El ingrediente: El chile poblano
COMPARTIR
El chile es originario de México, Centro y Sudamérica. Para muchas civilizaciones americanas el chile era -y sigue siendo- primordial en su alimentación; prácticamente no había platillo que no lo incluyera en su lista de ingredientes.
Pero el resto del mundo lo conoció a partir de 1492, mientras Cristóbal Colón navegaba por las islas del Caribe. Los pobladores del lugar lo consumían y se lo ofrecieron a sus visitantes.
En específico, el poblano es un chile 100 por ciento mexicano y de gran tradición y popularidad en la gastronomía de nuestro país. Se ha ganado el aprecio de muchos chefs alrededor del mundo debido a su particular sabor.
Es grande, de color verde oscuro y siempre se consume cocinado, nunca crudo. Es el más utilizado para rellenar debido a su tamaño y grosor.
El chile poblano también es conocido como chile gordo, chile para rellenar o miahuateco. Lo puedes encontrar durante todo el año y cocinarlo de muy diversas formas: en rajas con queso o carne, capeados y sin capear, licuados o molidos para una salsa o crema, rellenos de carne, atún, queso o frijoles, en salsa para un buen arroz o espagueti al estilo poblano...
Para utilizarlos, es indispensable colocarlos en la flama de la estufa para que se dore únicamente la piel delgadita, introducirlos en una bolsa de plástico para que suden y luego pelarlos y lavarlos, con el fin de evitar consumir las semillas y el pellejito, que no son nada digeribles.
Si los quieres para rellenar, debes elegirlos grandes, de color verde parejo y muy lisos; para rajas y salsas puede variar el tamaño y la forma, pero hay que procurar que, de igual modo, sean de un color verde parejo. En general, el chile poblano debe estar firme, sin arrugas ni humedad.
El chile, hablando de todas sus variedades, cuenta también con algunas propiedades terapéuticas: reduce la tendencia a la formación de coágulos sanguíneos, sirve para despejar las vías respiratorias, estimula la digestión y aumenta temporalmente la cantidad de calorías quemadas.