Hay políticos que arrastran al abismo
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Eliseo Mendoza Berrueto, líder del Congreso local, publicó un artículo donde describe la miseria en que viven los campesinos de nuestra entidad. Cuatro palabras resumen la magnitud de la tragedia; sequía, hambre, sed y olvido, situación que se extiende a muchas comunidades de México, signo inequívoco del desastre que afronta este país que ahora, para mayor desgracia, se ahoga en un baño de sangre.
Y aquí no hay partidos o políticos sin culpa; todos tienen responsabilidad en la debacle. Es el motivo por el que ya pocos creen en promesas y propuestas de campaña, menos en la honestidad de los políticos.
Y no es una exageración cuando dicen que el hambre orilla a los tarahumaras a lanzarse a las barrancas. Esto no ha cambiado mucho a través de la historia, recordemos que los indígenas optaban por el suicidio para no ser enviados como esclavos a las minas o como decía el padre Bartolomé de las Casas, que los indios preferían irse al infierno para no encontrarse con los cristianos.
Basta citar a dos comunidades en el estado de Chihuahua, Batopilas y Creel, como ejemplo de la miseria en que viven los tarahumaras. Ante esta situación, resulta significativo que a pesar de que Manuel Gómez Morín, fundador del PAN, nació en Batopilas, esta comunidad sigue en la marginación, a pesar de que dicho partido está hoy en el poder. Lo mismo sucede con Creel, pueblo cuyo nombre se refiere a Enrique C. Creel, canciller porfirista, bisabuelo de Santiago Creel, exsecretario de Gobernación en el régimen de Vicente Fox, el mismo que prometió transformar a este país.
Y esta contradicción se repite en otras entidades como Michoacán, donde han gobernado personajes progresistas como Lázaro, Dámaso, Cuauhtémoc y Lázaro (nieto), todos ellos de la familia Cárdenas y que, sin embargo, en dicho estado persiste la pobreza.
De igual forma existe la miseria en el estado de Puebla, donde han gobernado priístas como Maximino y Rafael Avila Camacho, asimismo Rafael Moreno Valle, abuelo del actual gobernador del mismo nombre, neopanista que, a un año de gobierno, ha dilapidado 180 millones de pesos en promover el culto a su personalidad.
Aquí en Coahuila se repite esa contradicción donde, al menos, Mendoza Berrueto es congruente al reconocer que la pobreza de los campesinos es explícita y que es un reclamo que a los políticos les explota en la cara.
Y explota en plena cara porque los lugares visitados por don Eliseo, Lucio Blanco y Cuates de Australia, son ejidos que pertenecen a Cuatro Ciénegas, la tierra de Carranza, el precursor de la Constitución de 1917, cuyo espíritu es la justicia social. Lo mismo sucede con el ejido Estanque de León, del municipio de Parras, la cuna de Madero, el mártir que inició la Revolución Mexicana, asimismo tierra del exgobernador Raúl Madero y de dos alcaldes de la misma familia, don Carlos y Evaristo Madero.
Y en este último personaje se resume la causa principal de todas las tragedias de México; robo, corrupción, nepotismo, ineptitud, peculado, voracidad, latrocinio, vicio, despojo, cinismo e impunidad.
Que no se extrañe pues don Eliseo si al llegar al desierto los campesinos no quieren ni hablar, pues como los indígenas de Bartolomé de las Casas, que preferían ir al infierno para no toparse con los encomenderos, así los campesinos de Parras, prefieren arrojarse en algún abismo antes que encontrarse con políticos como Evaristo Madero.