La importancia del debate

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Especial
/ 18 septiembre 2014

Hace unos días tuve el honor de que el maestro Carlos Arredondo Sibaja me invitara a formar parte del jurado de la Primera Competencia Nacional de Debate sobre Derechos Humanos, que organizó la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC en conjunto con la Comisión Nacional de Derechos Humanos. En lo personal, quedé gratamente sorprendido por alto nivel de todos los participantes, al grado que llegué a preguntarme: ¿por qué no se pueden ver este tipo de debates entre las personas que se dedican de tiempo completo a la política?

Mientras que los estudiantes de licenciatura de todo el país demostraron que tienen la capacidad para desarrollar y transmitir argumentos sólidos al abordar los problemas públicos que afectan a la sociedad, los políticos mexicanos siguen basando sus campañas en spots vagos y generales que apelan a la emoción y no a la razón, las campañas rara vez van más allá de los lugares comunes: más empleos, mejor educación, más seguridad, mayor cercanía con la gente, etc..., el problema es que todas las campañas ofrecen cosas muy similares, si uno contrasta los trípticos, los folletos o los spots de los candidatos, siempre hay entre un 60 por ciento y un 90 por ciento de propuestas que se parecen. 

La mayor parte de los candidatos en México rehúyen al debate, porque debatir implica conocer a profundidad los problemas públicos, también requiere reunir evidencia para darle soporte a tus posturas, de igual forma exige tomar posiciones concretas y lo más importante, deja abierta la puerta a que los contrarios ofrezcan mejores alternativas o ataquen las propuestas que has presentado. En resumen, a muy pocos políticos les gusta debatir, porque ello implica riesgos y los obliga a comprometerse con posiciones o con acciones en concreto, de tal forma que pierden gran parte de la discrecionalidad que tenían cuando sólo asumían compromisos generales.

Otro problema es que las mismas reglas de acceso a los medios de comunicación ayudan a que los candidatos eviten el debate, como éstos reciben tiempo en radio y televisión en segmentos de 30 segundos, es difícil que los candidatos puedan desarrollar una propuesta en tan poco tiempo, por lo que la gran mayoría termina utilizando promesas generales que apelan a las emociones.

A pesar de lo anterior, los debates son un instrumento de gran utilidad para los ciudadanos, sobre todo para los que desean analizar a fondo las propuestas de los candidatos a un puesto de elección popular. En los debates no sólo se pueden comparar las posiciones concretas de cada uno de los aspirantes, también se puede analizar el conocimiento que éstos tienen de los problemas públicos e incluso es posible identificar inconsistencias en las posiciones de algunos candidatos. Sí deseamos elegir a mejores gobernantes necesitamos conocer sus posturas con el mayor detalle posible y eso no se puede lograr viendo spots, leyendo trípticos o incluso asistiendo a mítines, mientras que en un debate se pueden analizar los argumentos con mayor detenimiento.

Debido a lo anterior, es lamentable que en la mayor parte de las campañas los candidatos nunca debatan entre sí y también hay debates no reciben mucha cobertura de los medios. Por ello, sería importante que desde la ciudadanía se planteé la posibilidad de que se reformen los ordenamientos legales, para permitir el tránsito de un esquema basado en spots cortos a otro esquema en donde el tiempo en radio y televisión de los partidos se utilice en segmentos más largos, ya sea para la realización de debates entre los candidatos o para spots de mayor duración, en donde los aspirantes puedan explicar sus propuestas con mayor detalle.

No se trata de darle más tiempo de radio y televisión a los partidos, lo que debe cambiar es la forma en la que se utilizan esos tiempos, así en lugar de tener decenas de spots al día con mensajes generales, los candidatos tendrían unos cuantos segmentos al día pero de mayor duración, por ejemplo, unos tres o cinco minutos en cada segmento, también parte de esos tiempos se pueden utilizar para transmitir debates entre los candidatos, los cuales podrían ser organizados por las autoridades electorales, así los ciudadanos tendrían una mayor probabilidad de oír argumentos más desarrollados y propuestas más concretas.

Finalizo felicitando a la Dirección de la Facultad de Jurisprudencia y al comité organizador de la Primera Competencia Nacional de Debate sobre Derechos Humanos por el importante esfuerzo que realizan al acercar a los futuros profesionistas con la cultura del debate, ya que necesitamos que más ciudadanos vean como algo natural el contraste y la discusión de la ideas como un elemento fundamental para la toma de las decisiones públicas.

victorsanval@gmail.com

@victorsanval




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