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“Pinocho”, el hombre que cuida de un arroyo por mandato divino

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Desde pequeño, Jesús Hernández Galaviz, “Pinocho”, sintió un llamado especial de Dios: cuidar el arroyo del barrio. Y desde entonces, como manda, custodia y limpia cada que puede el Arroyo del Cuatro, uno de los 21 arroyos en Saltillo que, desafortunadamente, son usados por la gente como tiraderos de basura. ¿Por qué un operario de 40 años entiende mejor lo que significa cuidar de la casa común?

29 marzo 2026

Cada que los vecinos le preguntan a Jesús, alias “Pinocho, que por qué esa manía suya de limpiar y limpiar los kilos y kilos de basura que otra gente viene a botar al arroyo del barrio, él solo se limita a responder, con pasmosa naturalidad, que porque Dios le dijo.

Solo así se entiende que Jesús ponga del sueldo que gana como obrero, turnando horas extras, de noche, en una planta de autopartes, para contratar, eventualmente, una máquina y un volteo que carguen con toda la suciedad.

“Queda bien bonito jefe”, me diría.

Yo intenté imaginar a un ser etéreo detrás de un escritorio de la oficina de medio ambiente en la municipalidad, repartiendo órdenes a diestra y siniestra, Jesús en actitud orante, cabeza baja, manos al pecho, entrelazadas, prometiendo obediencia perpetua.

Pero no, Jesús me contó que lo de él fue en sueños.

Que entre sueños oyó como el eco de una voz que le mandaba cuidar el arroyo del barrio, “que cuidara el arroyo”, suplicó la voz.

“Es Dios”, pensó Jesús y dijo “sí”.

$!El arroyo Del Cuatro es utilizado como basurero por la gente, y a pesar de que lo limpien, siempre vuelven a ensuciarlo.

DEFENSOR DESDE CHICO

“Pinocho” tenía apenas 10 años, y desde entonces se puso a defender el arroyo como si fuera de él, como si él fuera el dueño.

Me contó la mañana que toqué a la puerta de la casa tipo Infonavit de un nivel, alba fachada, patio exterior, un árbol miniatura y amarrado del árbol miniatura un perro miniatura cuyo nombre hacía cortocircuito con su fisonomía: “Sansón”; macetas con florecitas naranja intenso, calle 5, entre la 12 y 14, colonia Morelos, donde Jesús vive con sus padres.

Jesús tiene 40 años y no tiene mujer ni hijos.

Semanas atrás un amigo biólogo, Carlos Álvarez Pereyra, me platicó de un solitario señor que hacía de guardián en un tramo del Arroyo del Cuatro, uno de los seis principales escurrimientos que atraviesan la zona urbana de Saltillo, junto con San Lorenzo, Los Pericos, Cañada Boca de León, Blanco y Del Pueblo.

Mientras reporteaba esta nota leí que, según datos del Instituto Municipal de Planeación Saltillo, (IMPLAN), se tienen identificados 21 arroyos dentro de la ciudad, que en conjunto suman más de 131 kilómetros lineales.

Y que los arroyos son el ecosistema con mayor presencia en esta metrópoli, y la segunda más importante en el estado, después del desierto.

A mí, después de lo que me contó Álvarez Pereyra, la vida de “Pinocho” me pareció una rareza suculenta.

Vaya, un hombre que custodia un arroyo, reflexioné con curiosidad.

Un arroyo...

Esas venas de sierra que el común de la gente solo mira como terrenos baldíos o aguas encharcadas, y termina convirtiendo en cloacas y en tiraderos clandestinos.

Esos parajes que la gente común solo ve como escondrijos o refugios de trotamundos y bandoleros, menos como lo que son: el aparato respiratorio de Saltillo.

“Los arroyos deberían de ser lugares ecológicos que sirvieran como espacios de servicios ambientales, de esparcimiento de flora, biodiversidad, fauna, y tener ciudades ambientalmente más sanas para quienes las habitamos”, me comentó por aquellos días Emmanuel Olache Valdés, titular de la Dirección de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de Saltillo.

Dar con Jesús y su arroyo no fue cosa difícil.

