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Hablemos de Dios 97

Opinión
/ 21 mayo 2022
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¿Hay un Dios bondadoso y todo dulzura y a la vez, es este mismo Dios el Dios de la guerra y la violencia que por siglos, lustros y décadas el cual se hace presente en el mundo todo? Caray, situación nada menor lector. Nada menor. Lo anterior me lo han preguntado con respecto a los tiempos infaustos que corren y debido a lo de todos conocido: más de dos años de pandemia sin fin, los ataques terroristas que perpetran en todos lados el autollamado Estado Islámico, EI, (ISIS por sus siglas en inglés) y de nuevo, los brotes de odio y racismo con masacres públicas en los Estados Unidos.

¿Es el mismo Dios? Si hacemos caso a la Biblia y al Corán, pues sí, es el mismo Dios. Hacer la guerra en el nombre de Dios no es privativo del Corán y de los hermanos musulmanes, sino que aparece todo el tiempo en el Antiguo Testamento. Voy a tratar de explorar someramente lo anterior. Soy el menos indicado para hacerlo, pero como nadie lo asedia desde esta perspectiva y arista, pues aquí voy.

En el Antiguo Testamento, la guerra y violencia está en todos lados. Era parte de la vida misma. Como lo es ahora, caray. Nada ha cambiado. Nada va a cambiar. No hemos cambiado mayormente entonces. Varios historiadores y pensadores dicen claramente (Joachim Gnilka), que las “guerras del pueblo de Israel eran las guerras de Dios”. Algunos ejemplos al azar: “Y nosotros seremos también como todas las naciones, y Dios nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.” “¡Qué gloria ganó cuando alzaba la mano/ y blandía la espada contra las ciudades!/ ¿Quién antes de él tan firme fue?/ ¡Qué las batallas del señor él las hacía!” lo anterior se lee en Eclesiástico 46: 1-5.

Se repite una y otra vez en Jueces, Josías, Éxodo, Crónicas, Samuel, Deuteronomio... La ira de Dios es grande, como grande es su poder. Hay un libro perturbador (todos los son). Es el de Ezequiel. Éste era un sacerdote hijo de Buzi y vivía en Babilonia, junto al río Chebar. Este profeta anuncia la catástrofe de Judea con una serie de oráculos los cuales se inician de la siguiente manera: “Recibí esta palabra del Señor...” En el tercer oráculo se tiene por protagonista a la espada, la cual fue preparada por la mismísima mano de Iahvé.

Le voy a transcribir varios versos a continuación. Usted lo puede leer completo en su Biblia (Ezequiel 21: 6:22), no hay desperdicio: “Esto dice el Señor: aquí estoy contra ti,/ desenvainaré la espada y mataré a inocentes y culpables./ Para eso desenvainaré mi espada contra todo/ hombre, de norte a sur: para matar a inocentes/ y culpables./ Y todo mundo reconocerá que yo, el Señor, he desenvainado mi espada y que no será envainada de nuevo... Una espada, una espada/ está afilada y bien pulida;/ afilada para matar, pulida para brillar...”

Caray, pues así por las “malas” cualquiera hace caso. ¿Cuál es la diferencia con nuestros hermanos musulmanes y su Corán? Pues ninguna. ¿Sabe usted porque se inmolan como kamikazes atados a cinturones de pólvora y explosivos y claro, se van al cielo con Alá? Por lo siguiente que aquí le transcribo: “Combatid por la causa de Dios, a los que os agreden. Dios aborrece a los agresores. Eliminad a los agresores doquiera los encontréis. Expulsadles de donde os expulsaron porque atentar es más grave que el homicidio...” (Sura 2: 190-193).

Esquina-bajan

“La epidemia de odio y tiroteos” en Estados Unidos es cosa cíclica. Se ha abordado con suficiencia y con muchas aristas a la vista. Pero lo bien cierto es que no cesan y sí se recrudecen una y otra vez. A menos de 24 horas del tiroteo en un supermercado en Búfalo, Nueva York donde Payton Gendron mató a 10 personas, once de los 13 de las personas eran afroamericanos, dos nuevos tiroteos se presentaron en Los Ángeles y en Houston (domingo 15 de mayo).

Joe Biden, rápido se apresuró a declarar: “Todos debemos de trabajar juntos para abordar el odio. Los corazones de los estadounidenses están heridos una vez más, pero nunca debe de flaquear nuestra determinación.” Dice el Corán: A los que luchan “por la causa de Dios y mueren en el combate les espera una magnífica recompensa en la otra vida” (Sura 4:74. 3:157. 3:195. 9:111. 22:58 y un largo etcétera. La promesa es recurrente en el Corán.

Contra esto no hay defensa lector. Qué le vamos hacer si ellos creen con fe ciega (como los hermanos cristianos muchas de las ocasiones. O creen como los anteriores ciudadanos en la supremacía blanca) y no ponen ni pizca de razón al respecto. Hay le va un verso, es el Sura 4:101: “Los infieles son vuestros enemigos declarados...”

¿Sabe quienes son los “infieles”? Pues usted y yo estimado lector, que no somos musulmanes ni creemos en el Corán, aunque es básicamente la Biblia, como ya lo hemos explorado aquí anteriormente. ¿Ya vio que este Dios es así de belicoso y guerrero? Usted dirá que son tiempos diferentes y la situación histórica, social y geográfica ha cambiado; pues sí, yo voy de acuerdo, el problema es que los miles de hermanos no lo entienden así al día de hoy.

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Nos agobian los problemas. ¿Es Dios una solución o es el problema?

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