Entre el perdón y la denuncia

Especial
/ 26 marzo 2010

Voy a misa cada domingo, no por obligación sino para evitarme un tremendo error: Crear y creer en mi propio Evangelio ya que "construir la propia realidad" es un patrón del conocer humano. Cada ocho días confronto mi evangelio con el Evangelio, mi versión y aplicación práctica con la original: la que me critica, confronta, alienta y corrige.

Todo esto viene a cuento debido a que el Evangelio del domingo pasado fue acerca del pasaje de la mujer adúltera y me confrontó con el dilema de denunciar o perdonar.

La mujer se sintió aliviada de morir y apedreada, agradeció a su inteligente Salvador y se fue. pero ¿a dónde se fue? ¿a su casa? ¿a su vecindario? Ahí estaban todos los vecinos que la querían matar a pedradas, los que igual que ahora "se avergonzaban de tener en su barrio `esa clase de gente'", los que habían soltado las piedras, pero ¿ya se habrían librado del puritanismo que no perdona?

En su casa estaba su marido "ofendido" (¿inocente o explotador abusivo?)¿cómo la iba a recibir después de que se hizo pública toda la "vergüenza de su matrimonio"? Sin duda estaba atrapado por el coraje y el orgullo que le impedirían ver el problema de manera diferente, probablemente todos sus amigos y su parentela le exigirían que se divorciara.
¡Pobre mujer¡. no encontraba una cara con qué presentarse y no contaba con nadie. Jesús le había creado a ella y a su comunidad un problema muy incómodo.que su marido y su comunidad construyeran una nueva y casi imposible actitud: perdonar a ¡una adúltera¡.

El Padre Maciel y los sacerdotes pedófilos han creado un gravísimo problema a la Iglesia Católica que no se resuelve ni con todos los millones de dólares que se repartan a sus víctimas. Las consecuencias han sido gravísimas: por una parte el alejamiento de inumerables creyentes de la comunidad de la Iglesia y la baja credibilidad del clero añadida a la descalificación de su discurso. Recuperar esta credibilidad del mundo actual implica una conversión verificable por el testimonio de vida y de un compromiso: denunciar y después perdonar.

El error que cometieron la Jerarquía y la comunidad católica fue confundir el perdonar con disimular, en lugar de denunciar un delito cuyo autor según la tremenda metáfora del Evangelio merecía "que le ataran una piedra de molino y lo arrojaran al mar", un castigo peor que morir a pedradas.

Perdonar es algo muy difícil, pero denunciar es algo tan necesario y en ocasiones tan heroico que tiene el riesgo de ser castigado con la crucifixión o el asesinato como sucedió con Cristo y con Monseñor Romero.

La falta de perdón tiene consecuencias individuales, la falta de denuncia tiene consecuencias sociales inconmensurables.

Egresado de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Director del Centro de Psicología y Psicoterapia S. A. DE C.V.