigarros en la colonia Tabacalera, se trasladó a una casa sobre Paseo de la Reforma, que perteneciera al controvertido yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier.
Hacia 1943, por decreto del presidente Manuel Avila Camacho apareció la Lotería Nacional para la Asistencia Pública y en 1946 se inauguró su sede definitiva: el edificio El Moro, de estilo art déco que fue en su tiempo el más alto de Latinoamérica.
Para el historiador Enrique Krauze: "sacarse la lotería es algo excepcional y generalmente venturoso, motivo de fiesta o por lo menos, remedio de agobios...".
Los sorteos regulares que realiza la Lotería Nacional son: el Mayor que se celebra los martes, con 53 mil números repartidos en nueve series de 20 fracciones cada una; el Superior (viernes), con 50 mil números repartidos en ocho series de 20 fracciones cada una y el Zodiaco (domingos) con 120 mil números en dos series.
También existen los sorteos especiales: el Superior Extra (19 de mayo), el Magno Zodiaco, en octubre, y el Magno que se lleva a cabo el 5 de enero, el 5 de mayo; 15 de septiembre y 24 de diciembre.
Todos ellos reúnen lo mismo a jugadores que incursionan por primera vez, que a los asiduos compradores de un sólo número; a buscadores de capicúas en los billetes, o a quienes les interesan números cuya suma da una cifra cabalística como el 13; todos, en espera de que algún día, más temprano que tarde, "los alcance el vuelo feliz del azar".