La cantidad de contenedores en forma de corazón para depositar taparroscas es equiparable con la necesidad económica de las diversas asociaciones, quienes buscan por todos los medios, hacerse de recursos para atender a las personas con alguna enfermedad o discapacidad. Aun cuando un corazón lleno de taparroscas vale apenas entre 300 y 400 pesos, las distintas asociaciones civiles exhortan a la gente a ayudar como se pueda.
Los contenedores en forma de corazón colocados sobre espacios públicos y privados, y que sirven para recolectar tapitas, no representan la estrategia más redituable de las asociaciones civiles para avenirse de dinero.
El bajo valor del plástico reciclable en el mercado y la falta de cultura ecológica de la ciudadanía, es lo que han hecho de este programa social una actividad poco rentable.
Sin embargo, asociaciones como Niños con Leucemia A.C., Casa Rosa, Club Rotario de Saltillo, Club de Leones Saltillo Nueva Tlaxcala, Abraza con Amor A.C., Luchando por Ángeles Pequeños y Fundación Suré, insisten en que este tipo de acciones constituyen una manera loable de cuidar el medio ambiente, toda vez que suman algo de recursos a sus causas altruistas.
“Son dos cosas las que abatimos ahí, una, el reciclaje, a través de las taparroscas. Es una manera de hacer conciencia en la gente de que tenemos que ayudar al medio ambiente; y la otra es apoyar a los niños que tienen cáncer”, dice Josefina Flores Jiménez, la expresidenta del Club de Leones Saltillo Nueva Tlaxcala.
Al tiempo que dichas agrupaciones dedicadas a brindar apoyo a personas con enfermedades como leucemia, cáncer de mamá, trastornos autoinmunes, parálisis cerebral y otras discapacidades, pugnan por romper el mito de que “una taparrosca es una quimioterapia” o suple el valor de un medicamento caro.
Y hablan del reto que significa para ellas atender a la población que vive con padecimientos costosos y que, además, enfrenta pobreza.
SEMANARIO consultó con varias recicladoras de la localidad los precios de compra del kilo de taparroscas, provenientes de envases desechables de refrescos, agua, leche, artículos de limpieza y otros productos, y resultó que su valor no pasa de los 3.50 pesos por cada mil gramos de tapones.
“En el mercado del plástico son materia prima muy barata”, dice Horacio Villarreal Márquez, socio del Club Rotario de Saltillo.
KILO BARATO, QUIMIOS CARAS
Josefina Flores Jiménez narra que en cierta ocasión el Club de Leones Saltillo Nueva Tlaxcala, organización que cuenta con 10 contenedores corazón diseminados en el área urbana, recibió un donativo de 250 kilos de tapitas de parte de alumnos del CONALEP 1, a cambio una recicladora le pagó mil 300 pesos, o sea 5.2 pesos por kilo.
Cuando, según información de las propias asociaciones, una sola quimioterapia, por ejemplo para un niño con leucemia, tiene un costo de entre tres mil y 33 mil pesos, dependiendo del caso.
“Ay, la verdad, ¿sabe qué?, el kilo es bien barato. No reditúa, la verdad, no reditúa. Nosotros en un principio creíamos que llevabas las taparroscas y con eso ya la empresa les daba a las personas un vale para ir a la quimioterapia. Oh sorpresa, nos dimos cuenta que no es así...”, lamenta Josefina Flores.
Aunado a que no en todas las chatarreras o empresas que comercian con reutilizables, aceptan este tipo de material.
Por lo tanto, colectivos como Abraza con Amor A.C., que hoy brinda ayuda a 56 pacientes con enfermedades autoinmunes o reumáticas como lupus, artritis reumatoide, esclerodermia, dermatomiositis, vasculitis, tiroiditis Hashimoto, esclerosis múltiple, entre otras, deben recurrir al apoyo económico o en especie de empresas, universidades o la misma sociedad civil.
“Tenemos una campaña que se llama ‘Protégeme’, es una campaña de donación de bloqueadores, gorras, sombreros, sombrillas y lentes, porque nosotros tenemos que estar todo el año con bloqueador, todo el año, sea frío, calor, nevando, tenemos que usarlo porque los rayos uv siempre existen.