Al rato estaba yo justo en mitad de un vado, a la entrada del cauce, calle 14 y Salvador Tovar, colonia Morelos, mirando unos garabatos pintados en la blanca pared que divide los márgenes del afluente con la espalda de un vecindario.

“PROPIEDAD PRIVADA FABOR (sic) NO TIRAR BASURA”.

Una cruz, un AMÉN, una fecha, 17 de agosto de 2024, y hasta abajo una cita bíblica que hablaba de dolor, de ojos limpios, de Dios, quién sabe...

En la orilla derecha del arroyo, porque el arroyo en este tramo solo tiene una orilla, su borde izquierdo hace años que le fue comido por una construcción de block, vi una montaña de maleza seca, restos de escombro, basura y más basura a lo largo del linde.

Un rótulo metálico colgado a la vera del lecho seco y que avisaba con letra roja “PROHIBIDO EL PASO”, “AMÉN”, “PROPIEDAD PRIVADA”, una cruz, una bandera, un círculo cruzado, se erguía como una burla en medio de la mugre.

$!Jesús Hernández asegura que limpia el arroyo porque sintió un llamado especial de Dios y desde entonces no para.

UN ARROYO CLOACA

Recuerdo que durante los días que visité el arroyo no encontré ni un hilo de agua corriendo por su lecho.

“No había arroyos que bajaran de la sierra que estuvieran desprovistos de agua superficial corriendo. Eran muy sanos, muy abundantes. Debieron de haber existido bastantes especies de peces en los arroyos que desaparecieron por la desviación de cauces, las industrias, los negocios vertiendo desechos a los arroyos, matando flora y fauna. Mucha de la flora endémica y de la fauna endémica desapareció”, se quejó Rafael Cárdenas Olivier, conservacionista voluntario de Protección de la Fauna Mexicana A.C., (PROFAUNA).

Más tarde sabría por “Pinocho” que cuando llueve el afluente desborda, debido a los tapones de basura que se forman en su interior, y que seguido corren por su cauce aguas negras y pestilentes.

Después sabré que, de acuerdo con información del Ayuntamiento de Saltillo durante 2025, a través del Programa “Qué rollo con tu arroyo”, se limpió este tramo del Cuatro, junto con otros 165 espacios de afluentes de la ciudad, que equivalen a algo así como 25 kilómetros lineales.

La cuadrilla, integrada por 12 empleados del municipio y alumnos de instituciones educativas de la localidad, realizaron acciones de deshierbe y retiro de escombros y basura.

En las profundidades de los arroyos los brigadistas se toparían con los objetos más insospechados como materiales de manejo especial, entre ellos escombro, madera, cartón, aluminios, hasta basura de hogares, pañales, ropa, comida, muebles, llantas, rines, pedacería de automóviles, desechos biológicos–infecciosos, jeringas, medicamentos, gasas, y animales muertos, perros, gatos, vacas, caballos y burros.

“Se han tenido que sacar en grúa y con apoyo de varias personas. Todo esto tiene un costo para el municipio. El costo de la transportación, por ejemplo, debería ser para las personas, empresas, comercios particulares que van y desechan ahí. Hay un buen sistema de recolección de basura en la ciudad, no les cuesta nada dejar su basura afuera de su casa los días que les corresponde y las horas que les corresponda”, reprochó Emmanuel Olache.

La Dirección de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de Saltillo reportó además que durante el año pasado intervino en 260 actividades en arroyos, logrando el retiro de aproximadamente 500 toneladas de residuos sólidos urbanos.

El programa, a decir de las autoridades, representa una acción de alto impacto en la prevención de inundaciones, protección de los ecosistemas de la ciudad y la mejora de las condiciones ambientales y de seguridad de la población asentada en los alrededores de estos afluentes.

“El alcalde se dio cuenta, a principios del año pasado, que eran lugares olvidados por la CONAGUA. Como sabes son áreas federales, territorio de todos y de nadie. Hay invasores, posesionarios y la gente los usa como rellenos sanitarios, como escombreras o como si fuera el basurero del área o de la zona donde se encuentran.

