Felipe Calderón y la banalidad del mal
COMPARTIR
Manipular el mal como si fuera una banalidad es un asunto delicado que un presidente o jefe de Estado debe evitar. Acusar al PRI de pactos con el narco en tiempos electorales, como lo hizo Felipe Calderón, es volver a las campañas negras del "peligro para México" y atizar de manera irresponsable el odio que hoy divide a este país.
Y más allá de trivializar con el mal, lo que hacen los calderonistas es apostarle a la "banalidad del mal", concepto polémico de la filósofa Hannah Arendt, idea que mucho molestó en su momento a los responsables de perseguir a los genocidas nazis porque, para Arendt, Adolfo Eichmann no era un genocida sino un simple burócrata que cumplía órdenes superiores.
Es lo mismo que hoy hacen los panistas en el poder: banalizar el mal mexicano de los 50 mil muertos argumentando una guerra que, según ellos, es culpa del PRI, de los gringos, el Congreso, los jueces y las instancias locales. Con razón dicen que ante la sinistra realidad, quienes mejor reaccionan son los reaccionarios.
Por eso fue duramente criticada la judía Hannah Arendt, por banalizar el mal que causaron los criminales nazis, como igualmente es cuestionable el proceder de los panistas que tratan de justificar a Felipe Calderón que ha convertido a este país en un campo de sangre. Cuando Eichmann fue condenado en Israel por genocidio, argumentó lo siguiente: "Tuve que obedecer las reglas de la guerra y las de mi bandera". Terco en su papel hasta el final.
¿Y qué señal tenemos de que el régimen de Calderón está banalizando el mal que hoy devora a este país? Es muy obvio, y es cuando don Felipe se asume como dirigente de su partido y culpa al PRI de la violencia con un claro objetivo de lucro electoral. Por supuesto que no olvidan lo dicho por Sócrates Rizzo y asimismo los panistas nada dicen de sus complicidades con el narco.
El propio Francisco Blake Mora, cuando era Secretario de Gobierno en Baja California, fue acusado por el general Sergio Aponte Polito, comandante de la II Región Militar, de proteger la corrupción e impunidad en el estado. También lo acusó de no haber atacado con decisión al crimen organizado y de proteger a los funcionarios involucrados con el mismo.
Pero la colusión de los blanquiazules con el narco en Baja California viene desde los tiempos de Ernesto Ruffo Appel, el primer gobernador panista de México y cuyo hermano Claudio Ruffo, era socio de los hermanos Arellano Félix ("Los Señores del Narco", Pág. 67).
¿Acaso Calderón ya olvidó que el panista Sergio Estrada Cajigal, cuando era gobernador de Morelos, estuvo involucrado con un capo de apellido Esparragoza y apodado "El Azul"? Tal vez recuerde que dicho gobernador fue sometido a juicio político y que se salvó gracias a la protección del presidente Fox.
¿Ya olvidaron que Emilio Goicoechea, exsecretario particular de Fox, tenía nexos con los Caro Quintero? ¿Acaso Saúl Rubio, alcalde y diputado panista en Sinaloa, no estaba ligado al "Ceja güera"? ¿Nahum Acosta, director de giras de Fox, no estaba vinculado con los Beltrán Leyva? ¿Y Alejandro Gamiño, alcalde panista de Coacalco, no fue detenido por narcotráfico? ¿Acaso los panistas no soltaron al Chapo Guzmán?
Si este régimen le apuesta a la "banalidad del mal", asumiéndose impoluto y achacando culpas a la oposición con fines político-electorales, entonces podemos estar seguros de que el mal seguirá prosperando en este régimen de profundas banalidades.