La crisis de agua en Torreón tiene rostro: son mujeres, hombres, familias que han aprendido a lidiar con el desabasto de agua en sus hogares. Unos se han acostumbrado a hacer guardias en la madrugada para llenar tinacos o a depender de las pipas. Una realidad es repetida: cada año el problema es mayor.
La crisis de la escasez de agua en Torreón tiene rostro: mujeres, padres, niños, ancianos, familias que sufren la falta de agua en sus hogares. Que han aprendido a hacer guardias en la madrugada esperando por gotas que salgan del grifo. Han aprendido a esperar estoicos por el paso de una pipa o de plano, a entender que eso de bañarse a diario, es un lujo.
La crisis de la escasez de agua en Torreón tiene ubicación: son decenas de colonias en el poniente, sur u oriente de la ciudad, principalmente, que han aprendido aguantar la sed, o a vivir entre tinacos y tambos que rellenan cuando sale agua de sus llaves: desde 2024 a marzo de 2026, el Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento de Torreón (SIMAS) recibe un promedio diario de 26 reportes ciudadanos por falta de servicio de agua potable.
Para los habitantes de muchas colonias de Torreón, la vida se rige por el reloj de la madrugada. María Luévano, residente de Zaragoza Sur desde la fundación de la colonia, relata que el suministro llega apenas un momento a las 2 de la mañana, lo que la obliga a desvelarse diariamente para captar lo poco que sale.
Muy cerquita, en la colonia Luis Donaldo Colosio, Elsa Galán confirma esta realidad: “Si sale, es a medianoche, 2 de la mañana, y un ratito nomás... en el día no sale ni una gota”.
María y Elsa se vuelven guardianes de la llave. Viven a la espera de que el líquido salga por el grifo para comenzar a llenar los tinacos y botes que habitan las cocheras de sus casas.
Manuela Treviño asegura que en la Luis Donaldo Colosio llega “en ratos” durante la madrugada y en ocasiones por la tarde.
En la colonia Fidel Velázquez, Gabriela Román comenta que el agua sale un poco entre las 3 y 4 de la mañana. A esa hora se debe de estar atento para levantarse y llenar recipientes.
En otras colonias el horario de guardia es menos cansado. Ronaldo Reséndez de la colonia Torreón y Anexas relata que el agua únicamente llega por la mañana en un horario de 6 a 8 de la mañana. Durante esas dos horas deben llenar lo necesario para el consumo diario de cuatro personas. La mañana en la que platico con él, apenas le alcanzó para llenar un tambo de 200 litros. En la colonia Mijares, el agua llega minutos antes de las 8 de la mañana y deja de salir para las 9:30 o 10 de la mañana.
Muchas de estas historias, de estos rostros de la crisis, son parte de una estadística estatal: 28.3 por ciento de las viviendas en Coahuila no cuenta con suministro diario de agua según el Sistema de Información de Derechos Sociales (SIDS) del INEGI y 202 mil 160 viviendas reciben agua cada tercer día, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024.
A LA ESPERA DE UNA PIPA
La crisis ha generado un mercado paralelo donde la necesidad se paga cara. Gabriela Román, de 53 años y vecina de la colonia Fidel Velázquez, vive el drama de llevar más de un mes sin suministro de agua. Mientras espera las pipas gratuitas del Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento (Simas), que pasan de forma irregular, se enfrenta a la voracidad de particulares que buscan aprovecharse de la escasez en ciertos sectores para lucrar con el relleno de tinacos.
”La otra vez me dijeron que 700 pesos por llenarme el tambo”, comenta con desesperación. Gabriela Román sobrevive de la venta de dulces que saca todos los días en un triciclo afuera de su vivienda.
Gabriela me invita a abrir la llave que está en la fachada de su vivienda para que corrobore que no sale ni una gota. Y en efecto, el agua no aparece.
La dependencia de las pipas es absoluta en diversos sectores de Torreón. Muchos se quejan porque aseguran que las pipas de gobierno privilegian a los militantes del partido.
Daniel Montoya, habitante de la colonia Fidel Velázquez, explica que, ante la falta de un calendario fijo de entrega, la comunidad vive en una vigilancia constante.
