Día de San Policarpo
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Hoy recordamos la muerte de San Policarpo, o más bien su nacimiento a la santidad. Resumo aquí lo que dice Butler en su santoral.
La multitud gritaba: "¡Mueran los enemigos de los dioses! ¡Muera Policarpo!".
Tres días antes de su martirio tuvo una visión en la que aparecía su almohada envuelta en llamas; esto fue para él una señal de que moriría quemado vivo como lo predijo a sus compañeros.
Cuando los perseguidores fueron a buscarle, cambió de refugio, pero un esclavo, a quien habían amenazado si no le delataba, acabó por entregarle.
El santo no se entregó, sino que esperó a que le arrestaran los perseguidores igual que Cristo. Herodes, el jefe de la policía, mandó por la noche a la caballería a que rodeara la casa en que estaba escondido Policarpo; éste se hallaba en la cama, y rehusó escapar, diciendo: "Hágase la voluntad de Dios".
Descendió, pues, hasta la puerta, ofreció de cenar a los soldados y les pidió que le dejasen orar unos momentos.
Habiéndosele concedido, Policarpo oró de pie durante dos horas, por sus propios cristianos y por toda la Iglesia; hizo esto con tal devoción, que algunos de los que habían venido a aprehenderle se arrepintieron de haberlo hecho.
Montado en un asno fue conducido a la ciudad; en el camino se cruzó con Herodes y el padre de éste,
Nicetas, quienes le hicieron venir a su carruaje y trataron de persuadirle de que no "exagerase" su cristianismo: "¿Qué mal hay -le decían- en decir Señor al César, o en ofrecer un poco de incienso para escapar a la muerte?".
"Señor", implicaba en aquellas circunstancias el reconocimiento de la divinidad del César. El obispo permaneció callado al principio; luego respondió firmemente: "Estoy decidido a no hacer lo que me aconsejáis".
Al oír esto, Herodes y Nicetas le arrojaron del carruaje con tal violencia, que se fracturó una pierna. A la llegada de Policarpo, muchos oyeron una voz que decía: "Sé fuerte, Policarpo, y muestra que eres hombre".
El procónsul le exhortó a tener compasión de su avanzada edad, a jurar por el César y a gritar: "¡Mueran los enemigos de los dioses!".
El santo, volviéndose hacia la multitud en el estadio, gritó: "¡Mueran los enemigos de Dios!".
El procónsul repitió: "Jura por el César y te dejaré libre; reniega de Cristo".
"Durante 86 años he servido a Cristo, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo quieres que reniegue de mi Dios y Salvador? Si lo que deseas es que jure por el César, he aquí mi respuesta: Soy cristiano, y si quieres saber lo que significa ser cristiano, dame tiempo y escúchame".
El procónsul dijo: "Convence al pueblo". El replicó: "Me estoy dirigiendo a ti, porque mi religión enseña a respetar a las autoridades, si ese respeto no quebranta la ley de Dios, pero esta muchedumbre no es capaz de oír mi defensa".
El procónsul le amenazó: "Tengo fieras salvajes". "Hazlas venir -respondió Policarpo-, porque estoy absolutamente resuelto a no convertirme del bien al mal, pues sólo es justo convertirse del mal al bien".
El precónsul replicó: "Puesto que desprecias a las fieras, te mandaré quemar vivo". Policarpo le dijo: "Me amenazas con fuego que dura un momento y después se extingue; eso demuestra que ignoras
el juicio que nos espera y qué clase de fuego inextinguible aguarda a los malvados. ¿Qué esperas? Dicta la sentencia que quieras".
El santo reflejaba tal gozo y confianza y actitud. Entonces gentiles y judíos pidieron que Policarpo fuera quemado vivo. Policarpo hizo una oración y la hoguera fue encendida.
"Pero he aquí que entonces aconteció un milagro: las llamas, encorvándose como las velas de un navío empujadas por el viento, rodearon suavemente el cuerpo del mártir, que entre ellas parecía no tanto un cuerpo devorado por el fuego, cuanto un pan o un metal precioso en el horno; y un olor como de incienso perfumó el ambiente".
Los verdugos procedieron a atravesar a Policarpo con una lanza; al hacerlo, brotó de su cuerpo una paloma y tal cantidad de sangre, que la hoguera se apagó.
Esto escribieron los discípulos y testigos.
jesus50@hotmail.com