“Magna nos hizo una campaña de bloqueadores y estuvo muy padre porque todos los directivos donaron, y luego la empresa dobló la donación. Otras compañías nos donan tapitas o material reciclable, nos dan permiso para ponernos a vender en sus instalaciones galletas, papitas a sus trabajadores. La UANE nos dona despensas, productos, medicamentos”, detalla Aída Barrera Enciso, directora de la citada hermandad y también portadora de lupus.
Agrega que Abraza tiene en su haber 13 contenedores, de los cuales seis fueron auspiciados por Servicios Dynami, una compañía gasolinera, y otros siete propiedad de la agrupación.
“Estábamos buscando qué asociación apoyar y surgió el nombre de Aída, la empecé a conocer más, empecé a conocer la enfermedad que ella tenía y me di cuenta de que por lo mismo de que ella la tiene es más cercana a la causa. Ella sabe de los padecimientos, de los medicamentos que son muy caros y difíciles de conseguir. Tiene más empatía con la gente y con los niños”, habla Ana Velasco Martínez, administradora de Servicios Dinamy.
Aída cuenta que en junio de 2023 fundó Abraza para ayudar a personas que, como ella, padecen Lupus u otros trastornos autoinmunes.
Y en agosto del mismo año inició con el proyecto de los contenedores.
Al principio, con la donación de tapitas que les hizo la gasolinera Dynami, la cual tiene contenedores en seis de sus estaciones, pudieron comprar una impresora.
Con el dinero que junta de vender las taparroscas de sus 13 contenedores, Abraza adquiere medicamentos para sus pacientes, entre niños, adolescentes y adultos.
“Está como a 4 pesos el kilo de tapitas, pero batallamos un poquito en conseguir quién las compre”, dice Barrera Enciso.
Algunos organismos, llámese clubes de servicio, fungen como sus propios bienhechores, aportando cada determinado tiempo una cuota económica, la cual destinan a acciones en favor de personas de escasos recursos.
FALTA AYUDA
En un recorrido realizado por SEMANARIO en diversos espacios de la ciudad, se observaron contenedores de diferentes tipos en plazas públicas, parques, dependencias de gobierno, empresas, escuelas, iglesias, tiendas de conveniencia y autoservicio, cruceros, restaurantes, hospitales, la mayoría corazones, otros en forma de canastillas cuadradas o de rueda, que llevan las insignias de las agrupaciones Niños con Leucemia A.C., Casa Rosa, Club Rotario de Saltillo, Club de Leones Saltillo Nueva Tlaxcala A.C., Abraza con Amor A.C. Luchando por Ángeles Pequeños, Fundación Suré y Fundación JO.
Cuestionado vía transparencia, (solicitud folio 800099200002126), sobre los apoyos que ha otorgado a estas organizaciones, el DIF estatal respondió haber asignado recursos, en los últimos 10 años, sólo a tres de ellas para apoyo de sus actividades filantrópicas.
Se trata de Niños con Leucemia A.C., a la cual, entre 2016 y 2023, se benefició con dos millones 968 mil 665.52 pesos; Luchando por Ángeles Pequeños A.C. con 200 mil pesos y el Club de Leones Saltillo Nueva Tlaxcala A.C., favorecido con 20 mil pesos.
“Las asociaciones civiles que no se enlistan es debido a que a la fecha no se han otorgado apoyos para dichas entidades”, se lee en el documento.
De igual manera, otro reporte detalla que entre 2016 y 2024, mediante el programa Organizaciones Unidas por Coahuila, se invirtieron 21 millones 631 mil 207.91 pesos en acciones dirigidas a organismos de la sociedad civil.
Ninguna de las agrupaciones incluidas en este reportaje fue socorrida con los fondos de dicho plan.
Por otro lado, cabe señalar que las aportaciones del programa Organizaciones Unidas por Coahuila cayeron 70 por ciento entre 2018 y 2024, al pasar de 5.1 millones de pesos a 1.5 millones, respectivamente.
NO ES FÁCIL LLENAR UN CONTENEDOR
Un factor adverso más que afrontan estas organizaciones es el tiempo que tardan en llenarse los contenedores, y que fluctúa entre dos meses y un año, dependiendo de su ubicación.
