Entre la suerte y la muerte

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Especial
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    En Parras de la Fuente poco se ha sabido del accidente que estuvo a punto de enlutar a decenas de hogares en ese municipio, y lo peor es que nadie le ha dado importancia a lo ocurrido en la guardería del DIF en esa ciudad, evento que pudo ser la segunda catástrofe de magnitud ABC en todo México, tragedia que por mera suerte no ocurrió, pero que puso en riesgo la vida de medio centenar niños a punto de morir como sucedió en la guardería de Sonora.

    Y usted disculpe el tono dramático con el que ha iniciado esta columna, pero es inaudito ver la poca importancia que se le ha dado al accidente en donde el tanque estacionario de gas en la guardería del DIF, fue sobrecargado hasta el punto de hacer volar la válvula de seguridad, lo cual, provocó una fuga de combustible que invadió la guardería repleta de infantes que afortunadamente, se salvaron de morir quemados en una conflagración.

    Y aquí no se trata de hacer escándalo con algo que pudo tener consecuencias funestas, se trata de reflexionar sobre la magnitud de una tragedia que pudo ser el caso de la Guardería ABC.

    Y es que sería muy lamentable que por un descuido de burócratas segundones, el alcalde de Parras, Jorge Dávila Peña, tuviera que enfrentar un problema de esas dimensiones.

    Por eso es necesario ser más claro y menos acróstico para señalar al responsable del peligroso incidente; Armando Aguilar García, director de Protección Civil en Parras, un sujeto con antecedentes de inestabilidad mental, sin el perfil requerido para la delicada encomienda donde, por omisión, ha sido responsable de accidentes fatales que no debieron ocurrir.

    Aquí hemos señalado en otras ocasiones al señor Aguilar, cuando, por andar organizando pachangas a los jefes, se han ahogado turistas en los estanques de Parras, hecho que volvió a ocurrir en esta Semana Santa, tragedia recurrente por la criminal negligencia de Armando Aguilar.

    Ya es habitual escuchar por la frecuencia de radio cuando el citado Aguilar, en completo estado de ebriedad, gira instrucciones absurdas como funcionario de Protección Civil y, de igual forma, se le ha visto conducir alcoholizado por las calles de Parras.

    Hace pocos días, a la activista Socorro Aguirre, así como a la maestra Tania Rodríguez, el beodo director las persiguió con torreta encendida debido a que estas aguerridas e insumisas mujeres, con justificada razón, le gritaron ratero al ex alcalde Evaristo Madero, pero cuando Soco y Tania confrontaron al cobarde sujeto, con la voz pastosa y exudando alcohol, no pudo explicar el motivo de la persecución, siendo que ni él es policía, ni su amo Evaristo es alcalde, a menos que lo sea de facto.

    Y esto es lo que no debe tolerarse en Coahuila, donde urge normar el perfil de los directores de Protección Civil, que deberían ser profesionales en la materia, no lambiscones de oficio y beneficio, como sucede en el caso de Parras.

    Porque definitivamente, la vida de medio centenar de niños en una guardería no debe estar pendiendo de un frágil hilo de la suerte, pues no hay que olvidar que en ocasiones la muerte, no es más que la suerte con una letra cambiada, y que en el caso de la guardería de Parras, poco faltó para que esa letra tuviera el intercambio fatal.




    Columna: Reflexiones