Condensar el vapor y la neblina
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Mañana se empieza a condensar el vapor o la neblina de la espiritualidad cristiana.
Un vapor que durante la última década ha generado intensidad y energía a la autocrítica al revelarse el lado humano, pecador, contradictorio del Evangelio, no solo en la vida práctica de los laicos, sino en la actuación burguesa y acartonada del clero y de la alta jerarquía.
Una neblina que trató de disimular y obscurecer la conciencia cristiana durante muchos años con pías explicaciones -"somos humanos y débiles", "la carne es débil"- que generaban una sumisión disfrazada de obediencia, una interpretación "bien intencionada" de la realidad que día a día avergonzaba y evidenciaba la contradicción con lo único importante de la Iglesia: El Evangelio de Jesús.
Ese vapor se fue convirtiendo en un gas que intoxicaba a muchos que se fueron alejando de la Iglesia que veían, la que no les inspiraba el aliento de lo sagrado y los saturaba de aburrimiento ante los rituales sin espíritu y sin el testimonio visible, tangible, ascético. Ellos se han ido en búsqueda de espiritualidad encarnada, ejercida, convivida con el vigor de la fraternidad.hasta las ONG's con su filantropía se volvieron más atractivas para ayudar al prójimo.
El Pueblo de Dios, que es la Iglesia, lleva décadas sufriendo estas contradicciones entre la Fe sin obras y las obras sin Fe, entre el amor al prójimo y las multitudes de prójimos sin amor, entre la búsqueda del Reino de Dios y la comodina satisfacción de los reinos adquiridos.
Este sufrimiento ha sido silencioso y silenciado por la vergüenza de las evidencias y las contradicciones. Los profetas (cristianos y no-cristianos) que las denunciaron, que criticaron con honestidad las costumbres antievangélicas disfrazadas de limosnas, fueron perseguidos sistemáticamente, fueron juzgados enemigos de la Iglesia y fueron condenados como revolucionarios perniciosos.
El Papa Francisco con su espiritualidad y su pobreza mañana empezará a condensar el vapor y la neblina, para convertirla en agua transparente y cristalina de verdad, de camino y de vida. Mañana será un humilde instrumento del Jesús de la historia y de la Fe. No tendrá que hacer nada extraordinario para condensar el vapor y la neblina. Jesús y su Evangelio de la Semana Santa son suficientes para catalizar sin ambigüedades ni concesiones el anhelo secreto de la espiritualidad cristiana. El Papa Francisco mañana seguirá predicando con su vida y su ministerio el Evangelio anhelado de los pobres y de la pobreza, de la verdad y de los honestos, de la justicia y de los justos, del compromiso sin excusas con el Evangelio de Semana Santa.