La firma falsa de Chuy Ochoa

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Especial
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    A Jesús Ochoa Galindo, Tesorero General del Estado, le falsificaron su firma en un documento mediante el cual, algunos pillos prófugos obtuvieron un préstamo bancario a nombre de los coahuilenses por mil millones de pesos, crédito que hoy el pueblo paga con muchos sacrificios. Es el mismo Tesorero que el lunes pasado, se presentó al Congreso local a rendir un informe donde, sin empacho alguno, declaró que gracias a que el Gobierno despidió a más de 2 mil burócratas, es que ahora puede abonar a los bancos parte de la deuda pública que él mismo descuidó.

    Y es que uno se queda pasmado cuando Ochoa Galindo, con un cinismo inaudito, declara que 2 mil 100 personas se quedaron en la calle, desempleadas, con la angustia terrible de no poder sostener a sus familias debido, en gran parte, a su irresponsabilidad.

    ¿Y sabe usted cual es lo más preocupante de este Tesorero General? No, no es el hecho de que falsifiquen su firma con tanta facilidad, tampoco es su cara dura de hornablenda, no, lo más preocupante de Jesús Ochoa Galindo es la falta de vergüenza cuando declara, como si hubiera perdido un peine, que miles de trabajadores inocentes fueron echados a la calle por los latrocinios que él mismo no pudo detectar y corregir.

    O diga usted, qué caso tenía presentarse en el Congreso y mencionar a los que fueron echados de su empleo sin miramiento alguno ¿Acaso no bastaba con mencionar la austeridad que ha implementado el Gobierno? El colmo fue que días después, Javier Guerrero, secretario de Fomento Económico, puso más lastre a los burócratas hundidos afirmando que no serán contratados por las empresas locales ya que, según él, no tienen el perfil que requiere la planta industrial ¡Bófonos! Mejor que los fusilen, habría dicho el "chico Tec", con todo el desprecio que manifiesta por la justicia social.

    Y aquí es necesario recordar lo que el ex presidente gringo, Grover Cleveland, afirmaba con respecto a la burocracia gubernamental; decía que aunque la gente sostenga al gobierno, el gobierno no tiene porqué sostener a la gente. Y eso es cierto, aunque hay que reconocer que ese no era el modo de pensar de Humberto Moreira que, aunque ahora lo critiquen, a mucha gente apoyó con empleos públicos, lo que es una forma de impartir justicia social, le guste o no a los neoliberales, que les da por olvidar que algo similar hizo F. D. Roosevelt en los Estados Unidos a través del "New Deal", un recurso de su gobierno para abatir el desempleo.

    Pero dicen que la gratitud, como ciertas flores, no se da en las alturas, y menos en la altitud de los ladrillos en los que algunos beneficiarios de Humberto se han trepado, gozando de las mieles del poder, haciendo todo lo posible por desligarse de su nombre, como es el caso de algunos alcaldes y ex diputados, los que hoy sienten una fobia terrible por los epitafios políticos.

    Epitafios que en un futuro serán redactados para nimios personajes como Jesús Ochoa Galindo, el que hoy se pitorrea de los burócratas despedidos, el "chico Tec" que algún día enfrentará el desempleo, quizá sin apremios económicos, pero sí con el estigma perenne de la desconfianza, la misma que impedirá su contratación en el Banco Mundial o por la Caja de Ahorros de doña Chonita, lo cual no es de extrañar, pues ambas instituciones correrían el riesgo de un desfalco financiero, en caso de que algún mañoso vuelva a "falsificar" la firma de don Chuy.




    Columna: Reflexiones