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Los huesos hablan: Pasta de Conchos, 20 años después

La recuperación de restos en Pasta de Conchos trae paz a algunas familias, esperanza a otras, pero también revive la pregunta central: ¿qué pasó realmente en el fondo de la mina? Para las familias, Pasta de Conchos no termina con los restos, sino con la justicia y la verdad.

  • 16 febrero 2026

Los huesos hablan. Los huesitos están hablando.

La recuperación de los restos de 25 mineros -23 ya identificados- de Pasta de Conchos, el siniestro en el que murieron 65 mineros y 63 quedaron enterrados hace 20 años, no significa únicamente el rescate de huesos. Para las familias, esos restos son la evidencia no solo de que el rescate era posible, sino que el relato oficial no era del todo real.

“Es claro con los huesos que han salido. Sabíamos que, al salir los huesitos, ellos iban a hablar”, menciona María Trinidad Cantú Cortés, madre de Raúl Villasana Cantú, minero de 32 años que perdió la vida en la mina de Pasta de Conchos.

Como muchas madres y viudas, doña Trini asegura que Pasta de Conchos no termina con la recuperación de los restos, sino que se requiere saber la verdad y obtener justicia. “Están saliendo sus huesitos y son los que hablan”, insiste.

Los huesitos, esos que se creía estaban desintegrados según peritajes y argumentos presentados hace años, están hablando.

$!María Trinidad Cantú, Trini, asegura que los huesitos están hablando y por ello se requiere saber qué pasó en Pasta de Conchos.

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A María Trinidad Cantú Cortés, doña Trini, le preguntas sobre los 20 años de uno de los grandes siniestros laborales en México, y dice que piensa que pasó ayer, que la tristeza todavía sigue. Que el dolor de madre continúa. Pero es un dolor, dice, en donde Dios la ha acompañado.

“Por eso tengo fortaleza”, asegura a sus más de 70 años.

Son 20 años de un largo caminar y ella todavía dice “sabrá Dios cuántos más”. Doña Trini seguirá esperando.

“Dios me permita esperar esos restos para depositarlos donde deben estar”, platica desde su casa en San Juan de Sabinas.

Raúl Villasana Cantú es su hijo de 32 años. Uno de 65 mineros de Pasta de Conchos que perdieron la vida el 19 de febrero de 2006. Uno de 63 que quedaron enterrados. Uno de 40 mineros cuyos restos siguen allí, en el fondo de la mina.

Otros restos ya salieron de la oscuridad. Mario Alberto Ruiz Ramos, minero de 36 años y tres hijos, salió de la mina hace un año. Fueron los restos del octavo minero en regresar con su familia.

Fue el 3 de marzo de 2025 cuando su madre, Yolanda Ramos Espinoza, recibió la notificación de que su hijo había sido identificado en los restos que el gobierno había recuperado, unos por los que siempre luchó.

Cuando le dieron la noticia no sabía si alegrarse o llorar. No lo creía. Tampoco lo esperaba pues a últimas fechas el nombre de su hijo no aparecía ni en las bitácoras.

“Me dijeron que él había estado vivo, de 45 minutos a una hora. Qué quiere decir, que no todos murieron al instante. El mío se comprobó que algo le cayó y estalló todo. Su esqueleto. Fue fulminante lo de él. Vi sus costillas pegadas, me lo enseñaron todo. Estuvo el proceso de ADN. Estuvo completo. Sólo le faltó un diente, y un pedazo del dedo. Todo completo lo vi. Tenía una placa en su pierna izquierda de aluminio. De 30 centímetros con 11 tornillos y ahí estaba. Fue la prueba de que definitivamente él era”.

Para Yolanda Ramos es una paz haber recuperado los restos. Decidió incinerarlos y colocó la urna en la iglesia del Sagrado Corazón.

“Es paz, tranquilidad. Doy gracias a Dios que ya me lo entregaron, ya lo tengo donde debe estar. Espero que en un futuro cercano las demás también se las entreguen. Que tengan mucha fe en que todo va a salir bien, no flaquear, seguir adelante”.

