Paternidad Vs. Patriarcalismo

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Especial
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En el Siglo 19, además de los grandes acontecimientos revolucionarios, las caídas de las monarquías y de los imperios, la consolidación de las ideologías republicanas, liberales y socialistas, hubo un descubrimiento que no tuvo la misma resonancia inmediata y sin embargo fue la semilla de una transformación de la cultura universal que apenas estamos vislumbrando.

Antes de ese descubrimiento estaba totalmente justificada la cultura patriarcal que privilegiaba la superioridad del género masculino sobre el femenino. Hoy ni en broma aceptamos -si es que somos suficientemente civilizados- que la inteligencia, la capacidad científica, filosófica, artística, política de la mujer sea inferior a la del hombre. Se requiere estar atrapado por la ignorancia o por unas costumbres pre-modernas y primitivas para sostener la idea de que la mujer es débil física e intelectualmente, que su libertad y conducta deben ser controladas por los hombres porque ellas son incapaces de usarlas adecuadamente y que es muy arriesgado concederles una posición de autoridad o liderazgo en la empresa o en el gobierno.

El descubrimiento científico que vino a derrumbar a los patriarcas de su trono de privilegios y que sembró la equidad total de género fue resultado de las investigaciones realizadas en el esperma y en el óvulo, y en las cuales se encontró que tanto uno como otro tenían el mismo número de cromosomas, descubrieron la igualdad femenina y masculina en la aportación de la vida para el nuevo ser humano.

Antes de ese descubrimiento, la creencia de la humanidad era que el padre aportaba un `homunculus', o sea un hombrecillo (o mujercilla) completo que solo requería un receptáculo, un vientre que favoreciera su crecimiento. De esa manera se concluía que la mujer era una simple `incubadora', y el autor verdadero de la generación y multiplicación humana era el padre. El poder radicaba en el sexo masculino, y lo femenino estaba reducido biológica y socialmente a una posición inferior de servidumbre carente de todos los derechos humanos.

Durante veinticinco siglos no fue necesario celebrar el "Día del Padre" porque todos los días les pertenecían y durante todo el año eran temidos, respetados y adulados. Eran los primeros en la mesa y en la cama en esa cultura familiar monárquica-patriarcal.

Hoy, a pesar de los resabios que todavía permanecen de esa mentalidad patriarcal, afortunadamente ya no es así. Hemos evolucionado lo suficiente para creer que una mujer tiene la misma capacidad -o más- para gobernar nuestro país, y los padres podemos celebrar `nuestro único día' sin sentirnos culpables de un patriarcalismo injusto y explotador.




Egresado de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Director del Centro de Psicología y Psicoterapia S. A. DE C.V.