Adalberto y Evaristo, primos paralelos
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Adalberto Madero Quiroga y Evaristo Madero Marcos, son entidades en cuyas vidas jamás hubiera reparado el historiador Plutarco. El motivo es simple: el propósito que tuvo el biógrafo grecorromano con su obra "Vidas Paralelas", fue la de comparar las virtudes y la calidad moral de algunos personajes de la historia. ¿Cómo haría Plutarco para comparar la vida de este par de bribones cuya única gracia consiste en su lejano parentesco con don Francisco I. Madero? Porque eso tienen en común el tal "Maderito" y Evaristo, además de la tragedia de haber sido alcaldes en dos municipios de nuestro país: Monterrey y Parras de la Fuente.
Y disculpe usted el disparate de imaginar que la vida de esta pareja estrambótica pudiera ser relatada por Plutarco, el hombre que puso en paralelo las vidas de Alejandro y Julio César. Sin embargo, sepa usted que Adalberto, hasta antes de que le dieran "fresco bote", llegó a sentirse el Alejandro Magno de Monterrey, mientras al otro pelmazo, sus lambiscones le han hecho creer que es la viva imagen del procónsul de las Galias de Parras.
Lo cierto es que ambos "Maderitos" hicieron fortuna con la ruina de los municipios que presidieron y donde, de manera muy indigna, ostentaron la investidura municipal. Hoy Adalberto es calificado como el alcalde más corrupto en los anales de Monterrey. Y, para escarnio de la historia, es el mismo que ejerció el poder que alguna vez fuera del capitán don Diego de Montemayor. El otro Madero, un matacuás calificado por los parrenses como vulgar y traicionero, es el que hoy envilece la investidura que dignificó en su tiempo don Agustín Viesca y Montes, ilustre liberal cuyo nombre está inscrito con letras de oro en el Congreso local.
Y eso que estamos hablando de los miembros de una estirpe familiar a la que José Vasconcelos comparó con los hombres de "La Ilíada "y "La Odisea", de los cuales afirmó que eran una "casta de conquistadores y fundadores de civilización". Y que conste, que cuando hablamos de la degradación humana no nos referimos a los defectos físicos de uno o las taras mentales del otro, sino más bien aludimos a su explícita degradación moral.
Porque es una calamidad histórica que Adalberto haya saturado a Monterrey de garitos y lupanares. Eso hizo con la orgullosa metrópoli que don Evaristo Madero Elizondo había edificado como un laborioso emporio industrial. En Parras, hoy Evaristo Armando enajena el patrimonio municipal de manera inadmisible, patrimonio que el prócer Viesca y Montes, a costa de persecuciones y destierro, había logrado desincorporar de las cofradías religiosas para beneficio municipal.
Así las cosas, justo es reconocer que en estas vidas paralelas hay una cosa que es indiscutible: Adalberto Madero es mucho más instruido que su primo; tanto así, que ha escrito varios ensayos y libros de superación personal. Con respecto a Evaristo Armando, los parrenses dudan que sepa leer y escribir.
Por eso es que hoy volvemos a insistir enuna inquietud que crece día con día; que el pueblo de Parras está siendo víctima de la voraz rapiña del Alcalde y algunos miembros de su corrupto Cabildo y que, por tal motivo, es que retamos a Salvador Vega Casillas, Secretario de la Función Pública, a que audite con todo rigor los recursos federales que han llegado a Parras en la presente administración. La carretera "El Capricho", por ejemplo, es un latrocinio descarado de Evaristo Madero Marcos. No debe quedar impune.