“Y el alcalde nos pidió hacer un esfuerzo extraordinario, que no le corresponde al municipio, dijo ‘hay que entrarle, la ciudad es de todo y para todos y hay que ir limpiando lo que en muchos años se ensució’. Por lo menos hacía tres años que no se les metía mano. Lo triste es ver cómo a la semana, semana y media, la gente lo vuelve a hacer, pero vamos a estar trabajando...”, dijo Olache Valdés.

$!El arroyo del Cuatro constantemente está lleno de basura, a pesar de los múltiples intentos de Jesús para evitar que se convierta en basurero.

PINOCHO: “SOY EL QUE LIMPIO”

Confieso que me produjo cierta frustración no encontrar a Jesús en el arroyo la primera vez que fui para conocerlo, así que empecé a indagar entre los vecinos que por ahí pasaban.

Que si no habían mirado al señor que cuida el arroyo, pregunté.

Que no, que no lo había visto, respondió una doña que iba de camino a la tienda, la tortillería, la escuela de los niños... qué sé yo.

Crucé la calle rumbo a una cervecería que está justo frente a la entrada del cauce.

“¿Pinocho?, no se ha visto”, dijo el dependiente y acto seguido me dio santo y seña de la casa de Jesús.

Un día después estaba yo en la sala comedor de la vivienda de Pedro de Jesús Hernández Galaviz, “Pinocho”, bebiéndome su historia disuelta en un jugo de naranja.

Frente a mí un hombre moreno, cara redonda, cabeza al rape, mirada inquisitiva, camisola café, rosario colgando del cuello, pantalones blancos y holgados, zapatotes: “Pinocho”.

“Yo soy el que limpia ahí”, disparó.

Lo de su aventura, porque imagino que limpiar un arroyo ha de ser toda una aventura, sucedió una noche de hace unos 30 años que “Pinocho” se echó a dormir y tuvo, entre sueños, lo que él creyó, cree, una visión, una revelación divina.

“Me dijo mi Padre Dios, ‘tú tienes que hacer esto’ y yo lo hice. Yo lo hago porque mi Padre Dios me mandó. Es una manda, me mandó mi Padre Dios. Algún día va a haber un juicio y me van a decir, ‘¿por qué no hiciste caso?’”, dijo como un profeta.

En adelante sus vecinos del barrio se acostumbraron a mirar a aquel plebe con un azadón y una pala en mano, rastrillando sobre los márgenes del Arroyo del Cuatro.

“A veces que estoy ahí la gente me lleva una coca, un vasito de agua, un jugo, me preguntan ‘¿quieres algo?’, les digo ‘no, estoy bien...’”.

Ya mayor veíanlo en el arroyo dirigiendo las maniobras de un bulldozer que cargaba un camión de volteo con los desechos que gente, sin temor de Dios ni de la autoridad, venía a botar acá.

“Iban y echaban camionetas de tierra, basura, perros muertos. La otra vez olía bien feo, tuve que ir, limpiar y enterrar al perrito”, me relató Jesús.

“Pinocho” llegó a vivir al barrio con su familia cuando tenía cinco años.

Su niñez había transcurrido entre la escuela, los juegos de infancia con sus amigos de la cuadra y limpiar el arroyo.

“Al principio en mi casa se enojaban, ‘eh, ¿por qué haces eso?’, les dije ‘no pos a mí se me manifestó alguien pa que yo limpiara’, y me decían ‘nombre, es bastante...’. Pero para mí es una bendición, estoy fascinado de que me hayan puesto ese trabajo. Soy muy bendecido y si me tocó hacerlo a mí... feliz con Dios”, me contó Pinocho.

$!Jesús Hernández, “Pinocho”, ha intentado por todos los medios que la gente no tire basura en el arroyo. Él asegura que por mandato divino continuará limpiando.

ERA SU MANDATO

Su adolescencia y juventud no guardan capítulos tremebundos, solo que Pinocho era alérgico a las matemáticas, y proclive a compartir su vida de estudiante de secundaria y preparatoria, con la cófrade de “Los Sampuesanos”, la pandilla del barrio que habían formado sus primos, y cuyo único vicio era el futbol.

Los de la banda le habían colgado el mote de Pinocho, piensa él que, tal vez, por su nariz algo prominente.

