Un gran humilde

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Especial
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La "grandeza humana" no se atribuye fácilmente a cualquier persona. Los historiadores solamente la aplican a personajes que se merecen el adjetivo de "grande" por haber cambiado la historia creando un nuevo imperio o una nueva cultura. Así aparecen los nombres de Alejandro Magno, Carlo Magno, Pedro el Grande; muy pocos porque el juicio de la historia es muy riguroso para calificar la "grandeza" humana.

Hay personajes de la filosofía y de la ciencia que a pesar de su grandeza no son calificados como tales. Nunca ha oído usted de Sócrates el grande, ni mucho menos de Newton o Einstein.

La humildad, por más admirable que sea, no se lleva con la grandeza humana, ambas son como el agua y el aceite. Por más trascendentes que sean Francisco de Asís o Teresa de Calcuta para crear una revolución de la cultura cristiana, nunca podrán ser llamados "grandes".

Lo mismo sucede con Mahatama Ghandi y Martin L. King cuya grandeza humana es tan humilde que no tolerarían el título de "grandes". Sería una contradicción intrínseca el decir: " Gandhi el Grande", a pesar de la grandeza de su revolución no sólo política sino cultural: la conquista de la independencia, no mediante la violencia bélica tradicional, sino mediante la no-violencia social.

Ayer murió un pobre y humilde negro que de acuerdo con los cánones históricos y políticos no puede ser llamado "el Grande"... porque se rebajaría su grandeza. Nelson Mandela a pesar de haber sido negro africano, que ha sido un sinónimo de esclavo, a pesar de haber sido pobre, lo cual es sinónimo de marginación social y política, y a pesar de haber estado encarcelado (y condenado a prisión perpetua) durante 27 años no se convirtió en una piltrafa humana sino que construyó con esa humildad de negro, pobre y preso, una grandeza humana que hoy admira toda la humanidad sin atreverse a llamarlo "Nelson el Grande" para no ensuciar su dignidad.

Al final de la historia de Nelson Mandela, cuando se hace el verdadero balance de sus logros, insospechados tanto por los historiadores como por la lógica de los políticos, la humanidad no sale de su asombro no solo por la independencia lograda de Sud Africa (tierra de diamantes), sino por la reconciliación posterior de negros y blancos, víctimas y verdugos, explotados y explotadores.

Sin embargo la grandeza paradójica de Mandela no radica solamente en sus logros sino en las virtudes de su persona: consistencia incondicional con su proyecto, compromiso absoluto con la libertad y la dignidad humana que hace personas e iguales a todos los hombres, tolerancia ante los adversarios y enemigos, fortaleza durante décadas ante obstáculos, fracasos y persecuciones... y sobre todo su humildad que le iluminaba constantemente el camino para no perder piso, para no desviarse de su objetivo y sobre todo para conservar su fuerza: estar vinculado con los pobres.




Egresado de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Director del Centro de Psicología y Psicoterapia S. A. DE C.V.