El retorno del odio
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El mundo no cambia, México no cambia. El mundo y el país están podridos
La política comarcana y sus protagonistas no dan para mucho. Aburren en honor a la verdad. Liquidado el PAN en la entidad, ellos mismos se inocularon el germen de su destrucción. En ocasiones me olvido del mundo global el cual no me es ajeno, pero del cual me siento lejano. ¿Por qué? Porque para mí el ejercicio periodístico ha sido el aquí y el ahora. Nunca he hecho faenas a toro pasado. Siempre he arriesgado todo porque soy escritor y periodista y así voy a morir. Eso de la historia es interesante y me apasiona, pero ningún historiador habla ni critica el presente porque su materia de estudio es el pasado, el ayer. Es decir, no hay compromiso alguno.
¿Ha notado usted que en la ciudad, plagada de poetas, teatreros, novelistas, intelectuales y demás fauna, hay una ausencia y silencio asfixiante de opiniones críticas y bravas sobre los diversos actores políticos en la entidad? Hubo un momento en nuestra historia en que el intelectual era un hombre crítico, señero, respetado y querido; odiado no pocas veces. Formaba parte de la sociedad, era un guía, un faro. En Saltillo y en Coahuila no hay tal. Pocos se comprometen con la libertad. El Gobierno da de comer
En ocasiones me olvido del mundo global el cual no me es ajeno, pero del cual me siento lejano. Hoy soluciono en parte esto. En días pretéritos, tres notas mundiales me han conmovido. Israel, siempre en conflicto, siempre en llamas, lanzó una ofensiva cruenta sobre la Franja de Gaza y sus habitantes que en teoría siembran el terrorismo, Hamás. Van más de 230 personas muertas. Israel ha movilizado a más de 66 mil militares por vía terrestre. Una operación castrense de gran envergadura. Los pactos de paz están lejos, muy lejanos del termómetro bélico que tiene cientos de años en ebullición.
El horror. Un misil en Ucrania y frontera con Rusia, derribó un vuelo comercial de Malaysia Airlines. Era un Boeing 777 con 295 ocupantes que cubría el tránsito entre Ámsterdam y Kuala Lumpur. Una tragedia, un horror. Se cruzan acusaciones las autoridades centrales de Kiev y los insurgentes independentistas prorrusos. En teoría y sólo en teoría, el objetivo sería el avión del Presidente ruso, Vladimir Putin. Al momento de redactar la presente nota, los servicios de inteligencia y contra-inteligencia de todo el mundo tratan de cuadrar un puzzle al respecto para esperar que no llegue el horror a sus pueblos. 295 inocentes. Así de sencillo. No es tragedia, fue derribado por un misil. Hay responsables. Deben pagarlo.
Esquina-bajan
A este retorno del odio en todo el mundo, se le agrega una nota fatídica la cual deja un sabor avinagrado en la boca. El encabezado no puede ser más elocuente, es el siguiente del día 18 de julio: Iba al Mundial; lo hallan asesinado. Fue localizado en territorio comanche, en zona de guerra, el norteamericano y trotamundos Harry Devert. Fue hallado muerto y al lado su inseparable motocicleta, en Michoacán. Desapareció en enero. Jamás llegó a Brasil, su objetivo.
Era sólo un gringo trotamundos, ¿a quién le servía muerto? A nadie. ¿Por qué lo mataron? ¿Por odio? No lo sé. Pero México vuelve a ser noticia internacional debido a lo anterior. Es decir, cualquier inversión en promocionar las bellezas de México, su hospitalidad y supuesta tranquilidad para paseantes y viajeros, ha quedado sepultada por un alud de boletines de prensa donde se da cuenta a nivel mundial de la infausta muerte de Harry Devert, el cual había estado en la pamplonada en España, había jugado futbol con niños en Laos, había sido secuestrado por un taxista en Colombia, había dormido en una cueva en Nepal y ahora, para desgracia de éste, murió en Michoacán camino a Brasil.
El mundo no cambia, México no cambia. El mundo y el país están podridos. De aquí mi tozudez en publicar las críticas ácidas que me caracterizan. De aquí entonces que debo de señalar con índice de fuego aquello donde hay focos de infección. Nada cambia. Tres noticias que dieron la vuelta al mundo bajo un común denominador: el odio.
Letras minúsculas
Me recuesto en mi camastro, anochece