De aquellas épocas a Jesús le quedó nada más que el gusto por vestir tumbado y bailar cumbia colombiana.

Jesús había desertado del bachillerato en los primeros semestres, cuestión de economía familiar, y conseguido trabajo, primero, en una ferretería, luego en una carpintería, después en una fábrica, pero nunca renunció al mandato “divino” de limpiar su arroyo.

Su fama corrió por todo el barrio, al grado que cuando algún conocido miraba, por casualidad, que extraños entraban al río para echar inmundicias, iban hasta la casa de Jesús y le daban el pitazo.

“Como toda la gente de aquí sabe que limpio... Hasta mi mamá me decía ‘eh, te están tirando basura’, y ya iba yo...”.

Entonces Jesús se encajaba su uniforme de policía bueno, la emprendía rumbo al arroyo y se encaraba con los cochinones.

“Les digo ‘eh, por favor, ya no estés tirando’, y dicen ‘¿quién eres?’, les digo ‘quien sea, pero estás afectando aquí a todos, tiras tú y van a venir todos a tirar aquí’, les digo ‘ái por favor’, y ya dicen ‘ah bueno está bien’. Pero en la noche, como yo trabajo y descuido, vienen a tirar, es cuando aprovechan. Me ven en la tarde y hasta me dicen, ‘¿ya estás cuidando?’, les digo ‘claro, pa que no vengas a tirar aquí...’”, pero ven que está solo y tiran”.

Algunas veces “Pinocho” se ponía a vigilar el arroyo a hurtadillas, pillaba infraganti a los que arrojaban desechos, recogía la basura y la regresaba a la puerta de la casa de los antiecológicos furtivos.

“Unos señores estaban levantando una construcción y les sobró bastante material, basura, cemento. No batallaron, aventaron todo aquí al arroyo. En la noche fui por una hamburguesa y vi todo el mugrero, dije ‘me voy a esperar’. Al día siguiente fui y se los aventé en su casa, le dije a uno de ellos, ‘eh, oiga no sean cochinos...’. A veces la gente me echa bronca, dicen, ‘¿qué onda?’, les digo ‘no, no, no a mí no me estés tirando aquí o yo voy y, esto, te lo tiro allá en tu casa...’.

“Van y me echan facias, puertas de carros, digo, ‘¿pos de dónde salió esto?, ¿de dónde vino?’, me pongo a pensar y voy y les caigo... al del taller, pero bien, con respeto, ‘eh oiga, disculpe jefe, ¿usted tiene taller verdad?’, dice ‘sí’, le digo ‘es que hallé una facia en el arroyo’, dice el señor, ‘no, yo no fui mijo...’”, relata Jesús.

$!El arroyo del Cuatro es uno de varios otros espacios que los saltillenses usan como basurero.

HACER DE LA LIMPIEZA UN HÁBITO

Yo no acababa de entender cómo, de dónde era que Jesús había sacado esa férrea conciencia ambiental de limpiar el arroyo.

Él simplemente dijo que Dios.

“Pinocho” se había hecho ya al hábito de ir cada 15 días al arroyo para limpiarlo de toda esa suciedad, que, sin remordimiento de conciencia, botaba, bota, la gente.

Pasados los 15 días volvía al arroyo y lo encontraba como un muladar.

Gran parte del problema, me dijo la abogada ambiental Éricka Toledo Zurita, es la falta de sitios autorizados en la ciudad para la correcta disposición, por ejemplo, de escombros y otros materiales de desecho, como restos de muebles y aparatos eléctricos en desuso.

“No los tenemos. Se pueden llevar al relleno sanitario, pero tampoco hay una política clara”.

Al tiempo que escribía esta nota leí en Vanguardia que en Torreón el Ayuntamiento ya habilitó Puntos de Gestión Ambiental, es decir, espacios para depositar escombro, cacharros y desechos vegetales de forma ordenada y gratuita, y evitar así la proliferación de tiraderos clandestinos.

Pienso que en Saltillo deberíamos hacer lo mismo.

Con su sueldo de operario, producto de turnar horas extras, de noche, en la firma Technotrim, Jesús contrataba una pala mecánica y un volteo para barrer el arroyo.

