La depresión decembrinaecos de
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Según la psicóloga María Luisa Gaytán, una de cada 4 personas caen en depresión el último mes del año.
Se puede manifestar en tres sentimientos: culpa, traumas de la niñez y la pérdida de personas o cosas.
El sentimiento de culpa se debe a que no se cumplieron los propósitos o metas del periodo que termina. La psicóloga dijo: Yo diría que en diciembre pasa como en un taller de reparación, una semilla que se prepara para ser fuerte.
Coincido con su comparación. Le agregaría que en diciembre hacemos un alto obligado en el camino, y en ocasiones nos damos cuenta que hemos estado corriendo, pero en la dirección equivocada; cuando nos percatamos de ello sobreviene la culpa mencionada.
La profesionista recomiendó hacer una lista de esos propósitos y resolverlos, replantear los objetivos en cada una de los roles de la persona: Qué quiero en lo personal, en lo familiar, en lo económico, en lo emocional y en lo espiritual.
Esto, aunque parece sencillo, cada vez es más difícil lograrlo, vivimos en un mundo lleno de distracciones: mensajes de correo electrónico, guatsapp, Facebook, celular, televisión, música, etc.
Algunas personas se deprimen si no les dan un me gusta en Facebook, o no les llega un guatsapp, son las personas que se la pasan sobando a su celular, en lugar de acariciar a sus hijos y familiares, personas que dependen de un teléfono para sentirse conectados por miedo a ser excluidos, acaban sintiéndose vacíos, estresados y desconectados de sus seres más cercanos.
La dieta ya no solo debe ser de alimentos, sino una dieta mediática. Necesitamos darnos cuenta de que no nos pasa nada si no utilizamos el celular.
Varios autores coinciden en que actualmente la habilidad más valiosa es la de saber decir no. Normalmente se nos presentan asuntos que demandan de nuestro tiempo, recursos y energía, todos éstos son limitados, por eso enfocarse en lo importante se convierte en un requerimiento para sobrevivir.
Lo primero es determinar cuál es nuestro sueño, nuestra visión, imaginarnos a dónde queremos llegar, es decir, encontrar la brújula que va a guiar nuestros pasos.
Un buen número de nuestras actividades debería estar alineado a ese propósito superior, por lo que habremos de declinar muchas otras cosas que nos apartan de nuestra visión.
Tenemos que elegir las batallas que vamos a pelear, los asuntos que si los resolvemos tendrán un impacto significativo en nuestras vidas, pero esto no es suficiente, necesitamos actuar con disciplina para no desviarnos del rumbo.
Esa visión que tenemos, se tiene que traducir en estrategias y objetivos medibles, en acciones concretas y específicas en el tiempo.
Se tienen que convertir en hábitos, en rutinas y rituales que seguimos diario, luego debemos ir midiendo los avances hacia esas metas y objetivos para corregir el rumbo cuando nos desviemos.
Lo que no se mide, no se puede mejorar. De esta forma nos podemos preparar para no terminar deprimidos en estas épocas.
jesus50@hotmail.com