La señora Ramos añade que son 20 años de lucha no solo para recuperar los restos, sino también para llegar a la justicia y a la verdad.

Recuperar restos no es suficiente. Las familias quieren saber qué pasó.

“¿Qué pasó allá abajo?”, pregunta Martha Perla Iglesias, hija del minero Guillermo Iglesias, cuyos restos fueron recuperados el 4 de diciembre de 2024.

Para Martha, la verdad está enterrada en el fondo de la mina y los huesos que están saliendo a la superficie son la evidencia para esclarecer responsabilidades.

Su padre, por ejemplo, murió a causa de un posible derrumbe en donde una roca le cayó encima, según el dictamen que le entregaron. “La mayoría son cuerpos completos”, comenta Iglesias sobre los restos que han sido rescatados.

Cristina Auerbach activista e integrante de la Organización Familia Pasta de Conchos, menciona que cada que el gobierno habla de Pasta de Conchos, habla del rescate como si ese fuera el acto de verdad y de justicia, cuando el rescate es un derecho que representa la restitución de los restos a las familias.

También cuestiona que no existan las medidas de no repetición, pues desde la tragedia de Pasta de Conchos, han muerto más de 120 mineros en la región.

“El tema de medidas de no repetición no quiere decir que no van a hacer otra mina como Pasta de Conchos; quiere decir que no puedes seguir comprando carbón a minas precarias, a pozos y cuevas donde se repiten las muertes de los mineros”.

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Yolanda Ramos Espinoza no entendió que su hijo Mario Alberto Ruiz Ramos había muerto hasta cinco años después de la tragedia que enlutó a 65 familias en Coahuila.

Su hijo tenía 26 años y tres hijos. Dos años sumaba trabajando en la mina Pasta de Conchos en donde quedaron los restos de 63 trabajadores, sin que la empresa Grupo México o el gobierno mexicano, intentara rescatar los restos... hasta ahora.

“Tuvo que pasar mucho tiempo para entender”, platica la señora Ramos desde la sala de su casa, una tarde templada de enero, horas antes de que cayera el invierno en esta región.

Fue durante una misa de aniversario, cinco años después, que Yolanda Ramos comprendió que su hijo no iba a regresar. Que la mina lo había devorado. “Yo pensaba que, si estuviera, ya hubiera dado señales de vida”, recuerda de aquellos años.

La señora Yolanda me asegura que cuando rememora todo, es como si fuera el primer día después de la tragedia. “Ahí estaba la mitad de mi corazón”, remarca.

La angustia, el dolor, la tristeza, le invadió.

Y sí, como si fuera aquel día recuerda que aquella noche antes de que su hijo se fuera a trabajar, ella le pidió que no fuera, que hacía mucho frío. “De que hay que ir, hay que ir. Tengo hijos que mantener”, le contestó Mario Alberto.

Para la madre era mucho el dolor de saber que su hijo no iba a volver. “Con nada llenas”, platica.

$!La región Carbonífera continúa sumando cruces en la calle por todas las tragedias mineras desde Pasta de Conchos

Hace tres años su esposo, padre de Mario Alberto, falleció. Ella enfermó de Párkinson. Hace dos años se quebró la columna. Durante años, junto a viudas y demás familias, luchó por el rescate de los cuerpos. Dice que fue una constante lucha de angustia, de tristeza y de impotencia.

Doña Trini Cantú también recuerda que su esposo en su lecho de muerte le dijo: ‘Tú eres fuerte, sigue pa’ delante, espera que te lo entreguen. Yo no aguanto la ausencia, no soy fuerte. Tú no te rindes’. La fortaleza en Dios siempre sostuvo a Trini, la creencia en un Dios vivo, asegura.

Para ambas madres, una pregunta retumbaba constantemente: ¿cuándo sacarían los restos?