“Me dicen los vecinos, ‘ya pa qué le inviertes ái’”.

No siempre a Jesús le alcanzaba la plata para pagar lo de la retroexcavadora y tenía que hacer de machetero.

“Cuando no completo pa la máquina les digo, ‘yo mero cargo el camión’, dicen los dueños ‘es que no nos podemos tardar mucho’. Entonces le hablo a un amigo, acá, ‘eh, tira parote, te doy unos 200 para que me ayudes a cargar’”.

Y la historia se repetía. Pasadas dos semanas Pinocho regresaba al arroyo y era la decepción encontrarlo peor.

“No hacen caso. Nomás agarran las bolsas y las avientan. He tenido muchas broncas porque me dicen, ‘tú no eres el dueño’, les digo, ‘no, pero yo estoy cuidando aquí, respeta, ¿a poco a ti te gustaría que te fueran a tirar basura a tu casa?’, dicen ‘no’, les digo ‘conserva limpia aquí pa que esté bonito’. Es de lo que vivimos, es de lo que respiramos. Imagínese si no cuidamos la naturaleza, ¿qué vamos a respirar?, nada, pura contaminación al rato”.

$!A pesar de las campañas para hacer conciencia, los espacios siguen siendo utilizados para echar todo tipo de basura.

ENSUCIAR, UNA CULTURA

La contaminación con basura y aguas negras en los arroyos de la ciudad, me dijo Rafael Cárdenas Olivier, conservacionista voluntario de PROFAUNA, es un cuento de nunca acabar.

“No hay arroyo sin basura y no hay poder humano ni de gobierno capaz, con esta cultura que tenemos en Saltillo. Hay operativos ciudadanos, pero son insuficientes. Mucha gente se dedica altruistamente a participar en operativos de retiro de basura. Los mismos vecinos que están ahí, y que ven esas acciones, dicen ‘no pos tírala, al cabo vienen y la recogen’, a ese grado de mentalidad llegan”.

Toledo Zurita precisó que entre los servicios ambientales más importantes que prestan los arroyos, como el Del Cuatro, están el de reducir el efecto de isla de calor en la ciudad, y proveer albergue y hábitat a la biodiversidad local.

“Saltillo es una ciudad que en principio era un valle, pero se ha ido deforestando, se ha ido sellando toda la superficie, entonces es una mega isla de calor. Los animales lo que buscan es sombra, agua y silencio. Finalmente, el agua que está ahí crea microclimas porque está humectando el ambiente. El problema es que si el agua está sucia y contaminada pues... No valoramos los arroyos, la gente de Saltillo los ve como agua encharcada y terrenos baldíos, no como ecosistemas.

“Lo que se requiere realmente es un programa de plantear una ciudad más biofílica, una ciudad que esté más en conexión con la naturaleza, y creo que dentro de la ciudad estos son los principales espacios por cuidar. Son los puntos de acupuntura urbana en los temas de cambio climático, estética y paisaje”.

Con base en un inventario de flora y fauna realizado por la Dirección de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de Saltillo, a lo largo de los arroyos de la ciudad todavía es posible encontrar mezquite, huizache, matorral, sauce llorón, pirul, gobernadora, cactáceas, trueno, álamo, palo blanco, zacate, plantas que son hogar de víboras, tlacuaches, mapaches, ranas, ardillas y diversas especies de aves migratorias.

“Esto en las áreas que están más sanas, en las que no, vas a ver nidos de ratas invasoras, cucarachas, ese tipo de fauna nociva que encuentran calor en el escombro y alimento en la basura,”, dice Emmanuel Olache.

$!Jesús Hernández, “Pinocho”, ya le entendió a la vida, a la necesidad de cuidar la casa común, que es el planeta donde vivimos.

PINOCHO, UN POLICÍA AMBIENTAL

Al punto de la desesperación Pinocho llamaba a sus amigos policías para que vinieran al arroyo a amonestar a los enemigos de la naturaleza, “les decían ‘ya no te queremos ver aquí’”.

De acuerdo con la respuesta a una solicitud de información, (folio (800103300001026), entre 2022 y lo que va de 2026 el Ayuntamiento de Saltillo recibió 90 quejas ciudadanas por invasión de arroyos, así como 894 denuncias por contaminación de estos espacios públicos.

