Reconocimiento de la bondad

+ Seguir en Seguir en Google
Especial
/

¿Por qué los declaran santos y los ponen en los altares? Cometieron errores, pecados... fueron ignorantes y se equivocaron muchas veces en sus decisiones. Juan XXIII y Juan Pablo II, como todos los Papas (desde San Pedro, él que se acobardó antes de que el gallo cantara, hasta el actual Papa Francisco) fueron imperfectos y humanos.

Canonizarlos no significa hacer un mito para satisfacción de los fanáticos, ni un ídolo o amuleto que de buena suerte. Eso no es religión, es magia o mercadotecnia. El lugar más incómodo para Juan XXIII y Juan Pablo II es colocarlos en los altares, creerse santos era algo inconcebible en su mente y en su corazón. Sin embargo a pesar de estas resistencias personales y de sus celestiales protestas, el próximo domingo serán canonizados.

Sin disminuir los méritos y la estatura espiritual de Juan Pablo II, hay una razón por la que será canonizado Juan XXXIII: fue llamado (y considerado) el Papa Bueno.

El fue un hombre bueno y hasta un Papa Bueno lo cual no es nada fácil. La bondad humana no es actualmente una característica atractiva. Hay que intentar ser otras cosas antes de ser bueno: ser inteligente, exitoso, rico, bello, culto, sensible, autorrealizado, libre e independiente y todos los demás adjetivos que promueven tanto la mercadotecnia como la superación personal. Ser bueno es anacrónico, inútil... es casi sinónimo de acomplejado, retraído, inhibido... lo único a lo que pueden aspirar los perdedores. Se puede aceptar ser bueno para algo, pero ser bueno con los demás, compartir, ayudarlos, comprenderlos... difundir el bien y lo bueno como tarea cotidiana es tarea de santos.

Y Juan XXIII no solo fue bueno por su sonrisa permanente en la que todos reconocían una bondad  incondicional, sino por la radicalidad de sus decisiones motivadas por esa bondad que siempre tenía presente al hombre y sus necesidades por encima de lo demás.

Esa bondad lo llevó a convocar el Concilio Vaticano II para renovar a la Iglesia...dirigirla al servicio de todos los hombres sin distinción... atender las necesidades humanas (no solo las espirituales)... ayudarla a vivir en las circunstancias del mundo moderno. Fue la convocatoria a un cambio radical y milenario: en lugar de una Iglesia encerrada en sí misma y en sus bienes espirituales, convocó a ser un nuevo Pueblo de Dios sin miedos ni pesimismos, abierto para encontrarse con el hombre y para compartir su bondad.

Gracias a esa convocatoria la Iglesia no solo identifica y es cuestionada por sus maldades y errores de adaptación al hombre de hoy, sino que pretende ser buena y compartir su servicio, su Buena Nueva y sus misterios que nutren y elevan al hombre.

Al Papa Bueno lo canoniza una Iglesia pecadora que quiere ser buena como él fue.




Egresado de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Director del Centro de Psicología y Psicoterapia S. A. DE C.V.