Arquitectura como rebeldía

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Opinión
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Helio Piñón, arquitecto de origen español, afirma que la arquitectura de la memoria consiste en analizar y observar las cinco mejores obras arquitectónicas realizadas en un periodo de tiempo

Ser rebelde lleva la vida entera,

borrarte los privilegios de la piel,

inscribirte en la soledad del desacuerdo,

dejar atrás a los usurpadores.

Doris Lessing

Dicen que la juventud es sinónimo de rebeldía. Etimológicamente la palabra rebelde al igual que rebellio, rebellionis, es el vocablo que se conforma a partir de la raíz de bellum que quiere decir guerra, con el prefijo re-, lo cual indica o marca un movimiento regresivo, reiterado o intensivo. El diccionario etimológico explica: que es por lo anterior que el rebelde “es quien se vuelve agresivamente o de forma guerrera contra un poder o una autoridad establecidos de cualquier naturaleza” y la rebelión es la acción o el resultado del acto que el rebelde realiza. Pero tener esta característica también es: disentir, estar en desacuerdo, diferir, discrepar, no solo en la palabra sino en los hechos y en las acciones: en el arte o en la creación, no me refiero a la violencia, ese es otro tema.

Pienso que la arquitectura es rebelión y el arquitecto es rebelde -con título o sin él- y tienen esta característica por principio; vamos contra las fuerzas de la naturaleza y gracias a eso buscamos cobijo, no estuvimos de acuerdo con habitar espacios inhóspitos y por eso los construimos buscando la belleza y la comodidad, la habitabilidad y la dignidad en ellos.

Helio Piñón, arquitecto de origen español, afirma que la arquitectura de la memoria consiste en analizar y observar las cinco mejores obras arquitectónicas realizadas en un periodo de tiempo y tratar de hacer algo “un poco mejor” basados en eso. Sin embargo, explica que desde el Modernismo esto ha sido mal aplicado y mal entendido en el afán del arquitecto de ser diferente y único. Además, el docente defiende que la arquitectura es la única disciplina que en los últimos cincuenta años no ha producido un saber acumulativo, es decir, no se ha producido nada que sirva de una década para la siguiente, se ha supuesto que cada diez años hay que empezar de nuevo y agrega que lo anterior no debería de ser así, que si existe una profesión que se tiene que apoyar en la tradición es precisamente la arquitectura.

Hace unos días reflexionaba acerca del arquitecto como filósofo y que los que tenemos este oficio, necesitamos ser un poco filósofos, porque al entender y conocer al ser humano podremos satisfacer sus necesidades, tanto individuales, como de espacio. Descifrarlas en el sentido amplio de la palabra, para después interpretarlas y transformarlas en lugares significativos de los que después cada usuario se apropiará.

La arquitectura es rebelde desde su gestación, muchas veces transgresora, inconforme con la realidad, propositiva; es un medio por el cual expresamos nuestra identidad y nuestra tradición, nuestras costumbres y creencias: construyéndose desde lo individual y hacia lo colectivo pero impactando de nuevo en cada individuo con el que tiene contacto. Heidegger dice: “ser en la vida mediante la vida”, la arquitectura es repositorio de recuerdos, contenedora de sucesos, de actos que no pueden abstraerse de la memoria, de la vida.

Tal vez el día de hoy, ser rebelde sea pronunciarse por recordar estas tradiciones que nos hacen ser en la vida mediante nuestras acciones; ser en nuestros espacios íntimos o públicos mediante los actos que realizamos en ellos como recursos para la memoria. Dice Calvino que “la ciudad está hecha de las relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado”. Porque un espacio es recordado por la vida que aconteció en él. La ciudad y la arquitectura no se expresan con palabras, sino con lugares: “cada segmento (lugar) surcado por arañazos, muescas, incisiones, comas”. Por eso la arquitectura y los espacios públicos son rebeldes, porque se sublevan de manera reiterada contra lo establecido, porque denuncian, expresan, muestran el sentir y el ser de una comunidad a través de sus volúmenes y sus materiales, mediante la vida que sucede en ellos.

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Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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