No se localizaron registros de procedimientos administrativos de imposición de sanciones por dicho concepto.

Al respecto la CONAGUA reportó vía transparencia, (folio 340009400009426), que entre 2016 y 2025 realizó un total de 52 inspecciones en Saltillo, motivadas por quejas sobre ocupación de zonas federales, y otras 12, por descargas de aguas residuales.

Y que envió una multa al Servicio de Administración Tributaria, (SAT) para cobro coactivo, por un monto de 174 mil 759 peros, aunque no aclara contra quién o quiénes ni de qué trata la infracción.

Del mismo modo la CONAGUA informó que a principios de marzo de 2021 aplicó acciones técnico-administrativas para realizar la remoción y demolición de estructuras que fueron construidas en dos puntos del arroyo El Cuatro y otra en el arroyo El Doce.

“Dicho acto de autoridad responde a la grave alteración que provocó la urbanización no planeada, así como la desviación y supresión física de los cauces de los arroyos, lo cual, ha disminuido la capacidad de respuesta natural en materia hidrológica de la cuenca. Lo anterior quedó de manifiesto a finales de julio de 2020, cuando las intensas lluvias que trajo consigo el huracán Hanna, incrementaron el volumen de los escurrimientos, provocando afectaciones en la zona”, se lee en el comunicado.

Datos proporcionados por la Procuraduría de Protección al Ambiente de Coahuila, (folio de solicitud 800098700000426), revelan que entre 2016 y 2022, tal dependencia recibió seis denuncias por contaminación de arroyos con basura y aguas negras.

En ningún caso se identificó responsable y por ende no hubo sanción.

Por su parte la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), respondió a un requerimiento de información, (solicitud folio 340024400035225), que entre 2017 y 2024 captó nueve quejas por polución e invasión de arroyos.

Omitió dar detalles sobre responsables y sanciones.

Andando los días supe que Jesús había sido el autor de la pinta de “FABOR (sic) NO TIRAR BASURA”, estampada sobre la barda que limita el arroyo con una privada, y el letrero de “PROHIBIDO EL PASO”, colocado al borde del cauce, y que, parece, no funcionaron.

“Ese letrero yo lo hice. Me dijeron, ‘mira sabes qué, mejor pon un letrero... ’. Aunque la gente no hace caso oiga, aun viendo el letrero, no hacen caso. Les digo, ‘¿ese es el ejemplo que le va a dar a su hijo, andar tirando?’”, se dolió Pinocho.

Y me confió que últimamente le ha rondado por la cabeza la idea de instalar cámaras en el arroyo, pero teme que se las roben. “Deberían de poner una casetita pa que la gente no tire”, sugirió.

De hecho Emmanuel Olache, el director de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, me dijo que una de las soluciones que se están estudiando para concientizar a la población sobre la importancia de estas áreas, es meter cámaras urbanas en los arroyos y fortalecer el patrullaje en zonas que ya están muy identificadas, así como aplicar sanciones, tanto económicas, de trabajo comunitario y de arrestos, sobre quienes sean sorprendidos en flagrancia tirando basura, escombros y demás.

“Es una tarea de todos, la casa es de todos, respiramos el mismo aire, compartimos el mismo suelo, tomamos el agua de los mismos pozos, y todos estos contaminantes nos afectan el aire, el agua y el suelo”, dijo.

$!Ni las advertencias ni las bardas pintadas han evitado que la gente siga tirando basura. A pesar de eso, Pinocho no se cansa de limpiar.

LA RESPONSABILIDAD DE LA AUTORIDAD

El pasado 19 de enero Vanguardia publicó que, con base en el nuevo valor de la Unidad de Medida y Actualización, (UMA), la cual es utilizada para establecer las multas, quien sea descubierto tirando basura en áreas como arroyos, podría pagar hasta 46 mil 924 pesos de infracción en 2026.

Otra medida, pero extrema, sería cercar los arroyos, propuso Olache Valdés.

“Que la CONAGUA nos ayude a prevenir, con algunas cercas perimetrales. Es preferible si la gente los está usando como una zona de nadie, espacios para que invadan o se posesionen o para que tiren todo tipo de residuos.

