Saltillo infectado 1
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El antiguo complejo de Zincamex es una advertencia: un día le pesará a Saltillo su pasado industrial. Algún día hubo ahí cientos, tal vez miles de trabajadores saltillenses. Hoy, su entorno abandonado asquea: agua encharcada, enormes fierros retorcidos vencidos por el óxido, aire infectado, chimeneas que nadie sabe si algún día caerán o se mantendrán en pie sólo para recordar a los saltillenses que lo industrial se acaba.
Asociación de ideas. Acaso la industria acabó con el agua, porque nadie tomó previsiones para un desarrollo sustentable de la zona.
No es fácil entrar al tema ambiental. Siempre hay justificantes para la devastación y el discurso de los potentados convence al pueblo. En Monterrey, para vender cerveza, se quiere construir un estadio de futbol en el parque La Pastora y la gente lo aplaude por su afición.
Pensar en el futuro se puede, viendo hacia el pasado. Hace 10 años, la ciudad sufría por el desabasto de agua. Tal vez un día se tenga que sufrir por la calidad del aire, por alguna cancérigena sustancia que se alojó en el suelo o por una fisonomía de cerros carcomidos como la que nos recibe al entrar a Monterrey. La indiferencia que se presenta en Saltillo es grave.
Al oriente, duele la estampa del penacho cercenado al Indio Acostado, cuya historia tanto me gustaba escuchar de niño.
El paseo por los ranchos y montañas de Arteaga, inclusive por el cañón de San Lorenzo, la virginidad boscosa del Huachichil, Los Lirios, Jamé o San Antonio de las Alazanas, hoy consumida por lotes y complejos turísticos.
La expansión indiscriminada de corredores industriales, el ingreso de todo tipo de transportes sin certificación ambiental, esa que no se hace ni siquiera a los automóviles de aquí. Y hasta vertederos tóxicos sin controles transparentes que se ubican tan cerca de la ciudad, absorbidos por la mancha urbana.
En julio de 2009, unos vecinos del área limítrofe entre Saltillo y Arteaga me buscaron alarmados. Una enorme montaña de lodo se desbordaba de las instalaciones de la empresa Ecolimpio, ubicada por la carretera antigua.
Desde entonces tramité una serie de solicitudes de acceso a la información que, por decir lo menos, demostraron la ineficiencia de los organismos garantes de ese derecho y confirmaron la opacidad gubernamental.
Dichas solicitudes fueron dirigidas a la secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), a su homóloga estatal, a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa). Las respuestas fueron en todos los casos insatisfactorias.
La Profepa respondió que la información sobre Ecolimpio estaba reservada o era confidencial porque había un proceso abierto contra esa empresa. La Semarnac ni siquiera respondió. La Semarnat respondió con información falseada, verdades a medias.
Me inconformé por la respuesta de Semarnat y, tras largos meses de deliberación en el Instituto Federal de Acceso a la Información -porque eso sí, cuando de respuestas se trata agotan todos los plazos-, finalmente, pude obtener algunos documentos que no arrojan mucha luz sobre lo que ocurre.
Entre otros detalles, no en todos los casos trascendentes, Semarnat se vio obligada a contestar que Ecolimpio ha obtenido 10 autorizaciones para manejo, transporte, recolección y tratamiento de residuos peligrosos, entre los que destacan para almacenamiento (acopio) de residuos peligrosos de empresas de servicio, bajo la clave 5-04-PS-II-05D-2001 y la recién refrendada autorización para recolección y transporte de residuos peligrosos, bajo la clave 05-04-PS-I-252D-2009.
Las sustancias que maneja Ecolimpio, conforme a las autorizaciones que tiene, son: aceite lubricante usado, sólidos contaminados, solventes, líquidos residuales de proceso, sustancias corrosivas, escorias, lodos, breas, otros residuos industriales peligrosos, excepto biológico infecciosos y policlorados.
También, material corrosivo, reactivo, tóxico e inflamable, excepto explosivos, bifenilos policlorados y biológico infecciosos. Soluciones con metales pesados, gastadas y residuos provenientes de las operaciones del acabado de metales y galvanoplastia, escorias provenientes de la fundición de plomo, lodos y polvos de equipos de control de emisiones de la fundición de plomo, lodos de la manufactura de aleaciones, residuos de la producción de baterías, residuos de lixiviados de cadmio y de la curtiduría.
Soluciones gastadas del maquinado, de templado proveniente de las operaciones de enfriamiento, limpieza alcalina y ácida y de latonado; cadmizado, cromado, plateado, cobrizado, estañado, niquelado, zincado, tropicalizado y baños de fosfatizado.
Bajo estas autorizaciones, las sustancias mencionadas son peligrosas, pero es imposible saber ahora si lo son para el ambiente y la salud, en las cantidades y procedimientos que aplica Ecolimpio, pues la Profepa tiene esa información como reservada.
Por su parte, la Semarnat declaró parcialmente reservada la información relativa a los procedimientos de Ecolimpio, así que tampoco es posible saber si el manejo de residuos peligrosos ahí es adecuado o no.
A final de cuentas, los saltillenses, especialmente los que viven cerca de Ecolimpio, no pueden saber más de lo que ven: que ahí hay una montaña de lodo desbordada.