De Itaca o el garrote vil en Palo Alto
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Dicen que cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposo se vuelve su discurso. Y eso sucede con Felipe Calderón, cuyo discurso del pasado domingo en la Universidad de Stanford, en Palo Alto, California, incluyó fragmentos del poema "Itaca", de Cavafis, así como alusiones a Gandhi, lo cual elevó a don Felipe a la altura de un jefe de Estado culto y solemne para luego, al fin mecha corta, despeñarse a las cloacas de la política nacional al convertir su discurso en una catilinaria contra el PRI, asunto que fijó la atención de los graduados en las cañerías de la realidad mexicana y su presidente bananero el cual, al ostentarse como jefe de facción, mostró su verdadera estatura política y moral.
Y es que Calderón se puso a decir que los tiempos del PRI fueron "épocas muy difíciles", donde él y sus hermanos acompañaban a su padre en una "cruzada heroica y utópica" ante lo cual, vale preguntar ¿acaso no vivimos hoy la época más difícil de nuestra historia? En cuanto a su cruzada utópica, en pos de una "patria ordenada y generosa" en efecto, fue un sueño que no se realizó, tan es así que actualmente más de 40 mil ejecutados lo confirman.
Otro disparate de Calderón fue eso de que "paso a paso la fuerza de la democracia empezó a crecer, pero el fraude electoral también y un día dije yo ¡Basta!". Ante lo cual, sólo decimos que es muy triste que los graduados de Stanford hayan tenido como orador al autor del "haiga sido como haiga sido", frase delatora del fraude electoral.
Otro garrotazo vil de Calderón fue contra el Ejército, al decir eso de que "cuando los estudiantes, como ustedes, protestaban, eran masacrados y muchos fueron desaparecidos" ¿No fue el Ejército el que masacró a los estudiantes en Tlatelolco? Claro, es el mismo Ejército que hoy manda Calderón, el que mató a los estudiantes del Tec de Monterrey, el que hoy utiliza para perseguir adversarios y al que hoy ordena acciones de golpeteo político-electoral.
Asimismo, Calderón confesó que nunca pudo agradecer a su padre por sus consejos. Vale decir que aún es tiempo de que Felipe y Luisa María Calderón, honren la memoria de don Luis. Basta que lean sus libros y verán que en las "Memorias del PAN" (Tomo 2, Pág. 240), su padre manifestó una gran indignación cuando Dámaso Cárdenas (hermano de don Lázaro), se postuló por el PRI al gobierno de Michoacán. Es lo mismo que hoy hace su hija Luisa María, cosa que no es reprobable, pero imaginen cómo reaccionaría don Luis ante esa postulación. Repetiría lo que expresó en 1981, cuando renunció al PAN: "Este partido sería ya irreconocible para Gómez Morín".
De la extraña relación de "el hijo desobediente" con su padre, algo nos dice el expanista Eugenio Ortiz Gallegos, cuando nos relata que en 1991, en el CEN del PAN, quisieron hacerle un homenaje a don Luis Calderón y que su hijo Felipe no estuvo de acuerdo; "entonces, en reiteradas ocasiones golpeó la mesa, lanzándose contra los michoacanos propuestos para hacer el homenaje, incluida mi persona, de todos conocido como el mejor amigo de don Luis" (El Universal, 29/08/09).
Por lo anterior, es urgente que el Presidente concluya su "largo viaje a Itaca", porque es muy cierto que ya los mexicanos andamos en la espera de que caiga el telón. Y es que de plano ya vemos a don Felipe como el sepulturero que canta mientras cava fosas y, como dice León Felipe: "No sabiendo los oficios los haremos con respeto, para enterrar a los muertos como debemos cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero". De veras que ¡Itaca... ñón!