A lo largo de los años la empresa Industrial Minera México de Grupo México y el gobierno federal se negaron al rescate de los cuerpos. El argumento fue similar:

La empresa entregó peritajes, como el informe “Una evaluación de las operaciones de recuperación en la Mina Pasta de Conchos y Resultado de los futuros esfuerzos de recuperación”, de D.G. Wooton, consejero en Procedimientos de Recuperación, en donde se asevera que ya no había material orgánico en los restos de los mineros y que el agua había contaminado el área entera de la mina. Además, el informe señalaba que el personal se expondría a “patógenos infecciosos”, resultando como mínimo graves problemas gastrointestinales. No obstante, dependiendo de la salud de las víctimas, los trabajadores de rescate pueden estar expuestos a infecciones crónicas incluyendo hepatitis, VIH, patógenos entéricos y tuberculosis. Esta exposición puede suponer severos riesgos para su salud, no solo al personal de la mina, sino a sus familias o en último de los casos, a la comunidad entera”.

Otro peritaje firmado por Donald McBride, Supervisor Inspector para la Oficina de Minas y Minerales del Estado de Illinois, asegura que la mayor parte de Pasta de Conchos estaba inundada hasta el techo de la mina, y que el agua estaría contaminada con “algunas terribles enfermedades posiblemente mortales”. Y aseguraba que los cuerpos de los mineros se habrían descompuesto.

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social pagó otro peritaje hecho por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCYT), el cual llegó a la conclusión de que era desaconsejable cualquier intento de rescate debido a que cualquier ingreso de personas a la mina, comprometía “significativamente” su seguridad e higiene, así como su integridad física.

El informe El carbón rojo de Coahuila: aquí acaba el silencio, señala que todo el peritaje se fundó en supuestos y sin soporte ni fundamento técnico.

Fue hasta la administración federal de Andrés Manuel López Obrador que comenzaron los trabajos para ingresar a la mina. Después de cuatro años de labores formales por parte de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), se han gastado más de 2 mil 400 millones de pesos en el rescate, según los datos públicos en el Sistema Electrónico de Contrataciones de la CFE. En este tiempo se han recuperado los restos de 25 mineros, 23 ya fueron identificados.

La activista Cristina Auerbach lamenta que ni siquiera Grupo México sea quien esté pagando el rescate. Menciona que para las familias resulta increíble que 20 años después, y teniendo evidencia de que la mina estaba en pésimas condiciones, sigan poniendo que había auto rescatadores, cuando lo único que han encontrado son filtros.

“Si pones que es un auto rescatador, le estás concediendo a la empresa que le estaba dando equipos de seguridad, cuando no”, comenta la activista.

Doña Trini está convencida que, si hubiera habido seguridad, los mineros no habrían quedado sepultados. La empresa por ganar y ganar los mete como animales ahí, remarca la madre del minero.

“El error fue de la empresa, no de Dios”, comenta doña Trini sobre la decisión de apoyarse continuamente en su fe, la decisión de aguantar y mantener la esperanza en que, con la recuperación de los restos, le informen que su hijo ha sido identificado.

A doña Trini le llena de satisfacción saber que, aunque ella todavía no recupera los restos de su hijo, algunas familias ya lo han hecho. Eso la alienta a seguir.

$!Yolanda Ramos recuperó los restos de su hijo Mario Alberto Ruiz Ramos, pero asegura que se necesita verdad y justicia.

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Elvira Martínez, viuda del minero Bladimir Muñoz e integrante de la Organización Familia Pasta de Conchos, menciona que hay familias que dicen “ya hasta aquí, con la recuperación me siento en paz”, pero hay otras que no. Que sí quieren continuar una lucha de verdad y de justicia, que buscan fincar responsabilidades.

Dice que lamentablemente la Fiscalía General de la República (FGR), instancia que lleva la investigación, no ofrece datos concretos sobre la misma. “Siempre comenta que es información confidencial, pero yo veo que no se les habla claro a las familias”, considera.

Elvira se ha asesorado con abogados del Centro Miguel Agustín Pro sobre una posible demanda o juicio, pero refiere que le han comentado sobre la posibilidad de que los delitos están prescritos, caducados.

“No entiendo para qué se hace investigación por parte de la FGR, si es una investigación para la pura recuperación de los restos o si pretenden hacer alguna investigación para fincar algún delito”.