Al lado de su casa, el vecino ya comenzó a enterrar un tinaco frente a su vivienda. La mayoría de las casas en sectores como la Fidel Velázquez cuentan con tinacos en las azoteas, pero aseguran que se vuelve complicado que el agua suba.
”La gente está empezando a enterrar los tinacos... donde más próximo esté la toma de agua, para ver si por obra de la buena suerte durante la madrugada se logra llenar”, describe Daniel Montoya sobre las medidas extremas de ingeniería doméstica que han adoptado.
Frente a su casa, dos viviendas más tienen tinacos en las fachadas. Estos se ven nuevos, recién adquiridos. Tal vez una inversión reciente a raíz de la crisis que se vive desde hace meses. En las colonias con problemas de agua, es común mirar los tinacos en las entradas de los hogares, en el punto más próximo a las tomas de agua. Pareciera como una lucha por chupar el agua primero.
“Hay vecinas a las que no les sale nada de agua. Y si no viene la pipa, imagínese, la gente anda bien desesperada”, dice Hortencia Hernández, también vecina de la Fidel Velázquez.
En la colonia Plan de San Luis, Arlet López Martínez narra que vivieron un mes y medio sin suministro. La comunidad tuvo que organizarse en grupos de mensajes para coordinar la llegada de pipas y recurrir a familiares en otras zonas o comprar agua purificada para poder subsistir.
“Comprábamos purificada o con familiares que sí les salía, íbamos en camionetas”, recuerda sobre esos días de lucha.
La señora Arlet, madre de dos hijos, refiere que hace años no tenían problemas y cree que una de las razones para que haya más desabasto en su hogar, es la construcción de más locales y casas en los alrededores. “Estamos batallando más con eso”, dice.
Alma Martínez, vecina de 52 años de la colonia Zaragoza Sur, comparte que en ocasiones tiene que arrimarse con los vecinos para que le regalen un botecito de agua. “Siempre ha sido así”, asegura.
CAMBIOS DE HÁBITOS PARA SOBREVIVIR
La falta de agua obliga a las familias a cambiar dinámicas. A acostumbrarse a nuevas formas de vida.
Hortencia Hernández tiene 28 años viviendo en la Fidel Velázquez y asegura que hace una década el problema de desabasto no existía. Con la crisis, su rutina ha cambiado: ahora se baña cada tercer día y ha dejado de usar el aire lavado para mitigar el calor extremo, que por estas fechas en la ciudad ya alcanza los 40 grados centígrados.
“Con la pena, a aguantarse”, comenta Hortencia mientras corta una carne de cerdo en la cocina de su casa.
Asegura que la crisis que se vive actualmente nunca se había presentado en todos los años que lleva en la colonia. “Es muy diferente a antes. El tinaco nos duraba. Tuvimos tres meses en los que, de plano, ni una gota. Ahora cuando sale agua, hasta en los sartenes llenamos”, añade con aire de ironía.
Dice que buscan reciclar el agua lo más que se pueda o lavar trastes hasta que se junten muchos.
”Mejor usamos abanicos... el aire del ventilador está caliente”, añade Berenice Alba de la colonia Mijares, al poniente de la ciudad, quien también sobrevive con apenas una hora de agua al día.
En la Torreón y Anexas, también en el poniente de Torreón, allá donde las casas están incrustadas en los cerros y se batalla para que el agua suba, Ronaldo Resendez narra que el agua alcanza poco.
”Tenemos que lavar ropa, trastes, limpieza... en un día se tiene que acabar el agua. No abarcamos”, lamenta.
Para cocinar, la desconfianza en la red pública ha forzado a las familias a comprar agua purificada constantemente, un gasto adicional en colonias ya vulnerables.
AGUA SUCIA Y CON OLORES
A la falta de cantidad se suma la falta de calidad. Prácticamente en todos los sectores que recorrió SEMANARIO hubo quejas de que en ocasiones el agua sale sucia, con olores a drenaje o inclusive con olores fecales.
Fue la crítica principal de Claudia Fong, en la colonia Monterreal.