“Hay casas dentro de los arroyos, incluso hasta ladrilleras. Están las mentadas cuevas, donde va y se esconde gente a drogarse, a delinquir o hasta para dormir o guardar cosas robadas. Los han usado los pirómanos para hacer travesuras de incendios”.

José Ruiz Fernández, abogado ambiental, coincidió en que es la Comisión Nacional del Agua quien tiene que hacer valer su autoridad y cumplir su obligación de vigilar estos espacios urbanos.

“Tiene una responsabilidad incuestionable en este tema. Habría que ver la manera de eficientar la gestión de las denuncias, las visitas para la protección de estos espacios, para desincentivar actividades que puedan mitigar su función ambiental, que es tan valiosa.

“La gente encuentra estos espacios vacantes y se apropia de ellos. Aquí es donde es muy importante tener una acción de la autoridad para que estos espacios se puedan dejar libres y seguros. Estamos en un momento donde podemos hacer mucho”.

Le pregunté al abogado Ruiz qué opinaba sobre la historia de Jesús, y me respondió que su esfuerzo debería ser reconocido por la ciudadanía.

“No está cuidando su propiedad, está cuidando un capital que es de todas y de todos. Este señor ya le entendió a la vida, ya le entendió a lo que significa vivir en sociedad y a lo que significa ser un organismo vivo más en un entorno natural que conocemos como casa común, que es nuestro planeta y nuestra ciudad”.

Jesús me contó que en marzo del año pasado estuvo por el arroyo un grupo de gente del Ayuntamiento, del Museo del Desierto y de otras instituciones que no recordó, y le ayudaron a limpiar.

Entre todos sacaron como cuatro camiones, hasta el tope de basura.

“Que hubiera en cada arroyo varios jesuses sería otra historia... Estamos buscando, con la conciencia ambiental, encontrar varios jesuses y hacer equipo con ellos”, me dijo Olache.

No bien pasaron unos cuantos días del operativo, cuando el arroyo tornó a su estado de tiradero clandestino. Pinocho sintió una mezcla entre coraje y desilusión.

“Son usos y costumbres tristemente. Está tan dentro de la cultura, que cambiar el comportamiento de nosotros mismos es el reto principal. Aun si el gobierno le metiera lo que sea de cantidad de millones, a lo mejor nosotros lo podríamos arruinar, por la falta de cultura”, me comentó Sara Martha Arizpe Ramos, directora del Consejo Cívico de Instituciones de Coahuila.

Jesús me platicó que el problema de la basura en este sector de la ciudad, como en tantos otros, no es exclusivo de los arroyos, también se da en callejones donde los vecinos suelen acumular todo lo que ya no les sirve.

“Los callejones aquí están bien feos. Una vez me enojé con una señora, tenía así de colchones, roperos, y se hizo una montañota. Le digo ‘eh oiga, disculpe, se está humedeciendo acá la pared, usted limpió todo su patio y sacó todo...’, y me dice ‘¿y luego?, ¿por qué me dices a mí?’, le digo ‘¿porque la estoy viendo?’, dice ‘¿y luego?, ¿por qué no les dices a todos? Diles a todos, mira cómo tienen...’, le dije, ‘pero yo le estoy diciendo a usted, mire todo el mugrero que tiene’, dijo ‘no, pos diles a todos...’. Ya qué más decía yo”.

Le pedí a Pinocho que me diera un recorrido por el arroyo, me advirtió que hacía ya algunas semanas no se aparecía por ahí, pero accedió de buen talante.

Se enfundó en una cachucha, un chaleco azul de trabajo con una gran cruz bordada a la espalda y una enseña patria en el costado derecho; se cargó una mochila en los hombros y partimos con “Sansón”, su perro miniatura.

Mientras caminábamos por la calle 5 Jesús me iba contando cómo esta arteria, y otras de la Morelos, se convierten en ríos caudalosos durante la época de lluvia.

“Baja bastante agua, aquí se llena hasta arriba. Se ha llevado hasta carros aquí el agua”.

La razón es que las constructoras han venido rellenando el cauce del arroyo desde su parte sur, y levantado, a diestra y siniestra, sobre él cuadras y cuadras de viviendas.