La activista Cristina Auerbach lamenta que 20 años después sigue sin saberse qué están investigando las instancias de procuración de justicia. “¿A quién le van a fincar qué tipo de responsabilidades?”, cuestiona.

Sin embargo, el caso Pasta de Conchos no es el único siniestro minero que ha quedado impune. Semanario solicitó vía transparencia información sobre los procesos penales abiertos por muertes en minas. La Fiscalía General de Coahuila respondió la existencia de 16 procesos: dos de ellos clasificados como “muerte accidental” y 14 por homicidio culposo.

De los 16 casos, 14 están oficialmente en “trámite” y dos -el siniestro en mina La Mota de 2019 y mina La Número Uno del rancho Providencia de 2024- fueron concluidos por “perdón”. Según la respuesta de la Fiscalía estatal, únicamente dos -el siniestro en mina La Fuga de 2023 y la de El Pinabete de 2022- refiere que se encuentran en “trámite para judicializar”.

Lo mismo fue solicitado a la Fiscalía General de la República (FGR), la cual respondió que únicamente tenía tres expedientes iniciados por el fallecimiento de algún trabajador minero en Coahuila. Uno iniciado en 2006, otro en 2021 y uno más en 2024. Dos están como “determinados” y uno en “trámite”, según la respuesta.

Sobre la falta de castigo en los siniestros mineros, Cristina Auerbach de la Organización Familia Pasta de Conchos, opina:

“Un homicidio culposo es el resultado de un evento en el que no pueden demostrar la intencionalidad de matar a los mineros. Obviamente esa no es la intencionalidad de ninguno, su intención es obtener carbón al costo más barato y el costo más barato termina siendo la vida de los trabajadores al quitarles equipo de seguridad, al hacer pozos que todo el tiempo están en riesgo. Y el hecho de que no tengan equipos de seguridad, de que la mina no tenga los planos, de que la mina no tenga condiciones para seguridad, de que la mina no tenga condiciones para trabajar, no les resulta suficiente para hacerles una acusación más grave”.

Martha Iglesias considera que una muerte laboral como la de Pasta de Conchos, no debería prescribir, sino mantener abiertas las carpetas de investigación hasta encontrar responsables.

Para Elvira Martínez el factor tiempo sigue siendo algo que está en contra de las familias, no solo por las condiciones de quienes están a la espera, sino porque las mismas condiciones al interior se van deteriorando.

“El tiempo es importante y siempre que hay un atraso o pausa sí nos causa desesperación e inquietud”.

$!El retrato de Raúl Villasana Cantú, hijo de Doña Trini. Su madre espera lograr que rescaten sus restos.

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Cuando ocurrió la tragedia, doña Trini no se encontraba en casa. Estaba lejos y llegó a la mina. “Vi tantísima gente, un mundo de gente, carros por todos rumbos. Quería estar soñando que no era verdad”, recuerda sobre aquel día. Pero aquel 19 de febrero de 2006, entre el tumulto, el caos y la incertidumbre, miró la realidad: su hijo había quedado sepultado en la mina.

Para ella siempre ha estado presente el dolor de haber perdido a su hijo, porque no solo fue eso, sino también ver a sus tres nietos que se quedaron sin su padre de 32 años. La decepción de que nadie les ayudaba. “Un hijo duele siempre, siempre sigue doliendo”, menciona la señora Trini.

A 20 años de la tragedia, doña Trini está enferma. Tiene un desgaste en la cadera, usa andador o bastón. “Yo qué quisiera seguir la lucha para adelante. Hice lo que pude, y hasta donde pude, y hasta donde Dios me dio la salud para poder ir”, dice también con aires de resignación.

Doña Trini ya únicamente espera que un día le avisen que ya rescataron los restos de su hijo Raúl Villasana Cantú.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad La Salle Laguna y maestro en Periodismo digital por la Universidad de Guadalajara. Es editor y reportero de Semanario, el suplemento de periodismo de investigación de Vanguardia, y es autor de la columna Reflector.

Ha recibido diferentes reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo Rostros de la Discriminación y posteriormente Rostros por la Igualdad, mención en los premios de la SIP y del Breach/Valdez de Periodismo y Derechos Humanos, entre otros.