Fantasmas ocultos en el clóset

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Especial
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    María del Rosario Galván, personaje de Carlos Fuentes en la "Silla del Aguila", considera, de acuerdo a su peculiar criterio, que la política es la actuación pública de pasiones privadas, incluyendo la pasión amorosa, pero aclara; "las pasiones son formas arbitrarias de la conducta y la política es una disciplina".

    Y como dicen que los ángeles no sienten pasiones, entonces los políticos deben sentirlas, aunque éstas sean bajas, medianas o altruistas. Ya lo dijo Carlos Madrazo, que los políticos son mezclas de luz y de sombras, "ya que la política no la practican ángeles, sino hombres mortales".

    Y nosotros agregamos que de igual forma la practican las mujeres, como María del Rosario Galván, que desde muy joven decidió que su pasión sería la política, inclusive en el sexo, así lo dice esta mujer; "he organizado mi vida con un sólo propósito: ser política, hacer política, comer política, soñar política, gozar y sufrir política. Es mi naturaleza, Es mi vocación".

    Pero así como la pasión puede ser una virtud en política, de igual forma puede ser debilidad que conduce al abismo. Y para ejemplificar lo anterior, citaremos dos casos distantes pero ilustrativos; el de "Pasionaria", Dolores Ibárruri, una mujer cuya pasión política la hizo trascender en la historia, al grado de ser electa, post mortem, presidenta de honor a perpetuidad del Partido Comunista Español. Caso contrario es el de Rosario Robles, una mujer extraordinaria como Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, con una gran carrera política, la cual, descarriló debido al escándalo de una pasión amorosa, asunto que originó la expulsión del partido que ella misma presidió.

    Y es que seguimos viviendo en una sociedad pacata, donde lo políticamente aceptable es que lo "indecente" permanezca en secreto, tema recurrente para los políticos, crucial en tiempos electorales, por el riesgo de que surjan los fantasmas ocultos en el clóset por culpas del pasado, como actualmente le ocurre a Enrique Peña Nieto, cuyas pasiones amorosas privadas hoy se han hecho públicas, materia para una guerra sucia donde las diferentes facciones han ido acumulando estiércol para usarlo de munición.

    Acusado por su expareja del abandono de su hijo, Peña Nieto enfrentó el dilema de ocultar o ventilar una situación incómoda. El candidato priísta decidió hacer público el asunto y arriesgar parte de su capital político ubicado en su alma mater, el "Opus Dei". Asimismo pone en riesgo el favor electoral de las madres solteras, divorciadas o abandonadas y de muchos votantes que crecieron sin el apoyo paterno.

    Y tenemos que en ese débil equilibrio entre las pasiones y la disciplina política, hay un tema que es tabú para los personajes públicos. Luis Spota lo describe con maestría en la serie "La Costumbre del Poder", cuando el ungido candidato presidencial, Víctor Avila Puig, repara sobre la marcha de su campaña electoral en que tiene una amante, Laura Kraus, y una hija que ahora le resultan demasiado incómodas. Un peligro latente para su pasado, su presente y su futuro.

    Por lo pronto, prepárese usted a recibir baños de lodo electoral. Las buenas conciencias nunca aceptarán que la moral va más allá del sexo y que la actuación pública puede guardar un frágil equilibrio con las pasiones privadas. Como hizo la dominante mujer tras la "Silla del Aguila", María del Rosario Galván, la que de joven decidió que su vida entera sería la política, incluyendo, por supuesto, en el sexo.




    Columna: Reflexiones