Sentimientos encontrados

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Opinión
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El pasado lunes, a la par de informarse que la nueva versión de “Tortugas Ninja” destronaba del primer lugar de taquilla a “Guardianes de la Galaxia”, sabíamos de la muerte de Robin Williams.

 Era como ser abatido en dos frentes simultáneos: el primero, ver cómo un productor y director muy cuestionable como cineasta de nombre Michael Bay  se consolidaba tristemente como el nuevo “Rey Midas” de Hollywood al estar involucrado con dos de los grandes éxitos taquilleros del verano de 2014 (“Tortugas Ninja” y “Transformers 4”), pero que a diferencia de su padrino en estos menesteres, Steven Spielberg, es responsable de un cine totalmente desechable y nada trascendente a diferencia, por ejemplo, del que nos legaron grandes clásicos del género de ciencia ficción y aventuras en las que se basó James Gunn para hacer “Guardianes de la Galaxia”.

 El segundo, ver cómo se apagaba la vida de un actor con quien crecimos justo como cinéfilos, puesto que fuimos testigos de su incursión en la pantalla grande como el héroe de tiras cómicas “Popeye” (Robert Altman, 1980), estrenada en el Cinema Palacio, hasta su consolidación como estrellas de cine que desgraciadamente se están extinguiendo al punto, precisamente, de que se justifique el éxito de una película porque salga “un cuero de vieja” como Megan Fox, cuyos mayores éxitos cinematográficos se resumen justo en “Tortugas Ninja” y “Transformers”.  

 Para acabarla de amolar, apenas un día después de la sorpresiva muerte de Robin Williams la Meca del Cine se volvió a cubrir de luto ahora con el fallecimiento de una de las últimas diosas de Hollywood, Lauren Bacall, quien fuera recordada como la pareja tanto en la pantalla como en la vida real del gran Humprhey Bogart a los 89 años de edad.

 Bacall tuvo el privilegio de debutar en el cine nada menos que con un gran texto de la autoría del célebre Ernest Hemingway; la dirección del genial Howard Hawks y siendo pareja de un actor de la talla de Humphrey Bogart en un clásico como lo fue “Tener o No Tener”, en 1944. De otras joyas del cine negro como “El Gran Sueño” (Howard Hawks, 1946); “Pasaje Oscuro” (Delmer Daves, 1947) o “Key Largo” (John Huston, 1948), a la actriz le tocó ser todavía verse todavía más radiante con la llegada no sólo del color sino del Cinemascope en los años 50 con clásicos como “Cómo Casarse con un Millonario” (1953) o sublimes melodramas como en el que la dirigió el maestro Douglas Sirk en 1956 al lado del inolvidable galán Rock Hudson: “Escrito en el Viento”.

 Irónicamente, a diferencia del mismo Robin Williams, Lauren Bacall tuvo que esperar cuatro décadas más para que le llegara su primera (y única) nominación al Oscar a la Mejor Actriz de Reparto de 1996 por “El Amor tiene Dos Caras”, de Barbra Streisand, para en el nuevo milenio salvo contadas excepciones como su participación en “Dogville” (Lar Von Trier, 2003) no morir sin ser honrada con un Oscar Honorario en 2009. Lo más triste es que como su muerte se debió a causas naturales no se le dio la relevancia que a la de Williams, y menos cuando por desgracia muchos colegas periodistas tienen más presente relacionan más a Cameron Díaz o Megan Fox con el cine por haber venido a promocionar sus más recientes películas a México. Descansen en paz Robin Williams y Lauren Bacall.

 Comentarios a: alfredogalindo@hotmail.com; Blog: alfredogalindo.com; Twitter: @AlfredoGalindo




Productor, Director y Guinista de cine. Columnista del periódico Vanguardia desde 1995, escribe sobre música, cine y televisión. Combina la pasión de escribir con la creación cinematográfica.

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