Esto pese a que, según cálculos de la Coalición ContraPESO, hasta 2024 los mexicanos gastaban, en promedio anual, 240 mil 900 millones de pesos en consumo de refrescos, el más alto del mundo; México era el primer consumidor de gaseosas en el planeta, con un promedio de 163 litros por persona en un año, 100 millones de refrescos al día, y hasta hace dos años se estimaba que el 10 por ciento de los ingresos totales en una familia eran destinados al consumo de bebidas azucaradas.
“En nuestro sistema social cualquier reunión que haya va a ser con refrescos, en las bodas, hasta en los velorios. Si se asusta la persona le dan refresco, si está triste quieren componerlo con refresco”, dice Jesús Ángel Padilla Gámez, nutriólogo y máster en salud pública.
Horacio Villarreal Márquez, socio del Club Rotario de Saltillo, opina que las fallas en los programas de recolección de taparroscas tienen su origen en la falta de una cultura del cuidado del medio ambiente.
Aída Barrera Enciso, de Abraza con Amor, señala que cada uno de sus contendores tarda entre tres y cuatro meses en llenarse, y atribuye esta circunstancia a la escasez de información de la gente sobre los padecimientos autoinmunes como el Lupus y otros que atiende su fundación. Un fenómeno documentado ya por SEMANARIO en su publicación “Lupus, la lucha contra una enfermedad invisible”.
“La gente no sabe lo que es el lupus, la artritis reumatoide, cuánto cuestan los medicamentos, no sabe que nosotros llevamos quimioterapias, no sabe que los medicamentos son excesivamente caros...
“No sabe que no nos podemos exponer al sol porque se nos activa la enfermedad, en caso de que la tengamos desactivada, ni que los síntomas pueden ser temperatura, fiebre, inflamación, dolor muscular, de cabeza, de articulaciones. La gente no tiene mucha empatía, porque no les ha pasado. Necesitamos que sea más empática, que se una más a estas causas”.
La mayoría de los depósitos, propiedad de estos colectivos, tienen capacidad para almacenar desde 50, 70, 100 y hasta 200 kilos de tapitas, los más grandes.
Al respecto, el departamento de Extensión, Vinculación y Sustentabilidad de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), mantiene un programa permanente de acopio de tapones, que consiste en promover entre la comunidad universitaria el juntar y dejar sus tapitas en uno de los 12 corazones distribuidos por distintas preparatorias y facultades de la Coordinación Unidad Sureste.
El monto de lo recaudado con la venta del reciclable es donado a la Fundación Suré, que atiende a nenes con cáncer, habitantes de zonas marginadas de Saltillo y sus alrededores.
Solo que un corazón como estos, demora, generalmente, hasta un semestre en llenarse.
Empero Dulce Dávalos, jefa del mencionado departamento, dice que los docentes han tratado de impulsar proyectos escolares que involucran la recolección de taparroscas.
“Programas como éste no solo te permiten reciclar, cumplir con alguna materia, sino ayudar a personas en vulnerabilidad, haciendo un bien mayor”, expresa Eva Kerena Hernández Martínez, coordinadora de la Unidad Saltillo de la UAdeC.
Gracias a esta táctica, la Universidad ha logrado, en algunas ocasiones, que sus contenedores se completen en un tiempo récord de dos meses.
“A veces tenemos la idea de ya se llenó, y le van a dar un montón de dinero al niño para apoyo de su quimioterapia, y la verdad es que a lo mejor no es tanto, pero cuando es constante esa cantidad se va sumando y hace la diferencia”, subraya Victoria Pérez Saucedo, responsable de la Fundación Suré.
Y advierte que por un corazón repleto de tapitas obtienen, a lo sumo, 315 pesos.
VIVIR DE LA CARIDAD
De acuerdo con información de las agrupaciones consultadas, el costo de un contenedor fabricado por un herrero oscila entre tres mil 500 pesos y siete mil pesos, monto que es sufragado con fondos de los propios colectivos, aportaciones de socios o en el mejor de los casos, a través de donaciones de empresas, instituciones o bienhechores.
“A nosotros nos costó, hace seis años, tres mil 500 pesos cada corazón, mandamos hacer 10 corazones, se invirtieron 35 mil pesos y a lo mejor, ahorita, todavía no los recuperamos”, advierte Sylvia Briseida Hernández Flores, directora de Casa Rosa unidos contra el cáncer de mama.
Esta asociación, que recién estrenó nuevo albergue, brinda estancia y atención gratuita a hombres y mujeres, provenientes de todo el estado, que fueron diagnosticados con cáncer.