“Saltillo estaba lleno de cuerpos de agua por la inclinación de la ciudad, pero conforme se ha ido urbanizando se nos ha hecho muy fácil taparlos o dejarlos de una manera marginal, pero al final el agua sigue su curso y el agua recuerda sus direcciones y llega al mismo lugar”, me dijo Éricka Toledo Zurita, ambientalista.

Pinocho me llevó primero a conocer el altar que edificó en honor del Sagrado Corazón y de la Virgen de Guadalupe, a un costado del arroyo.

Pinocho es católico, acostumbra a leer la biblia tres veces al día y asiste a misa todos los miércoles y todos los domingos, de ahí las citas bíblicas grabadas en la pared contigua al margen del cauce, pensé.

Cuando entramos al afluente por la calle 14 topamos con la montaña de maleza y basura que vi en mi primera vista.

Jesús dijo que estaba pendiente de traer la retroexcavadora y el camión para que cargaran con todo.

“Todo eso se va a llevar el camioncito, primeramente Dios”.

Al tiempo que nos adentramos con “Sansón” en el ribete encontramos más y más desechos: llantas, escombro, cartón, botellas de plástico, cubetas, partes de aparatos eléctricos, pañales, ropa, un desagüe de aguas residuales que emerge de la barda de alguna casa de la privada adyacente al arroyo.

“Estaba limpio, pero volvieron a tirar... Yo les digo bien, ‘soy tu camarada, tu amigo, ya no hagas eso, porque yo te voy a reportar’, y dicen ‘ah, me vale’”. Ojalá que algún día toque que esté limpiecito pa que vea que se ve bonito”, dijo “Pinocho” y en la salida del arroyo nos despedimos.

Al cabo de un mes regresé al arroyo, no vi a Jesús por ningún lado, pero sí mucha basura.

Pregunté por él en el barrio.

$!Jesús Hernández, Pinocho, junto a su perro Sansón, recorren el arroyo para limpiar lo que otros ensucian.

El despachador de la cervecería y otro vecino me dijeron que no lo habían visto.

En cambio, me informaron que gente en camiones, camionetas, carretillas y hasta cubetas, habían venido a tirar al arroyo, a espaldas de Jesús y amparados en la oscuridad de la noche.

-¿Quién tiró?

-Unos tazos dorados que andan por ái...

Me confió el dueño del expendio de cerveza.

Por esos días llamé a Jesús, una, dos, tres veces. Me dijo que estaba enfermo de una infección de muela y no podía salir, que tenía cosas que hacer, que iría a un mandado y no sabía la hora en la que se desocuparía...

Yo me quedé pensando si no renunciaría a su mandato “divino”.

Otra tarde recibí un mensaje por whatsapp de parte de Pinocho.

Me avisaba que estaría en el arroyo cortando un árbol que se encontraba obstruyendo el cauce.

En media hora estaba yo con Jesús haciéndole fotos, mientras mutilaba el tronco de un árbol gigantesco atravesado sobre el lecho.

Me impactó verlo trabajar, un hacha y un serrucho chimuelo en mano, entre la basura.

Me contó que hacía unas semanas un ventarrón había derribado el árbol, y a él le daba pendiente que las ramas y la basura acumuladas fueran a tapar el flujo de la corriente, y entonces el afluente desbordara.

Esta vez vi más basura que en mis anteriores visitas al cauce, Jesús levantando los desechos sin la protección de guantes.

Me contó que muchas veces se ha pinchado los dedos con clavos u objetos puntiagudos que arroja la gente.

Casi tres horas pasó Pinocho partiendo el árbol y retirando la basura, hasta que el arroyo quedó más o menos transitable.

Me dijo que solo estaba esperando juntar más dinero para contratar una retroexcavadora y un volteo que se llevaran la mugre.

Todo para qué, para que en unos cuantos días la basura volviera a inundar el arroyo, pensé.

Un cuento de nunca acabar...

Reportero del Semanario Vanguardia. Ha incursionado en el género del reportaje, la crónica y el perfil, en el abordaje de distintos temas, sobre todo con un enfoque social. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila