Carta a la Presidenta: Desde la Frontera Donde la Soberanía Se Desangra
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Presidenta:
Le escribo desde la línea donde México respira con dificultad. Desde la frontera donde el viento del Pacífico trae sal, polvo y secretos que nadie quiere escuchar. Desde Tijuana, esa ciudad que me adoptó en 1991 y que me enseñó que aquí la dignidad es más valiosa que el oro y más frágil que la paz.
Le escribo porque en Baja California algo se está pudriendo. Y cuando la podredumbre huele hasta la Ciudad de México, es porque ya no es un asunto local: es un asunto de soberanía.
Aquí, donde el país se sostiene con uñas y dientes, operadores políticos ligados al Partido Republicano de Estados Unidos se mueven como si fueran dueños del territorio. Aquí, donde la Constitución debería ser un muro, la han convertido en alfombra. Aquí, donde la frontera debería ser defensa, la han vuelto negocio.
Y el silencio —ese silencio que usted heredó y que ahora la rodea— está permitiendo que la grieta se abra.
I. El pasado que explica el presente
Usted puede revisar la historia: apoyé el proyecto de Morena hasta 2018, antes de que Jaime Bonilla Valdez se apropiara del movimiento en Baja California. Después del triunfo presidencial, Bonilla recibió un cheque en blanco para decidir el rumbo del Estado. Lo usó para lo que sabe: prepotencia, corrupción, arrogancia.
Intentó ampliar su mandato de dos a cinco años. La Suprema Corte lo frenó. El entonces Presidente guardó silencio. Y ese silencio abrió la puerta a lo que hoy vivimos.
Porque como aprendí en los diálogos con los zapatistas: “El texto sin contexto es pretexto.”
II. La reunión que revela la infiltración
Hace unas semanas, regresé a Tijuana después de una campaña en Coahuila. Un amigo me pidió vernos para hablar de un asunto de tierras en Ensenada. Acepté. Nos reunimos en un restaurante cerca de mi casa.
Al llegar, me encontré con dos sujetos que no deberían estar ahí.
El primero, joven, se presentó como Carlos, “oficial del FBI”. El segundo, su padre, Luis Trujillo, cuyo nombre real es Luis Armando Montes Trujillo.
Mi reacción fue inmediata: ¿Qué hijos de la chingada hago yo sentado frente a estos dos cabrones?
Carlos comenzó a hablar como si fuera virrey fronterizo:
—A partir de una llamada de César Yáñez a Jaime Bonilla —dijo—, por instrucciones de la Presidenta (según César Núñez), Bonilla nos presentó con la Gobernadora para ayudarle con el tema de la visa.
Le pregunté: —¿Y luego?
—La Gobernadora no quiere cooperar.
—¿Cooperar para qué?
—Para delatar a sus cómplices.
Entonces le solté lo obvio: —Si tú eres del FBI, ¿qué chingados tienes que ver con temas migratorios?
Su respuesta fue delirante: —El FBI controla todos los temas México–Estados Unidos. Incluso controlamos todos los sindicatos de La Laguna.
Ahí perdí la paciencia: Por mí, chinguen a su madre los tres. No saben ni madre de lo que están hablando.
Hubo un silencio. Luego, como si nada, me preguntaron a cuál precandidato de Morena apoyaría.
Les dije que a ninguno. No milito en Morena.
Entonces soltaron la bomba: —El mejor candidato para Donald Trump es Jesús Ruiz Uribe. Es el único que aceptó cooperar con el gobierno norteamericano. Ya entregó los organigramas de los vínculos entre los gobiernos de Baja California y grupos del crimen organizado.
No sé si esto sea cierto. Lo que sí sé es que el supuesto agente del FBI se presentó como enviado de Jaime Bonilla ante la Gobernadora, después de una llamada de César Yáñez, supuestamente por instrucciones suyas.
III. El abogado y el camote
Como si no fuera suficiente el descaro, el tal Carlos decidió agregar otro ingrediente a su guiso de arrogancia.
—La Gobernadora habló con un abogado —me dijo—. ¿Tú crees que alguien así debería ser contratado por ella?
La pregunta venía cargada de veneno, como quien lanza un anzuelo para medir la reacción del pez. Me miró esperando que yo mordiera.
Pero aquí, en la frontera, uno aprende a distinguir entre pregunta y provocación.
Le respondí sin rodeos:
—Eso no me lo preguntes a mí. Pregúntatelo tú, que según tú eres autoridad gringa.
El silencio cayó como piedra. El joven tragó camote. Literalmente. Como si la soberbia se le hubiera atorado en la garganta.
IV. La amenaza de “acción militar”
Fue entonces cuando el tal Carlos decidió cruzar una línea que ningún extranjero debería cruzar en territorio mexicano.
En tono amenazante me dijo:
—El Gobierno de Estados Unidos está decidido a hacer una acción militar semejante a la de Venezuela con Maduro. Una extracción del objetivo. Y la única forma de detener eso es que algunos personajes cercanos a la Presidenta convenzan a la Presidenta de actuar contra la Gobernadora de Baja California. Detenerla. Apresarla. Eso podría evitar la acción.
Mi respuesta fue inmediata, frontal, sin maquillaje:
—Venezuela no es México. No tienes ni la pinche idea de lo que estás diciendo.
El tal Luis Trujillo —padre del informante, dedo, soplón, o lo que haya querido aparentar— intervino con una mezcla de ignorancia, desesperación y atrevimiento:
—Lo que urge es que esa entrevista se produzca de inmediato, esta misma semana... ¡porque a Bonilla le urge!
Lo miré. Lo escuché. Y por dentro pensé:
“No cabe duda: este par de pendejos no tiene la más pinche idea de con quién está hablando.”
No levanté la voz. No hice aspavientos. No di discursos. Simplemente me levanté con la dignidad que uno aprende en la frontera y les dije lo que correspondía:
Olimpicamente los mandé a chingar a su madre a los dos.
Y me retiré. Sin protagonismos. Sin escándalos. Sin teatro. Solo con la certeza de que cada coyuntura exige su propia respuesta, y que yo ya había dado la mía.
V. Trump, el depredador de la frontera
Cuando el tal Carlos me dijo: “Donald Trump es la esperanza de México”, mi respuesta fue inmediata: “No mames.”
Porque si algo sé —y lo sé porque lo viví, lo denuncié y lo documenté— es que Trump jamás ha sido esperanza de México.
En 2016 presenté una denuncia ante la PGR por el fraude del Trump Ocean Resort Baja México, un proyecto inmobiliario que prometía un edificio de condominios de lujo en las playas de Tijuana y Rosarito.
Los compradores entregaron más de 100 millones de dólares entre 2006 y 2009. ¿Y qué construyó Trump?
Nada. Ni un piso. Ni un muro. Ni siquiera los cimientos.
En 2017 amplié la denuncia con más testimonios y documentos. Los afectados perdieron ahorros de toda una vida. Trump, en cambio, cobró millones por “prestar su nombre”.
Ese es el hombre al que el tal Carlos llamó “esperanza de México”.
VI. La frontera donde la soberanía se vende
Lo que viví en esa mesa no fue una anécdota. Fue una radiografía de la enfermedad que corroe a Baja California:
• operadores políticos ligados al Partido Republicano,
• personajes que se presentan como agentes federales norteamericanos,
• amenazas de “acciones militares” en territorio mexicano,
• vínculos con exgobernadores que ya intentaron violentar la Constitución,
• y un clima de impunidad que permite que cualquiera se sienta dueño de la frontera.
Aquí, donde la soberanía debería ser un muro, la han convertido en alfombra. Aquí, donde la política debería defender a México, algunos la han puesto al servicio de Washington. Aquí, donde la frontera debería ser una línea de defensa, la han vuelto una línea de negocio.
VII. Lo que exijo
Presidenta, por la gravedad de lo narrado, le solicito públicamente:
Que me informe fecha, lugar y hora para presentarme ante la Fiscalía General de la República, a fin de ratificar y ampliar esta información, y que se convoque a los personajes mencionados para que respondan ante la ley.
Lo hago por la soberanía de México. Por la seguridad de nuestras familias. Por la dignidad de Baja California. Y porque en esta frontera aprendí que el silencio también es una forma de traición.
Y cierro como cierran los que no se arrodillan, como cierran los que no se venden, como cierran los que no se callan:
¡Viva Villa, cabrones!