Calderón, el sepulturero según Hamlet
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El miércoles pasado, Felipe Calderón anunció en un acto frívolo y oneroso, los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Y dadas la circunstancias que vive el país, la pompa del evento nos trajo a la memoria aquel poema de León Felipe, donde hay un verso que describe de manera impecable a Calderón: "Decía el príncipe Hamlet/ viendo cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo un sepulturero/ No sabiendo los oficios los haremos con respeto/ para enterrar a los muertos como debemos/ cualquiera sirve, cualquiera. menos un sepulturero".
Porque pareciera ser que el Presidente canta mientras cavan las tumbas de los que a diario mueren en este país de crímenes y horrores, como aquel sepulturero del cual Hamlet decía que no desempeñaba su oficio con respeto, como hoy lo hace Calderón, anunciando con gran pompa una fiesta donde lo más obvio es que no hay nada que celebrar, excepto, como dijo Julio Camba, que todas las pompas son fúnebres.
Y mientras tanto, la violencia se presenta como el espectáculo mórbido de todos los días. Una vorágine de sangre que se derrama por las calles de México, atrocidad que provoca una convulsión de asco en todo el país, donde un día se escupe sobre la tumba de los estudiantes masacrados y a la mañana siguiente, con una simple disculpa, Felipe Calderón pretende cerrar heridas tan profundas como las que hoy sufre la señora Luz María Dávila, la madre que perdió a sus dos hijos en la matanza de Juárez, adolescentes calificados como pandilleros por el Presidente y donde la PGR se niega a intervenir por cuestiones políticas.
Y lo más ofensivo es que en el caso de una vedette apodada "la chiva", que fue amenazada por sus amigos narcos, la PGR, de manera expedita, ya investiga el amago por tratarse del caso Cabañas y Televisa, vergüenza de la procuración de justicia federal que ofende la memoria de tantos inocentes ejecutados, agravio similar al cometido por el diputado panista Francisco Landeros que, tratando de minimizar la masacre de Juárez, se atrevió a decir en tribuna que los jóvenes que murieron "tal vez ahora estén en un lugar mejor" y que, para colmo del acabóse, agregó: "Si los muchachos estuvieran hoy aquí, se volverían a morir, al ver que la oposición le reclama al PAN, pues a los jóvenes les choca la violencia verbal".
Contra ese remolino de bazofia es que el viernes pasado se manifestó el pueblo de Coahuila por las calles de Saltillo. Más de 30 mil almas reprobaron el desempeño de Felipe Calderón por diez razones contundentes: desempleo, pobreza, debacle económica, carestía, alza de impuestos, ejecuciones, "gasolinazo", deuda pública, opulencia federal y nula competitividad.
Y la mejor prueba de la ira del pueblo contra Calderón -lo dijo ayer el diputado Rubén Moreira--- la vimos cuando las madres de los estudiantes sacrificados le dieron la espalda al Presidente en el evento de Ciudad Juárez. ¡Te disculpas y te vas!, asimismole gritó el pueblo enardecido.
Por eso Hamlet dice que es falta de respeto que un sepulturero cante mientras cava fosas. Calderón lo hace con desprecio mientras anuncia festejos nacionales. Ellos saben que están a salvo aunque sean los culpables del desastre. Arturo Chávez, titular de la PGR, nada hizo por resolver el drama de las muertas de Juárez cuando fue procurador de Chihuahua; "las mataban por putas", dijo en su momento.
Francisco Barrio, su ex jefe, se fugó al Canadá, a disfrutar seguro del poder como embajador. Y Manuel Espino, que en ese tiempo, como funcionario estatal en Juárez, protegía giros negros de narcotraficantes, hoy critica al Presidente emanado de su propio partido, al sepulturero según Hamlet, Felipe Calderón.