PGR, el plato frío de la venganza

Especial
/ 27 abril 2013

    En el tercer acto de "El Mercader de Venecia", el despiadado judío Shylock le dice a Salarino cómo es que los cristianos le han enseñado a disfrutar del placer de la venganza y consigna; "Pondré en práctica toda la vileza y maldad que he aprendido de ellos y malo será que no supere a mis maestros". Y esta ilustración vale para describir cómo es que la Procuraduría General de la República (PGR), ha sido utilizada para la persecución política, el golpeteo electoral y, lo que es peor, como un poderoso instrumento para la venganza.

    Y no debe extrañarnos que la acción penal pueda ser manipulada al antojo de aquellos que tienen el control político y administrativo del Ministerio Público. Además, es necesario reconocer que si los priístas abusaron de la procuraduría para fines aviesos, los panistas, como Shylock, superaron a sus maestros al cometer excesos nunca vistos en la PGR.

    De igual forma resulta deplorable que Marisela Morales, la primera mujer procuradora en la historia de la PGR, haya cometido tantas chicanas y pifias jurídicas, rebasando, inclusive, el escándalo de la vidente Paca Zetina y la osamenta sembrada en El Encanto, en el período de otro procurador panista, Antonio Lozano Gracia.

    Y es que la mayor infamia de Marisela Morales es haber encarcelado en penales de máxima seguridad a decenas de inocentes que sufrieron lo indecible para recuperar su libertad. Lo anterior demuestra que la PGR fue usada para la revancha política y que Marisela se prestó a los panistas como un instrumento para la venganza.

    Y vaya que doña Marisela cometió abusos que requieren el ejercicio de la acción penal. Haber falsificado pruebas para encerrar por meses y años a decenas de políticos, alcaldes, funcionarios públicos y mandos policiales y militares, fue superar en vileza y maldad al mismísimo Shylock, el personaje de Shakespeare que clamaba carne humana para cebar su venganza.

    Cierto es que también, en el siglo pasado, los priístas se valieron de la PGR para el ajuste de tuercas. Destacaron por su dureza los procuradores Carlos Franco Sodi, Fernando López Arias, Julio Sánchez Vargas y Oscar Flores Sánchez. Algunos de ellos, en su momento, recurrieron a la razón de Estado para contener a radicales y subversivos que atentaron contra el sistema, como fue el caso de Othón Salazar, un líder magisterial que en 1958 puso en jaque a la capital y que, para estar a tono, también era originario de Guerrero y normalista de Ayotzinapa.

    El declive de la PGR empezó cuando Ernesto Zedillo nombró procurador al panista Antonio Lozano Gracia, el que luego contrató a una "bruja" como auxiliar del Ministerio Público. Lo mismo sucedió cuando Vicente Fox designó a María de la Luz Lima Malvido como brazo derecho del procurador Rafael Macedo; la pobre mujer, fanática religiosa, jurídicamente se dedicó a tratar de elevar a los altares a un cardenal ejecutado.

    Igualmente, de nada sirvió a la PGR que Vicente Fox le cambiara de nombre y siglas a su policía; de "PJF" pasó a llamarse "AFI". Tampoco que Felipe Calderón la modificara a Policía Federal Ministerial (PFM). Pero luego la famosa "Colorina", procuradora de afeites y experta cosmetóloga, realizó la obra cumbre de su vida; cambiar las siglas de la "SIEDO" por las de "SEIDO". Lo anterior movería a risa loca si hoy las consecuencias de tanta babosada no fueran catastróficas. Don Jesús Murillo Karam tendrá que empezar desde los escombros.



    Columna: Reflexiones