La maravillosa niña Malasaña

Especial
/ 9 agosto 2014

    Mujeres peligrosas (y 4)

    La niña nació por el rumbo de las Maravillas, una grata coincidencia porque ella en sí misma lo fue, una maravilla de mujer. Manuela Malasaña Oñoro vino al mundo en este barrio de Madrid el 10 de marzo de 1793, y allí mismo murió de manera trágica a los 15 años de edad, en la batalla del 2 de mayo de 1808, cuando los españoles se rebelaron contra el ejército invasor de Napoleón, que pretendía derrocar a la Casa de Borbón para imponer en el trono de España a su propio hermano, José Bonaparte.

    Y fue en esta guerra que la jovencita Manuela, junto a su padre, el panadero Juan Malasaña, así como su madre, doña Marcela Oñoro, decidió enfrentarse al ejército francés y a sus mercenarios Mamelucos, los más temidos guerreros de Asia Central.

    Francisco de Goya inmortalizó la rebelión del 2 de mayo en su cuadro La carga de los Mamelucos, donde el pintor retrata la violencia extrema del conflicto.

    Y es que en las obras de Goya es posible percibir el odio atávico de los españoles en su lucha contra los mamelucos, como si se tratara de los moros que por ocho siglos habían dominado a España. De hecho, los mamelucos también eran guerreros musulmanes que por centurias habían servido a califas y sultanes, y que ahora estaban al servicio de uno de los genios militares más grandes de la historia, Napoleón Bonaparte.

    Además los mamelucos iban bien armados con trabuco, cimitarra, pistola, lanza, puñal curvo y un hacha en la silla de montar. En cambio los españoles contaban con pocas armas de fuego y se valían más de navajas, cuchillo y piedras.

    Arturo Pérez Reverte, en su libro Un día de cólera (2007), relata que antes del enfrentamiento, en los barriosde Madrid se pudo escuchar el clásico clac, clac, clac de las navajas al abrirse y de igual forma pudo verse el brillo helado de lascachicuernas albaceteñas de siete muelles que los vecinos empuñaron para enfrentar a dragones y mamelucos.

    Asimismo, el escritor destaca el valor de las mujeres contrael ejército francés: La maja Ramona García en la recarga de fusiles; Clara del Rey apoyando a los artilleros; Benita Pastrana rescatando heridos y la malagueña Juana García batiéndose en combate.

    Y en el fragor de la batalla, una muchacha quinceañera de oficio tejedora, cruza de manera temeraria la línea de fuego sin inmutarse por las descargas de los franceses, es la niña Malasaña que lleva munición para su padre y otros paisanos que disparan contra el enemigo, varias veces desafía a la muerte llevando los pertrechos hasta que una descarga cerrada de fusilería la deja inerte en plena calle. Los vecinos confirman la tragedia; se trata de Manolita Malasaña.

    En 1887 Eugenio Álvarez Dumont pintó el cuadro Malasaña y su hija. Pérez Reverte lo lleva a la portada de su libro. En la pintura se ve a Juan Malasaña luchando contra un dragón francés mientras su hija Manola yace muerta. Es apenas una niña, una heroína a su tierna edad, toda una maravilla de mujer.

    Y desde entonces las mujeres se han vuelto peligrosas. Desde que dejaron de ser Penélopes tejiendo arrinconadas esperando a su Odiseo. Hoy emprenden ellas sus propias odiseas. Como las coahuilenses que pronto contenderán por una diputación federal. A ellas va dedicada esta serie de Mujeres peligrosas.




    Columna: Reflexiones

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