La tarea... que no se acaba
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Terminada la larguísima etapa de aprobación de las reformas estructurales y sus leyes secundarias, derivadas del Pacto por México que el presidente Enrique Peña Nieto impulsó al inició de su gestión, no son pocos los analistas que buscan determinar cuál es la reforma más importante.
Ocioso, quizá, pueden darse argumentos en un sentido y en otro para esgrimir que está o aquella reforma impactará de manera más determinante en la vida de los mexicanos.
Así, no falta quien sostiene que la reforma a las telecomunicaciones dotará a la ciudadanía mexicana de instrumentos que le permitirán conectarse con mayor eficacia con el mundo entero, lo que la hará una sociedad bien informada y, por tanto, más competitiva y madura.
Puede ser. Pero tampoco suenan mal los argumentos que enarbolan quienes creen que la reforma energética es la más importante, por tanto que acabó con un gastado paradigma que mantenía al País históricamente anclado a un pasado alejado de nuestra realidad actual.
Estas dos reformas son trascendentes, además, porque se da por sentado que serán potentísimos imanes que atraerán inversiones nacionales y extranjeras, que posibilitarán un despegue económico que mejorará la calidad de vida de la mayoría de los mexicanos.
Hay, no obstante, voces que ven en la reforma educativa, el acuerdo más importante de entre los alcanzados en el Congreso de la Unión en los últimos meses.
Los convencidos de ello, señalan que la Educación sigue siendo el único camino que permite la competitividad y el crecimiento personal y social, lo mismo en los aspectos materiales, que en los intelectuales y emocionales.
Eso, quizá, explica el impacto que las evaluaciones, los censos y los análisis al sector educativo nacional, tienen en todos los sectores sociales y hasta genera enfrentamientos entre grupos que buscan que las cosas sigan como están y los que urgen a la transformación del modelo de enseñanza en México.
Los recientes análisis realizados por el grupo “México Evalúa”, que revisó los resultados del Censo Educativo hecho por la SEP y el INEGI identificaron un dispendio tal en la nómina magisterial, que Claudio X. González, presidente de Mexicanos Primero, lo calificó “el robo del siglo”.
Ese asunto, desde luego debe resolverse y eliminarse, pero otros aspectos que detectó el censo son relativamente sencillos de resolver y bien podrían ayudar a mejorar la educación básica en México en corto tiempo.
Y es que, no debe ser tan difícil que en Coahuila, por ejemplo, se conecte a más de mil escuelas que no tienen red de drenaje, a 530 planteles carecen de agua corriente, a 140 que no tienen sanitarios.
Son 144 planteles los que cuentan con un techo inadecuado, 129 no tienen energía eléctrica, 19 escuelas cuentan con paredes inadecuadas y por lo menos 15 tienen piso de tierra. ¿No pueden atenderse esos pequeños-grandes problemas para que los niños estudien mejor?