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Esteban Castro (reporteindigo.com)
¿Por qué todos deseamos un beso? Detrás de este acto sensorial existen factores que nos permiten entenderlo. Esta es La Ciencia del Beso.
¿Qué es un beso?  En términos concretos es simplemente un código social. Pero todos sabemos que un beso es mucho más que eso.  Puede ser definido científicamente como la unión boca a boca de dos individuos o la presión de los labios sobre alguna parte del cuerpo de otra persona.  

Existe una categoría más amplia que son los comportamientos similares a la osculación, que incluye el frotamiento de narices o el olfatear a otra persona, para establecer intimidad.   La importancia de un beso es difícil de explicar, todo depende de las circunstancias en las que se da. Por cada beso que recuerdas has dado 50 que no se registraron en tu mente.  

La invariabilidad de un beso es lo que requiere que tengamos una aproximación científica a este acto tan común para la mayoría de la humanidad.  

Ésta es justo la motivación detrás del esfuerzo de Sheril Kirshenbaum, investigadora de la University of Texas, para sumergirse en los procesos químicos y el desarrollo histórico del beso. Sus resultados están plasmados en el libro La Ciencia del Beso (The Science of Kissing). Sin duda, el texto definitivo en la materia.  

Este libro cuenta la historia del intercambio más íntimo de las personas. Besar puede ser arte, pero detrás de eso, hay toda una ciencia que explorar.

 

Definición científica de un beso

"La orientación boca a boca de dos individuos o la presión de los labios de una persona contra el cuerpo de otra persona", Sheril Kirshenbaum.

¿Quién es Sheril Kirshenbaum?

Sheril Kirshenbaum es una  bióloga investigadora en la Universidad de Texas. Sus textos se publican en algunas de las revistas más prestigiosas de Estados Unidos como The Nation y Science. Regularmente contribuye en el blog The Intersection en el sitio de la revista Discover.

 

La historia de los besos

Demostrar científicamente cuál fue el punto exacto en el que besarse fue originado en la humanidad es imposible. No tenemos el diario personal de Lucy para comprobar quiénes fueron sus intereses románticos de hace millones de años.

La primera mención de un beso en un texto antiguo se da en el 1500 a. C., dentro del Atharva-Veda, los textos sagrados en sánscrito que dan origen a la religión hinduista.

Hace tres  décadas, antropólogos concluyeron que besar era una práctica común en  90 por ciento de las culturas alrededor del mundo. El que sea tan común lo vuelve  práctica con significado evolutivo.

Algunos científicos creen que besarse fue el producto de individuos que se olfateaban los unos a los otros para reconocerse. Sin embargo, esto no evita que surga la pregunta:

¿Es un beso algo instintivo o una conducta aprendida por los humanos?

 

El debate entre si besar es una actividad que viene ya codificada en nuestros genes o si es una actividad cultural que aprendemos a través de la observación lleva siglos.

Para Charles Darwin, es algo más parecido a lo primero. En su libro de 1872 The Expression of Emotions in Man and Animals (La Expresión de Emociones en el Hombre y los Animales), el padre de la evolución concluye que el besarse es producto de un deseo innato de ser reconocido, establecer una relación y de "recibir  placer del contacto cercano con una persona amada".

Sin embargo, los significados de un beso y su popularidad han variado a lo largo de la historia. Por ejemplo, el sentido del beso como una actividad meramente placentera fue interrumpida por un tiempo en Europa durante la Edad Media. En ese tiempo un beso era simplemente usado para que los siervos, que no podían leer, sellaran contratos y acuerdos. Un beso era una simple transacción.

La globalización ha hecho que, a pesar de que existen aún muchas maneras de besar, un beso "hollywoodense" es el concepto que tenemos la mayoría.

 

La fisiología de los besos

Un beso es un intercambio de información sensorial a través del gusto, el olor, el tacto y otros mensajeros químicos silenciosos llamados feromonas.

Este intercambio, a pesar de que mientras realizamos la actividad misma no lo razonemos, nos ayuda a tener pistas sobre el nivel de compromiso de la pareja e incluso su posible compatibilidad para la producción de descendencia. Todo eso pasa en segundos.  Sin que nuestra mente lo esté considerando, nuestro cuerpo ya está tomando decisiones.

Para encontrar la ciencia del beso, el enfoque en el cuerpo y sus reacciones más allá de las razones de su origen. Este es el punto más importante en el libro de Kirshenbaum. Y, científicamente, los besos no se registran solo en los labios.

Aún antes de que los labios se encuentren, nuestro cuerpo ya está trabajando. Primero a partir de nuestros ojos. De acuerdo a un estudio de Arthur Aron de la Universidad de Nueva York, en el que hacía que parejas se miraran fijamente por cuatro minutos,  mirar a los ojos a una potencial pareja impacta directamente el enamorarse. Nuestra nariz también juega un papel vital, debido a las glándulas sébaceas -concentradas alrededor del rostro y cuello- que secretan una sustancia llamada sebum, la responsable de que cada persona tenga un olor particular.

Ya una vez que un beso se ha dado, las hormonas comienzan a trabajar.

La oxitocina, la cual se encarga de crear sentimientos de cariño, por lo que se le concoce como la hormona del amor, tiende a fluir en el torrente sanguíneo cuando nos besamos.

Al terminar el beso se produce un aumento de serotonina,  la responsable de la sensación que no te permite dejar de pensar en la persona que has besado.

Ya lo decía Einstein: "Cualquier hombre que puede manejar de forma segura mientras besa a una chica, no le está dando al beso la importancia que merece".

 

¿Qué significado tiene un beso?

No es una novedad, pero los estudios de Kirshenbaum prueban que cada uno de los sexos ve de manera sorprendente lo que significa besarse.

Las mujeres ven el besarse como una manera de medir la probabilidad de establecer un relación fija. Además, valoran más la experiencia de besarse antes, durante y después de un encuentro sexual.

Los hombres por el contrario, ven besarse no como un fin, sino como un medio para llegar a algo más. Por eso no es casualidad que si el primer beso con una nueva pareja no se siente bien, solo el 59 por ciento de los hombres rompe relaciones con ella. Mientras que las mujeres lo hacen en un 66 por ciento de los casos.

 

Besos rojos

De acuerdo a Vilayanur Ramachandran, neurocientífico de la Universidad de California, nuestros ancestros desarrollaron la habilidad de detectar el color rojo más fácilmente.Esto con la finalidad de detectar frutos maduros dentro del verdor de la selva y los bosques.

El rojo se convirtió en sinónimo de recompensa e hizo que nuestros ancestros se enfocaran en los labios evertidos (hacia afuera) de sus similares, en los que esa tonalidad era detectable. Los labios también se volvieron una recompensa. Esto sustenta el hecho de que al ver el color rojo el pulso de nuestro cuerpo tiende a acelerarse.

Algo que los mercadólogos (así como Ferrari y Coca Cola) han sabido aprovechar.

 

¿Recuerdas cómo fue tu primer beso?

De acuerdo a Kirshenbaum, nuestro primer beso es una de nuestras memorias más vívidas, incluso más que perder la virginidad.

Es un recuerdo tan importante que hay personas que pueden recordar hasta el 90% de los detalles de ese momento.

El 66 % de las personas inclinan la cabeza a la derecha para besarse.

Podemos recordar hasta el 90 % de los detalles de nuestro primer beso.

Sólo una de cada siete mujeres tendría sexo con alguien a quien previamente no ha besado.
FUENTE: Revista Evolutionary Psychology

Fuente: Reporte Indigo