El futuro del coronavirus...y de la humanidad, ¿qué nos depara con la pandemia?

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/ 14 octubre 2021

Lucha contra el COVID apenas inicia, el virus seguirá mutando; habrá que adecuar vacunas

El 9 de enero de 2020, aproximadamente una semana después de que el mundo supo que había una misteriosa serie de casos de neumonía en la región central de China, las autoridades anunciaron que los científicos habían identificado al culpable: un nuevo coronavirus.

Fue un anuncio serio y de una familiaridad preocupante. Casi dos décadas antes, otro coronavirus había saltado la barrera de las especies y se había propagado con rapidez por el mundo, causando una nueva enfermedad letal llamada síndrome respiratorio agudo grave, o SRAG. El virus, que se llegó a conocer como SARS-CoV, mató a 774 personas antes de que las autoridades sanitarias lograran contenerlo.

Sin embargo, con todo y las inquietudes de los médicos de que la historia podría repetirse, había un rayo de esperanza. Aunque los virus evolucionan, se sabe que los coronavirus son relativamente estables y cambian más lentamente que el virus del resfriado común.

Me parece que la impresión generalizada era que esta característica nos daría cierta ventaja y que quizá no enfrentaríamos la peor situación posible: que se comportara como el virus de la influenza, que no deja de cambiar, por lo que es necesario actualizar la vacuna todo el tiempo”, comentó Adam Lauring, experto en virus y médico dedicado al estudio de enfermedades infecciosas en la Universidad de Míchigan.

Incluso para un virus, la evolución es un proceso a largo plazo, por lo que nuestra relación con el SARS-CoV-2 todavía se encuentra en sus primeras etapas. Es extremadamente improbable que logremos erradicar este virus, en opinión de los científicos, y es difícil predecir cómo serán los siguientes años... y las siguientes décadas.

No obstante, la experiencia de epidemias pasadas, así como algunos principios básicos de biología, nos dan ciertas claves acerca de lo que podría deparar el futuro.

LA LOTERÍA GENÉTICA

Los virus son máquinas de reproducción que toman posesión de nuestras células y las utilizan para hacer copias de sus propios genomas. Algunas veces, cuando se reproducen cometen pequeños errores, que podrían compararse a un dedazo cuando escribimos a máquina.

Entre los incontables cambios que puede realizar el coronavirus, las tres posibilidades preocupantes son que se haga más transmisible, que sea más hábil para evadir nuestro sistema inmunitario o que se haga más agresivo y produzca enfermedades más graves.

SARS-CoV-2 ya se hizo más transmisible. “El virus es más hábil para transmitirse de una persona a otra que en enero de 2020”, explicó Jesse Bloom, experto en evolución viral del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson en Seattle. “Esto se debe a una variedad de mutaciones que adquirió el virus, de las cuales solo comprendemos algunas”.

A medida que el virus se fue propagando, aparecieron más mutaciones, que dieron origen a variantes todavía más transmisibles. Primero apareció la variante alpha, que era aproximadamente un 50 por ciento más infecciosa que el virus original, y poco después la delta, que es casi un 50 por ciento más infecciosa que la alpha.

Sin embargo, los científicos no esperan que este proceso se prolongue indefinidamente.

EVADIR LA INMUNIDAD

Además de hacerse más transmisibles, algunas variantes también se han hecho más hábiles para evadir a algunos de nuestros anticuerpos. Los anticuerpos encargados de evitar que el virus entre a nuestras células están diseñados para acoplarse a moléculas específicas de la superficie del virus, que se ajustan como piezas de rompecabezas. Por desgracia, algunas mutaciones genéticas del virus pueden cambiar la forma de esas áreas donde se empalman.

“Si cambia esa forma, al anticuerpo puede resultarle imposible hacer su trabajo”, explicó Marion Pepper, inmunóloga de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington.

Al parecer, la variante delta evade a algunos anticuerpos, pero hay otras variantes, en particular la beta, que son todavía más hábiles para evadir estas defensas. Por ahora, la variante delta es tan infecciosa que ha logrado ganarles terreno a estas variantes más escurridizas, por lo que ha limitado su propagación.

La buena noticia es que hay muchos tipos distintos de anticuerpos, así que no es muy probable que una variante con solo unas cuantas mutaciones nuevas se les escape a todos, enfatizan los expertos.

‘NO LE INTERESA MATARNOS’

Lo más difícil de predecir es si el virus se volverá más agresivo, es decir, si provocará una enfermedad de mayor gravedad, afirmaron los científicos. A diferencia de la transmisibilidad o la evasión del sistema inmunitario, hacerse más agresivo no ofrece ninguna ventaja evolutiva inherente.

“Al virus no le interesa matarnos”, aclaró Metcalf. “Al virus solo le interesa ser más agresivo si así mejora la transmisión”.

Ya que quizá sea menos probable que las personas hospitalizadas propaguen el virus que aquellas que caminan por ahí con un resfriado, existe la teoría de que los nuevos virus templan su agresividad con el paso del tiempo.

Es muy pronto para decir si el SARS-CoV-2 se hará más virulento en el largo plazo. Sin duda, podría cambiar la balanza entre agresividad y transmisión; las variantes que producen enfermedades muy graves muy rápido quizá no se propaguen de manera significativa.

Claro que hay que recordar que este virus se propaga antes de que las personas enfermen de gravedad. Mientras siga siendo así, el virus podría hacerse más agresivo sin sacrificar su eficacia de transmisión.

Es más, las mismas características que hacen más infeccioso al virus (una reproducción más rápida o un mejor acoplamiento con nuestras células) también podrían hacerlo más agresivo. De hecho, algunas pruebas parecen indicar que es más probable que la variedad delta requiera hospitalización que otras variantes.

EQUILIBRIO INCÓMODO

Aunque todavía hay muchas posibilidades abiertas, lo que sí sabemos es que el SARS-CoV-2 no dejará de evolucionar, por lo que la carrera armamentista que tenemos con el virus apenas comienza.

Perdimos las primeras rondas, cuando le permitimos al virus propagarse con total libertad, pero todavía contamos con armas poderosas para la batalla. Las más notables son unas vacunas de gran efectividad que se desarrollaron a una velocidad récord.

Incluso las vacunas de primera generación ofrecen protección sustancial contra la enfermedad, y hay muchas opciones para mejorarlas, ya sea mediante cambios en las dosis y los plazos, con ajustes específicos para nuevas variantes o el desarrollo de nuevos enfoques, como aerosoles nasales, que puedan funcionar mejor para detener la transmisión.

A fin de cuentas, conforme baje el ritmo de la evolución viral y nuestro sistema inmunitario se ponga al día, los científicos predicen que lograremos un equilibrio incómodo con el virus. Nunca lo extinguiremos, pero despedirá humo más que flamas.

No es posible saber con exactitud cómo será ese punto de equilibrio, es decir, en qué nivel de transmisión y enfermedad quedará. Algunos científicos predicen que el virus será muy parecido al del resfriado, que sí es capaz de causar enfermedades graves e incluso la muerte, en especial durante los aumentos estacionales.

Existen otros cuatro coronavirus que se han hecho endémicos en las poblaciones humanas. Estamos expuestos a ellos desde una edad temprana y con frecuencia, y en general los cuatro provocan resfriados comunes y corrientes.

Por supuesto, todavía hay gran incertidumbre, alertan los científicos, como por ejemplo cuánto tardaremos en llegar al punto de equilibrio. Ahora que las infecciones comienzan a bajar de nuevo en Estados Unidos, hay esperanza de que lo peor de la pandemia ya quedó en el pasado. c.2021 The New York Times Company