Inflación y salarios relación engañosa
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José María González Lara*
La inflación puede deberse a varias razones: el incremento de la demanda por más ingreso generalizado âque no necesariamente mejores salariosâ que presiona a la oferta y ésta sube los precios; el excesivo gasto público vía déficit que eventualmente genera empleo, lo que puede incrementar el ingreso y por tanto la demanda, aunque esta medida puede servir para dinamizar el consumo y por tanto apoyar la producción de bienes y servicios; también la escasez puede incrementar el nivel de precios, ésta se debe a desastres, guerras o mercado negro; los ajustes de precios en bienes y servicios que ofrece el Estado âcomo las gasolinasâ también impactan el nivel de precios.
La dinámica salarial se sitúa en la contradicción capital-fuerza de trabajo, en la que los empresarios pretenden reducir el salario a su mínima expresión para menores costos y precios competitivos, así que cualquier incremento del costo del factor trabajo se traslada al precio final; y por otra parte, la laboral pretende el incremento de retribución para el bienestar, aunque en México la clase trabajadora atraviesa por un momento histórico de apatía y desorganización.
En México, desde los años ochenta del siglo pasado la determinación del salario mínimo se ha anclado a las perspectivas de inflación para que el nivel de ingreso agregado no presione los precios a la alza, sólo que dicha perspectiva generalmente no se cumple y se ha ubicado por encima de lo proyectado.
El promedio de inflación anual del año 2005 al año 2013 fue de 4.20 por ciento, pero el promedio del incremento salarial diario en los mismos años es de 4.10 por ciento. Así que los salarios no han sido la causa de la inflación en México, más bien lo que ha contribuido al incremento del nivel inflacionario en los últimos años es la reducción subsidiaria a los energéticos fósiles y los precios internacionales de materias primas.
Miguel Mancera, jefe de gobierno del D.F., propone el incremento del salario mínimo para hacer cumplir el mandato constitucional en la fracción VI del artículo 123: los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos. Pero el salario es reducido porque en la economía el trabajo es un factor de la producción y, por tanto, se debe reducir su costo para precios competitivos.
Se calcula que tan sólo en los primeros trece años de este siglo el salario perdió más del 40 por ciento de su poder adquisitivo, lo que ha impactado el nivel de bienestar de millones de familias. Además, con la flexibilización laboral aprobada en noviembre del año 2012, actualmente las personas ocupadas que obtienen de menos de uno hasta tres salarios mínimos diarios es de 65 por ciento, casi 5 por ciento más que en el año de la aprobación de dicha reforma, y la cifra seguirá creciendo.
Las autoridades del Banco de México se apresuraron a afirmar que incrementar los salarios por decreto generaría más inflación y por ende más tasa de interés que inhibiría la inversión directa, lo que resulta falaz puesto que en nuestro País el diferencial de tasas pasivas y activas âal ahorro y al crédito respectivamente- es de por lo menos veinte puntos, así que la inflación no es el referente de las tasas crediticias. Además, señalaron que el incremento salarial debería estar ligado al incremento de la productividad, pero el escaso 3 por ciento de crecimiento de ésta del año 2005 al 2012 no se debe a los trabajadores, sino al pobre nivel de innovación tecnológica.
Por otro lado, Carlos Serrano, economista en jefe de BBVA Bancomer, afirmó que la propuesta es viable puesto que si se incrementa el salario mínimo su impacto en los precios sería inicial y por única vez y después el nivel inflacionario se estabilizaría, pero esto dejaría sin efecto el bienestar de la base laboral.
Por otra parte, trasladar el costo laboral a los precios (dejando sin efecto el incremento salarial) puede compensarse con la competitividad que obliga a reducirlos.
El alza en los salarios puede operarse estratégicamente con incrementos periódicos bimestrales o trimestrales cuyo impacto inflacionario no sería contundente, lo anterior hasta llegar a un aumento real ây no sólo nominalâ de por lo menos 30 por ciento. Esto dinamizaría la demanda agregada y por ende el mercado interno.
En todo caso el debate formal sobre el incremento salarial debe generarse, sin descartar de tajo la propuesta política y social de la izquierda capitalina.
*Profesor de la Facultad de Economía