Juan José Rodríguez Castillo
Podría hacerse un tratado de geografía artesanal mexicana. El territorio nacional ofrece materias primas que permiten creaciones originales
Quizá la riqueza, variedad y precios de las artesanías de nuestras etnias nos hacen obviarlas. Europeos, asiáticos y estadounidenses enloquecen con tapetes oaxaqueños, blusas de Chiapas o cerámica michoacana.
Este diciembre, una escapada de fin de semana puede ser una jugada de tres bandas: una divertida salida de la ciudad, la compra de regalos para la temporada navideña y ayudar al comprar directo a los productores.



Guaymas: Tambores, perlas y madera
Quédese en San Carlos que tiene playas tranquilas y buena hotelería. Guaymas, a sólo diez kilómetros es la ciudad comercial. Ahí se pueden admirar edificios del siglo 19 y comprar artesanías de los indígenas seris, yaquis y mayos.

Uno de los más llamativos son los tambores de guasita que elaboran en la zona de Navojoa, al sur del estado. Se utilizan en los rituales indígenas y producen un sonido grave y profundo.

Los comerciantes nativos y algunas cooperativas que los ayudan a promocionarse se reúnen en el muelle que recibe a los cruceros.

En Navojoa, Artesanías Tusi Yari ("lo bien hecho" en lengua mayo) se encuentra en el kilómetro 113 de la carretera federal 15. Teléfono: 045 (662) 112 0758
Para quien tiene un poco más de presupuesto y quiere regalar algo más exclusivo, esta zona es muy exitosa en cuanto al cultivo de perlas, lo cual ha dado pie a una nueva y rampante industria de orfebrería.

Hay anillos, dijes y collares con precios que no son tan escandalosos como los alcanzados por las perlas naturales y que son un buen regalo que proviene de manos sonorenses. Como en todo, se encuentran joyitas muy repetidas hasta diseños originales.

Es interesante visitar el sitio de cultivo, donde explican todo el proceso y se compra la perla directamente al productor. El lugar queda al final de la bahía de Bacochibampo, el teléfono es: 01 (622) 221 0136.

Los habitantes del desierto saben que la vida es dura. El palofierro es un árbol que crece en la zona y cuya madera es sólida como el ébano.

Los seris y yaquis la han trabajado a mano durante décadas, ahora ya usan herramientas modernas.

Producen esculturas que pueden ir desde un servilletero hasta sofisticadas esculturas de animales.

La Casa del Palofierro se encuentra en San Carlos, en el número 156 de la calle Paseo de Ensueño.



Oaxaca: Barro negro y tejidos

Si alguien pelea por el primer lugar en producción de artesanías mexicanas es este estado.

El barro negro es muy apreciado por su delicada ornamentación y el acabado, con la técnica del bruñido, que es el pulido muy fino con una piedra, lo que precisa una gran paciencia y dedicación.

El lugar más tradicional para conseguirlo es San Bartolo Coyotepec, a sólo 15 kilómetros al sur de Oaxaca, por la carretera 175.

Pero Oaxaca no se reduce a la alfarería. De los telares de pedales brotan diseños que enamoran a primera vista, ya en manteles o centros de mesa. En varias tiendas es posible visitar el taller y admirar la actividad.

Mejor aún contar con tiempo y creatividad para encargar un diseño propio al tejedor, así el tapete de casa será único. En la capital oaxaqueña se encuentran en la calle Macedonio Alcalá, que corre de la catedral al Centro Cultural Santo Domingo. En Huatulco, en la calle Macuitle, del pueblo de La Crucecita.


Oaxaca: Barro negro y tejidos

Si alguien pelea por el primer lugar en producción de artesanías mexicanas es este estado.

El barro negro es muy apreciado por su delicada ornamentación y el acabado, con la técnica del bruñido, que es el pulido muy fino con una piedra, lo que precisa una gran paciencia y dedicación.

El lugar más tradicional para conseguirlo es San Bartolo Coyotepec, a sólo 15 kilómetros al sur de Oaxaca, por la carretera 175.

Pero Oaxaca no se reduce a la alfarería. De los telares de pedales brotan diseños que enamoran a primera vista, ya en manteles o centros de mesa. En varias tiendas es posible visitar el taller y admirar la actividad.

Mejor aún contar con tiempo y creatividad para encargar un diseño propio al tejedor, así el tapete de casa será único. En la capital oaxaqueña se encuentran en la calle Macedonio Alcalá, que corre de la catedral al Centro Cultural Santo Domingo. En Huatulco, en la calle Macuitle, del pueblo de La Crucecita.



Zinacantán: Tejidos

El fuerte polo que significa San Cristóbal de las Casas, Chiapas, ha robado reflectores a otras poblaciones que tienen una fuerte vocación artesanal. Zinacantán es uno de esos poblados.

Se sitúa a sólo 15 kilómetros al noroeste de San Cristóbal. Para cubrir ese trayecto, si no se llega en auto privado, hay transporte colectivo que cobra 10 pesos desde esa ciudad a Zinacantán.

El tour, para estar completo, puede hacer escala en San Juan Chamula, que se encuentra a medio camino entre los dos sitios.

En Zinacantán, la principal actividad es el tejido en telar de cintura, actividad exclusiva femenina que logra bellos productos de gran colorido.

Blusas, abrigos, cobertores y fundas para cojines, todo con colores encendidos, son sólo una muestra del arte que brota de las manos zinacantecas.

No hay pretexto por el precio, pues hay piezas desde 50 pesos.

Al llegar al pueblo, hay letreros que promocionan los talleres, cualquier poblador les orientará.
Pero, si no es posible desplazarse a ese poblado, San Cristóbal se muestra como la metrópoli indígena de la región.

Hay que visitar su mercado dominical, que comienza en el templo de Santo Domingo.

Dada la distancia, San Cristóbal merece más que un fin de semana, pues hay que llegar en avión a Tuxtla Gutiérrez (Aeromar: 3 mil 738 pesos) o viajar directo 13 horas en autobús (ADO: desde 715 pesos) desde la ciudad de México.


Santa María del río: Rebozo

Pieza esencial del atuendo mexicano desde tiempos ancestrales. Hay económicos, para uso diario, o para cargar a los bebés, pero hay una variedad, que enorgullece a la tejedora y a quien lo luce.

Santa María del Río está a 50 kilómetros al sur de San Luis Potosí. Es un paseo por calles empedradas para llegar a los talleres que funcionan como sala de venta.
Una chalina puede costar entre 800 y mil 200 pesos, uno de seda oscila entre 4 mil 500 a los 6 mil pesos, según el diseño elegido.