“Hay días en los que sale con mucho olor a drenaje, a desechos fecales, la verdad, a veces amarillenta o verde. La verdad estaba insoportable que ni para lavarse las manos porque se te quedaba impregnado el olor”, critica.
Cuando detecta estos olores, la señora Claudia opta por desconectar la bomba por miedo a que contamine todo el tinaco. “Uno se termina enfermando del estómago por usar esta agua sucia”, comenta.
No es la única. En Torreón, la lucha nocturna por esperar el agua no garantiza calidad. Elsa Galán denuncia que, cuando el líquido finalmente aparece, huele mucho a drenaje y sale visiblemente sucia.
A la señora Claudia la encuentro haciendo maniobras con la manguera que está conectada a la bomba que expulsa el agua.
Hace 15 días, relata, duró cinco días sin agua.
“Tenía que estar yendo a casa de mi mamá. Mi esposo tenía que andar acarreando agua de los depósitos, pues mínimo para lo que es el baño. Y pues no asistir prácticamente en la casa porque pues imagínese sin agua todo el día, ni para los aires, ni para pues nada, prácticamente ni para el baño teníamos agua”.
Asegura que el suministro de agua es intermitente y ha escuchado que en otras casas de plano no sale nada.
Como en muchos otros sectores, ha notado que el problema se agrava.
“En un inicio nadie usaba bombas. Fue como que de un tiempo para acá fue gradual el que se tuvo que empezar a usar bombas porque en la red no sale. Es muy raro que usted desconecte y en la red realmente salga agua. Tiene uno que estar usando las bombas. O si ya hay vecinos que tienen bombas de mayor capacidad, dejan a los que tenemos bomba chica sin agua”, relata.
Este relato se repite en las colonias que viven la crisis de agua: la dependencia de bombas eléctricas para obtener apenas unas gotas.
Es común mirar en las colonias marginadas de Torreón, las bombas en la entrada de los hogares. Sin la presión de estas bombas, aseguran, es imposible que en la actualidad caiga agua a sus tinacos.
”Si no tenemos bomba en los domicilios no sale agua”, dice Manuela Treviño de la colonia Luis Donaldo Colosio. Elsa Galán lamenta que, a diferencia de años anteriores donde el líquido llegaba por presión natural, hoy “si sale es con bomba”.
La señora Claudia Fong dice que un problema es cuando algunas casas meten bombas más grandes, hidroneumáticos que chupan más agua que el resto de las viviendas. “Es difícil que uno logre agarrar agua”, comenta.
El modo “normal” ya no existe. Las fachadas de las viviendas en Torreón se han acostumbrado a verse con bombas, además de tinas y tambos para rellenar con agua.
MISMA ESTRATEGIA, MISMOS PROBLEMAS
Miguel Ángel Hernández Muñiz, director del Centro de Investigación en Agua y Derechos Humanos (CIADH), asegura que la crisis de agua en Torreón es una crisis recurrente en todos los sentidos: en cuestión de calidad y cantidad. Lo único diferente son los cambios de gerente en el organismo operador de agua; lo demás, las políticas públicas, las respuestas y los pretextos, son los mismos, señala.
“Si las acciones que implementan son las mismas, pues el resultado va a ser el mismo”, critica.
Hace unos días el alcalde Torreón, Román Alberto Cepeda, declaró que el municipio espera perforar ocho pozos en 2026 para atender el problema de desabasto y ha presumido que su administración es la que más ha invertido en el tema.
La estrategia sigue siendo la perforación de pozos en donde lo único que hacen es meterle popotes al mismo acuífero a más y más profundidad con la consecuencia de contaminación, critica Hernández Muñiz.
En los últimos cinco años se han incorporado al sistema de abasto alrededor de 30 nuevos pozos, aunque muchos de estos han sido prácticamente una reposición, porque otros se agotaron. Es decir, el número de fuentes activas en el municipio prácticamente no se ha incrementado.
“Los temas de fondo que deberían de atenderse para garantizar el suministro de agua no se están atendiendo. El tema es técnico, jurídico, administrativo, financiero, operativo. Tiene que verse desde una perspectiva integral”, comenta el director del CIADH.
Para el especialista es necesario socializar la crisis de manera responsable, pues las autoridades tienen que atender y no evadir la responsabilidad.
A la crisis de agua en Torreón se ha sumado el gobierno estatal. El gobernador Manolo Jiménez declaró que apoyarán al municipio en la atención a la problemática, pero hasta el momento no se ha profundizado en la estrategia conjunta.
Para Miguel Hernández Muñiz, se requiere una profesionalización de las personas, los componentes y quienes forman parte de la administración pública, si no es así, asegura, difícilmente se van a generar acciones, programas y políticas públicas que garanticen el suministro.
“Lo más fácil es patear el bote, echar la culpa a alguien más, a los del pasado, a los de enfrente, al calor. Hoy veo muchos pretextos, pero no veo acciones específicas para resolver y cumplir con la obligación que se les impuso desde el momento en que aceptaron el cargo”, sostiene.
Y es verdad. En 2022, por ejemplo, el alcalde Román Cepeda señaló que la crisis de agua fue causada por “omisión y descuido en la prestación del servicio a lo largo de años anteriores. No siguieron la planeación recomendada e ignoraron las consecuencias”, dijo en un mensaje.
Aseguró que se investigaría el caso, y los responsables enfrentarían las consecuencias.
Nada ocurrió.
El municipio continuó agujereando la tierra para extraer agua.
La crisis de agua continúa.
NORMALIZAR EL DESABASTO
-¿Es posible acostumbrarse a la falta de agua?
Las respuestas varían. Unos habitantes aseguran que con lo que les cae en dos horas, almacenan la mayor cantidad posible y esa la hacen rendir en el día. Otros se resisten a esta forma de vigilancia constante alrededor de los grifos.
Rolando Reséndez en el poniente de Torreón dice que no, que es imposible acostumbrarse. Otros como Humberto Ortiz en la colonia Mijares, asegura que con la poca que les cae es suficiente.
“Esa poquita agua, entre una hora y media y dos horas, para nosotros es suficiente. Lleno dos tambos, y ocho botes y un bañito para el resto del día. Al día siguiente igual”, comenta con ese aire de quien ya normalizó una dinámica de vida.
Miguel Hernández Muñiz del CIADH lamenta que la población normalice la crisis, pues señala que los sistemas operadores tienen que buscar ser eficaces y eficientes para garantizar a plenitud el acceso al derecho humano al agua.
“Hoy la gente es tan noble y es tanta la necesidad que dicen ‘ya con que me den un poco de agua’. Y se les olvida el resto de las condiciones que debe tener el líquido vital para garantizar condiciones plenas de salud de ellos y de sus familias”, comenta.
Arlet López, vecina de la colonia Plan de San Luis, comenta que no son los únicos con problemas de agua, como resignándose a que es un problema general que le pasa a todos e inclusive menciona que mientras surtan las pipas, están bien
“Nos venían y nos apoyaban con las pipas y todo, y gracias a eso estábamos bien... dentro de lo que cabe”.
El señor Humberto Ortiz recuerda con nostalgia que hace 10 años había agua a todas horas. “Había agua hasta en las noches”, expresa como si de algo extraordinario se tratara. “Era muy raro que se escaseara”, añade. Hoy se habitúa a recibirla sólo por dos horas. El problema cuando se acostumbra a sólo recibir agua por tiempos definidos es que cuando se agudiza el problema se queda sin agua por días. Como por ejemplo en tiempos de calor.
“Estuvimos 10 días sin agua. Ni una gota nos llegaba. Venía gente a traernos y sinceramente era muy buena ayuda”, recuerda desde el frente de su casa.
-¿Entonces ya se acostumbró?
-Sinceramente sí. Pues es que tiene uno que buscar la manera de habituar a lo que hay, a lo que exista. Y si se habitúa uno a eso, pues se asegura lo más principal, que no falte en lo que se tiene que utilizar durante el día.
¿Y no siente que cada vez se agrava más el problema?
-Pues para serle sincero, como le digo, para nosotros no creo que haya problema llegándonos agua así dos horas.
Sí, únicamente dos horas de agua al día. Así la crisis en Torreón.
