Día de Muertos: una tradición que nos ayuda a sanar las ausencias

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Una tradición mexicana que permite mantener vivos los recuerdos y encontrar consuelo ante la ausencia de quienes amamos.

Día de Muertos: una tradición que nos ayuda a sanar las ausencias

Dedicado a María Judith Limón Vargas y a la psicoanalista Elizabeth Buitrón.

En temas de desarrollo humano, mucho se habla de establecer una relación entre ciencia y espiritualidad para comprender mejor nuestra condición humana. Como psicólogos, conciliar ambas perspectivas es un desafío constante, y abordar un tema como el duelo representa una ocasión perfecta para adentrarnos en esa aventura.

El término “duelo” aparece cada vez con mayor frecuencia en conversaciones cotidianas, en pláticas de café y en lugares comunes donde las personas buscan un espacio para hablar y ser escuchada. Y pienso, fielmente, que esto es para bien. No siempre se trata de espacios terapéuticos, pero sí de encuentros donde las personas buscan comprender lo que sienten, “vivir el duelo” o “curarse de una pérdida”. Nos hemos apropiado de un poquito del lenguaje científico que caracteriza a la psicología y la psicoterapia, incorporándolo a nuestra manera de hablar sobre las experiencias humanas.

Esto lo digo con la noble intención de mostrar la belleza que también puede encontrarse en este proceso, particularmente en la posibilidad de darle un nuevo sentido y significado a nuestras pérdidas. Llamamos duelo al proceso humano de integrar una pérdida a nuestra vida y, como profesional, quisiera añadir que esta puede manifestarse de distintas formas: la muerte de un ser querido, la pérdida de la salud, una relación, un trabajo o una mascota, entre muchas otras.

No es una tarea sencilla. Ojalá pudiera describir con mayor plenitud todo lo que se experimenta durante un duelo. Creo que el arte nos ayuda bastante a expresar aquello que a veces no encontramos cómo decir. También nuestras propias experiencias pueden ofrecernos una comprensión profunda del tema. Después de todo, ¿conocemos a alguien que nunca haya vivido una pérdida? Así de importante y universal es este asunto.

Ahora bien, desde nuestras tradiciones, tenemos el honor cultural de celebrar una de las festividades más representativas de México. Nuestra comida, nuestra música y nuestra historia encuentran una expresión particularmente hermosa en las celebraciones del Día de Muertos. A mí me parece increíble la belleza con la que conmemoramos a nuestros “fieles difuntos”, a quienes, de alguna manera, nunca de los nuncas perdemos contacto.

Según nuestra tradición, llegado el día, sus luminosas almas regresan a estas tierras llenas de altares, flores, comida y bebida, para disfrutar de un encuentro entre dos mundos: el terrenal y el celestial. Esta manera de comprender la muerte nos permite mirar la ausencia desde otro lugar, uno donde el recuerdo, el cariño y la celebración también tienen cabida.

Es por ello que estas fechas son tan importantes para nosotros. Además de la velada, la reunión, el pan y el chocolate caliente, encontramos una oportunidad para acercarnos nuevamente a nuestros seres queridos que han partido. Establecemos un diálogo profundo, de corazón y alma, con quienes habitan, desde nuestra espiritualidad, en otro plano.

Regresamos, sin empacho, a decir lo no dicho, aquello que a veces faltó expresar en vida. Otras veces, simplemente conversamos con ellos, les contamos lo que ha sucedido desde su partida y compartimos nuestras alegrías y preocupaciones, como si el tiempo no hubiera interrumpido esas conversaciones.

Hablar con nuestra gente fallecida, aunque sea desde el recuerdo, nos suaviza el alma. Nos permite expresar el amor que permanece y encontrar nuevas maneras de relacionarnos con la pérdida. Quizá ahí se encuentre uno de los vínculos más hermosos entre el duelo y nuestras tradiciones: en la posibilidad de recordar sin que todo sea tristeza, de reconocer la ausencia sin renunciar al cariño y de encontrar consuelo en aquello que compartimos.

Dice el dicho que “las penas con pan son buenas”. Celebremos, entonces, con orgullo nuestras festividades y la fortuna de vivir en México estos primeros días de noviembre, llenos de color, contraste, belleza y folclor, en los que la alegría de recordar también nos ayuda a sobrellevar las ausencias y dar un nuevo sentido a nuestros duelos.

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Manuel Alejandro Chávez Limón
Licenciado en Psicología, con maestría en Psicoterapia Psicoanalítica. Cuenta con experiencia institucional en atención psicoterapéutica y psicología forense con poblaciones en situación de vulnerabilidad. Actualmente se desempeña como docente en temas de género y educación, además de ejercer la psicoterapia en consulta privada.