Talleres de sanación psicología, donación de despensas, pelucas oncológicas, mangas de compresión, medicamento y apoyo para quimioterapias, son algunos de los beneficios que Casa Rosa ofrece a sus beneficiarios.
“Lo que nos donan es lo que les ofrecemos. Recibimos donativos de empresas que hacen colectas, tienen fondos, nos pueden donar en efectivo, en especie, artículos de limpieza, canasta básica, agua embotellada”, detalla Hernández Flores.
Toda vez que la asociación mantiene la actividad mensual de un bazar con causa, al que la gente acude para donar y comprar ropa, juguetes, zapatos y otros géneros en buen estado.
“Cuando abrimos el albergue estuvimos aceptando muebles como camas, bases, colchones, edredones, colchas, para poner este lugar habitable, que las mujeres no tuvieran ninguna carencia”, dice Briseida.
En 2021 el refugio arrancó la campaña “Súmate con tus tapas”, cuya finalidad era conseguir dinero por este medio para costear quimioterapias gratuitas a mujeres con cáncer.
Una de las tantas acciones que deben emprender los organismos de la sociedad civil, ante la crisis de medicamentos oncológicos que prevalece en el sector salud.
No obstante Casa Rosa se topó con que una sola quimio, para una mujer con cáncer de mamá, vale entre cuatro mil y 50 mil pesos.
“Hemos tenido pacientes que requieren cinco frascos de 50 mil pesos por quimioterapia, cada 21 días. Entonces son 250 mil pesos por quimio. La gente pensaba que un corazón equivalía a una quimioterapia, no es cierto”, explica Hernández Flores.
Puntualiza que, por cada 100 kilos de tapitas, que es la capacidad máxima de sus corazones, esta asociación recibe 400 pesos.
“No me alcanza para una quimioterapia. Yo requiero de 10 a 12 corazones para una quimio. Cuando iniciamos la campaña dijimos ‘vamos a poner 10 contenedores para poder hacer una quimioterapia por mes, de las baratas’, pero no funcionó porque es muy difícil que se llenen los 10 corazones en un mes. Ya nos dimos cuenta de que no podemos depender de esa campaña”.
CONCIENCIA SOCIAL
No obstante, el llamado, dice Briseida Hernández, es para que las personas se unan a la causa donando sus tapitas, cuya venta en algo ayuda a cubrir los gastos de medicamentos y tratamientos de mujeres sin o con derechohabiencia a las instituciones de salud, o que carecen de recursos económicos.
“En Casa Rosa hemos tratado de solventar todos los gastos que les puedan surgir, y sobre todo nos preocupamos por el bienestar no nada más físico y emocional de la paciente, sino de toda la familia”.
Para la Fundación Ángeles Pequeños el de los contenedores es, más bien, un tema de conciencia social.
“Realmente no nos deja mucho margen de ganancia. Es informar a la gente que hay niños con cáncer que necesitan apoyo. Donde tenemos los corazones la gente nos ayuda con otras cosas dice ‘también te quiero donar pediasure, despensa...’”, enfatizan Andrea Valdés Perales, coordinadora administrativa, y Alejandra Sauceda, coordinadora general, con relación a los 16 corazones de tapitas que tienen por toda la metrópoli.
Añaden que un solo frasco de medicamento oncológico para un niño, alcanza un precio de entre 70 mil y 270 mil pesos, el más caro.
Sus contenedores, como es el caso de otros organismos, fueron donados por Grupo ALEn, empresa fabricante de productos químicos de limpieza y recicladora de plástico, con casi 80 años de existencia.
Por su parte, Aída Barrera Enciso, directora de Abraza con Amor, precisa que una sola ampolleta de un medicamento para un chico con artritis reumatoide, llega a valer más de 13 mil pesos, y algunos niños requieren hasta dos inyecciones al mes.
No obstante, hay tratamientos usados en casos de recaídas graves, baja de defensas o plaquetas, que cuestan entre 21 mil pesos y hasta 36 mil pesos.
Entonces Aída va donde las empresas y consigue donaciones de estos fármacos.
Aída relata que a veces los medicamentos provienen de familias cuyo enfermo falleció, como ocurrió con Alondra, una quinceañera a la que el lupus le dañó el hígado, murió y su madre cedió la medicina a la asociación.
