La Primera Dama de la Revolución
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La prensa porfirista, que fue mordaz e hiriente con el Apóstol Madero, también quiso zaherir a su esposa, doña Sara Pérez Romero, llamándola el Sarape de Madero, juego de palabras de su nombre aunado al origen coahuilense de don Francisco y al hecho de que doña Sara era inseparable de su esposo, inclusive hasta en la cárcel, asunto que honra a esta distinguida mujer nacida en San Juan del Río, hija adoptiva de Coahuila, y reconocida como La Primera Dama de la Revolución.
Hija de hacendados queretanos, Sara Pérez fue una dama con abolengo de sangre pero conciencia de pueblo. Nunca se arredró cuando, en la campaña de Madero, tuvo que pernoctar en arrabales junto a su esposo que era hostigado por los esbirros de la dictadura porfirista.
Como sucedió en 1905, en las elecciones de Coahuila, cuando la otrora colegiala de Notre Dame (California), mostró gran valor al impedir el paso de la policía en su casa de San Pedro, donde pretendían apresar a Madero por oponerse al candidato oficial.
Años después, durante la campaña presidencial, cuando Madero fue detenido en Monterrey acusado de sedición, doña Sara se mantuvo firme junto a su esposo dentro de la penitenciaría.
Después, ya todos conocemos del triunfo democrático que llevó a don Francisco a la Presidencia y luego, la traición que le arrebató el poder y la vida tras un Golpe de Estado alentado por el siniestro embajador Henry Lane Wilson.
Y fue precisamente un día como hoy, 9 de febrero, pero de 1913, que Sara Pérez Romero vio por última vez con vida a su esposo, el Presidente Madero, cuando éste salió del Castillo de Chapultepec para encabezar lo que hoy celebramos como la Marcha de la Lealtad, inicio de la fatídica Decena Trágica.
Lo volvió a ver ya muerto, el día 24, cuando ordenó abrir el ataúd para depositar dentro un crucifijo, desafiando a los verdugos que habían ordenado no abrir la caja fúnebre.
Dice Paco Ignacio Taibo que doña Sara tuvo que vender el caballo de don Francisco para pagar su entierro en el Panteón Francés. Días antes, su casa había sido saqueada y quemada por los golpistas. Después del funeral, la viuda partió a Cuba en resguardo de su vida.
Tres años después, el 15 de agosto de 1916, doña Sara dio la famosa entrevista al periodista Robert Hammond, donde prácticamente culpa al embajador Lane y al presidente Taft del Golpe de Estado y del asesinato del Presidente Madero. Doña Sara le dijo a Hammond que cuando fue a pedirle al embajador que intercediera con Huerta para que no asesinara a Madero y Pino Suárez, Wilson se encontraba en estado de ebriedad y que le mintió asegurando que nada le pasaría a su esposo.
Doña Sara falleció el 31 de julio de 1952 sin riqueza alguna. Recibía 30 pesos diarios de pensión por haber sido la esposa de un Presidente de la República. A su sepelio asistieron los exPresidentes Pascual Ortiz Rubio y Roque González Garza, así como Ernesto P. Uruchurtu, Manuel Tello y Gilberto Limón, secretarios de Gobernación, Relaciones y de la Defensa del entonces Gabinete de Miguel Alemán, los generales Juan Barragán y Francisco L. Urquizo.
En Coahuila no existe un homenaje digno a doña Sara Pérez de Madero, y es que la interpretación machista de la historia no ha permitido la entrada a ninguna mujer en la Rotonda de los Hombres Ilustres o a los muros de honor en el Congreso local, aunque se trate de la Primera Dama de la Revolución.