El adulto del mañana
COMPARTIR
El adulto de hoy fue el niño de ayer. El niño de hoy será el adulto de mañana.
La esperanza de un mañana mejor depende del niño de hoy y de los que lo eduquen: padres, maestros, abuelos, tíos. Todos estos educadores conforman un sistema educativo de creencias y costumbres que determinan la educación que recibe cada niño diariamente.
Este modelo educativo familiar es el que va forjando cada día la manera de ser, de pensar y de apasionarse en la vida. El sueño de un niño de ser médico, astronauta, futbolista o cantante no es resultado de sus genes sino de los mensajes verbales o no verbales (con el ejemplo) que recibe de su sistema familiar y comunitario. Ese sistema familiar lo determina a elegir una manera de relacionarse con los demás, de participar sanamente con ellos o de conducirse de manera neurótica: yendo contra la gente, dependiendo de la gente, o aislándose de la gente como sabiamente lo sintetizó Karen Horney.
Actualmente el modelo educativo y el ambiente familiar están determinados por las condiciones laborales de tal manera que no solo el sueño y la alimentación del niño están subordinados a los horarios y necesidades de la empresa, sino que la nutrición de su inteligencia y habilidades, de las necesidades del espíritu (religión, arte, cultura, ética, etc.) están condicionadas al tiempo que les sobre a unos padres abrumados por las exigencias competitivas laborales del entorno político y globalizado.
La palabra guardería es un indicador de esta desnutrición infantil. Se piensa que ese lugar va a sustituir al ambiente familiar, cuando en realidad, como su nombre lo indica, ahí solamente guardan al niño como un objeto que requiere alimentos y actividades que lo entretengan, y no una nutrición que desarrolle su personalidad.
Si los padres (y los legisladores) supieran que en los primeros 10 años de la vida de un niño queda establecida toda su estructura neurológica (el hardware cerebral) que va gobernar el resto de la vida del adulto, no abandonarían tan fácilmente a sus hijos y al proceso de educarlos.
Desgraciadamente la ignorancia de esta información científica determina el abandono que sufren nuestros niños y que tanto los políticos, como los empresarios y los educadores tratan de compensar con actividades que no solo no lo resuelven, sino que lo disimulan con discursos románticos y melancólicos de la niñez.
La desnutrición mental, académica, física (la obesidad también es una desnutrición) y social que sufren nuestros niños y que se manifiesta en el caos mental que sufren los adultos tiene una causa estructural: La familia. Esa que antes era el fin más importante del adulto, hoy se ha convertido en un simple medio, en un peón del ajedrez político y financiero, en una fábrica de mano de obra barata cuyo éxito se mide con tener coche, casa de INFONAVIT y una raquítica canasta básica.
En este CON-TEXTO no es de extrañar que el modelo educativo y el ambiente familiar hoy sean dictados por una cultura metalizada, obesa de consumibles y con complejo de hormigas. Es un modelo y un proceso que anula la personalidad del niño de hoy... y el adulto del mañana.