“Le juro que ha sido bien triste, en ocasiones, cómo llega el medicamento”.
Cada uno de los 13 contenedores de Abraza, dilata entre tres y cuatro meses en saturarse.
“Tenemos que juntar una tonelada de tapitas, aproximadamente, para que nos den como cuatro mil 700 pesos. Al principio todo mundo ponía y ahora no, ahora se tardan demasiado en estar llenando los contenedores. Hay una empresa que me dice ‘tiene un año y no se llena’. Bueno pues de perdido son mil, dos mil, tres mil, cuatro mil pesos que nadie nos da y que nosotros ocupamos para el medicamento. Lo que sea es bueno, es dinero que no tenemos”.
Con ese dinero Aída compra medicamentos genéricos los lunes de 25 por ciento en las farmacias del Doctor Simi.
Es común que las medicinas contra el lupus y otras enfermedades autoinmunes escasean en el IMSSS y el ISSSTE, y entonces los pacientes recurren a Abraza en busca de ayuda.
Barrera Enciso relata que ante esta circunstancia últimamente su colectivo está aceptando que la gente deje en sus contenedores, unos cuadrados morados, el color que identifica a las enfermedades autoinmunes, botellas de pet y latas de aluminio.
NADIE SABE CUÁNTOS CONTENEDORES HAY
SEMANARIO preguntó al Ayuntamiento de Saltillo el número de depósitos de taparrocas que hay en la ciudad, según las autorizaciones otorgadas para la instalación de este tipo de mobiliario urbano en vía pública.
De igual manera solicitó un mapa o ubicación georreferenciada de los mismos, sin embargo, la dependencia replicó no contar con dicha información.
El dinero que sacan las organizaciones con la venta de las tapas en chatarreras o compañías dedicadas al comercio de reciclables o a la manufactura de plásticos, es usado en la compra de medicamentos, como ya se mencionó, o entregado directamente a las familias de sus beneficiarios.
“Le dimos a señoras con cáncer de mamá para que ellas pudieran ayudarse”, precisa Josefina Flores Jiménez, la expresidenta del Club de Leones Saltillo Nueva Tlaxcala.
Algunas asociaciones ponen en manos de sus pacientes la cantidad de taparroscas reunidas, a fin de que ellos mismos busquen las mejores opciones de venta y con lo recaudado alivien un poco sus necesidades.
“Les decíamos, ‘oye tenemos ya contenedores llenos, tú dinos si consigues camioneta o conseguimos nosotros y te llevamos a donde haya que entregar las taparroscas’. Cada papá sabe a dónde las lleva”, dice Flores Jiménez.
Pese a que el proyecto de las tapitas no resultó tan rentable como se creía, Niños con Leucemia A.C. sigue con su campaña enfocada a animar a la población para que recolecte sus tapas y las ponga en uno de los, aproximadamente 30 corazones que tiene instalados por todo Saltillo.
“Nosotros tenemos un patio, cuando se llena el patio le hablamos al proveedor para que venga y compre las tapitas, y ese dinero se deposita a la cuenta de la asociación. Es así como funciona”, expone Diana Flores, encargada de recaudación de fondos Súmate al Amor Niños con Leucemia.
Dice que cada corazón repleto de tapones equivale más o menos a unos 300 pesos, y que para completar una sola quimioterapia de uno de sus niños se requieren las taparroscas de siete corazones.
Cada peso suma, dice Diana, pero con ese recurso es imposible subsistir, si se toma en consideración que son 41 niños con cáncer en la sangre, venidos de todo Coahuila, los que atiende este organismo, fundado en 1997.
“Varía, hay niños que requieren menos quimios, pero la mayoría 120, para que haga el cálculo de cuántos contenedores se necesitarían”, reta Diana Flores.
Y haciendo el cálculo resulta que se necesitarían algo así como 840 corazones llenos de tapitas para la aplicación de 120 quimios.
“Pero sí suma. Todo el tiempo estoy buscando... Si están en una fiesta, en una reunión, simplemente en tu casa, no nos cuesta nada quitarle la tapita al envase, porque la verdad es que suma bastante”.
Lo más que han logrado recabar, cada que el patio de la asociación se llena de tapitas, son siete mil pesos.
