La gota que no llegó

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Especial
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En medio de la agonía Rafa Márquez nos salvó de una catástrofe. Imagínese usted el escenario de una derrota en el primer partido del Mundial de futbol: El Angel desolado, los Diputados convocando a una sesión extraordinaria y permanente para atender la "grave crisis" de violencia desatada, de ausentismo laboral, de las aulas vacías. y sobre todo de mítines políticos más desairados que los funerales del enemigo.

La lógica de la catástrofe hubiera sido contundente: "si no pudimos ganarle al equipo más débil, ¿qué podemos soñar ante los franchutes y los charrúas que sí saben jugar futbol?". La realidad del adversario -siempre disminuido en todas las guerras- desbarataba todas las fantasías triunfadoras creadas por los ilusionistas comerciales: ellos sí meten goles y los nuestros fallan y fallan y fallan.

Tres milagros nos salvaron de la catástrofe y sus revindicaciones políticas -que en este país siempre han sido peores que las revoluciones-. Un penal clarísimo contra México que el árbitro nos hizo el favor de no marcarlo -probablemente Juan Diego lo distrajo desde las tribunas-. Luego un poste del marco que defendía un "Conejo" asustado, nos hizo el milagroso favor de detener un gol que hubiera causado un genocidio nacional. Finalmente un jugador astuto, taimado, realmente experimentado se atrevió a jugar unos segundos de delantero e hizo el milagro de no fallar su tiro a gol como era de esperarse de un defensa.

Con esta breve historia se confirma nuestra larga historia -desde los Aztecas hasta la actual partidocracia- de vivir de milagros esporádicos que los políticos acostumbran atribuirse, dado que ellos reparten milagrosamente el presupuesto. Nuestra cultura no se basa en la realidad de los números ni en la lógica de los datos, sino en el poder de las fantasías, en los discursos mesiánicos, en los presupuestos tan inagotables que se reparten para materializar todos los deseos de pobres y ricos, y que nos hacen habitar en el futuro del "sí se pudo" sin pasar por el ¿cómo le hago?

Nos salvamos de una catástrofe porque nuestro pueblo está abrumado de derrotas internacionales educativas y comerciales, de derrotas internas en seguridad, empleo, educación, justicia. y sobre todo la madre de todas ellas: de la derrota política con su canibalismo crónico que consume cualquier probabilidad de reforma y reinvención nacional. Nuestro vaso está lleno de derrotas y no soporta una gota que lo derrame.

Ya libramos esta "catástrofe". los juegos que nos faltan si los perdemos no serán tan catastróficos como éste. Más aún, es posible -dada nuestra histórica facultad de hacer milagros- que pasemos a la siguiente ronda y un transitorio aliento positivo nos devuelva un poco de esperanza. Así hemos vivido siempre y mejor no usamos la lógica de la realidad porque nadie nos va a sacar de la depresión

Egresado de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Director del Centro de Psicología y Psicoterapia S. A. DE C.V.