“Mucha gente no se imagina que siete corazones hacen una quimioterapia. A veces la gente viene emocionada con una bolsita... Si llega una bolsita así o llega un camión, yo me emociono igual, porque yo lo que quiero es que se llene el patio, mientras más rápido mejor”, manifiesta la encargada de recaudación de fondos Súmate al Amor Niños con Leucemia.
Dice que en el tiempo que lleva trabajando en esta asociación, ha visto que el patio tarda en llenarse unos tres o cuatro meses.
“La invitación es a apoyar siempre. Lo promovemos por medio de la página, tenemos redes sociales, Instagram, Facebook y, sobre todo, a todas las personas que vienen aquí les decimos, ‘por favor junten las tapitas, vayan a los corazones’, ahí los corazones tienen la publicidad que dice ‘Súmate al amor’”.
Lo obtenido de la venta de las taparroscas, va destinado a la compra de medicamentos para chicos que viven con leucemia linfoblástica.
“El medicamento y el tratamiento son muy caros, yo lo desconocía hasta que entré aquí y me di cuenta de que son muy, muy costosos. Un trasplante de médula, si mal no recuerdo, cuesta de 250 a 300 mil pesos. Ni con todas las tapitas sumamos para completar”.
APOYAR COMO SE PUEDA
En este sentido, el trabajo de Diana es conseguir fondos a través del redondeo en tiendas de autoservicios y de conveniencia, además de donativos de empresas, universidades y la comunidad en general.
Por su parte, Ángeles Pequeños debe recurrir también a la ayuda de padrinos, los cuales tienen la opción de donar entre 400 y 500 pesos al mes, que son destinados a la compra de medicamento, despensa y al pago de transporte de los pacientes foráneos.
“Sí es un recurso muy importante, es apoyar más directamente a un niño”, exhorta Andrea Valdés Perales, coordinadora administrativa de la asociación.
Hace dos años que el Club Rotario de Saltillo arrancó su programa de recolección de tapitas como parte, principalmente, de su filosofía a nivel mundial basada en fomentar hacia la comunidad el cuidado del medio ambiente.
“Uno de los lugares donde hay un contenedor son las escuelas, ellas hacen promoción con sus vecinos y los vecinos ayudan llevando sus tapitas ahí. Aparte fomentas el reciclaje”, apunta Salvador Rodríguez Saade, socio y director de imagen pública de este Club de servicio.
Hasta ahora se han conseguido instalar 12 contenedores en forma de rueda por diferentes colonias de la ciudad, contenedores que han sido donaciones de la iniciativa privada y algunos notarios.
“Ellos son los que los pusieron y nosotros los administramos”, dice Rodríguez Saade.
Horacio Villarreal Márquez, también socio del Club, afirma que el ingreso que se obtiene con la venta de las taparroscas es muy pequeño, “pero no deja de ser un ingreso“.
Un ingreso que es destinado al Banco de Prótesis y Aparatos Ortopédicos, el programa estelar de esta organización.
“Que tenemos a disposición de la comunidad. Contamos con sillas de ruedas para PCI, (Parálisis Cerebral Infantil), sillas de ruedas de uso rudo, camas hospitalarias manuales. Son para niños con algún problema de movilidad y adultos mayores con problemas de movilidad o que ya no se pueden parar”, aclara Villarreal Márquez.
Destaca que con la ayuda de la ciudadanía han conseguido que sus 12 contenedores, cuya capacidad es de 50 kilos, se llenen en un mes, lo que les ha permitido obtener ingresos por alrededor de cinco mil pesos a través de la venta de los tapones.
“No es un programa de recaudación, es más de crear conciencia sobre el cuidado del medio ambiente. Tú ves que hay gente que llega manejando en su carro y se baja el niño o la niña con una bolsita de tapitas y las echa ahí. Tal vez la gasolina para ir a dejar las tapitas es más de lo que pudieran valer las tapitas, pero yo creo que de esa manera también los padres fomentan la conciencia ecológica en sus hijos, muchas de las gentes que van a depositar tapitas son jóvenes y niños”.
Entre los proyectos de recaudación que desarrolla el club para recaudar fondos complementarios, está el de la venta de paella, una actividad que se realiza mensualmente.
“Vendemos una cantidad importante de paella en la comunidad y es el apoyo. Las necesidades siempre superan la capacidad que tenemos las asociaciones y el propio gobierno. Siempre la necesidad es mucha”, dice Villarreal Márquez.
