NosotrAs: Crear espacios para sanar juntas
Los círculos de mujeres recuperan la memoria, la espiritualidad y el vínculo para sanar heridas compartidas y sostener la vida en comunidad. En un mundo que aísla, reunirse también es resistencia
Los círculos de mujeres son espacios de apoyo entre mujeres que quieren reunirse para poder tener un lugar y un encuentro donde sentirse auténticas, ahí te puedes desarmar y volver a armarte, no sólo en un momento difícil o vulnerable, sino también para compartir alegría, felicidad, celebrar la vida y compartir los logros.
En ellos empatizamos con las otras porque, al fin y al cabo, en los sentires, en las experiencias y en las historias de las otras terminamos reflejándonos, y de esta forma es como sanamos juntas. En los círculos “si sana una, sanamos todas”, porque la herida del patriarcado nos ha atravesado a todas de una u otra forma.
Vivir nuestra espiritualidad desde el feminismo implica sanar nuestras relaciones y nuestra conexión con el cosmos. Las mujeres hemos atravesado tantas heridas, tantas violencias, que necesitamos encontrar una espiritualidad que sane las injusticias y también restablezca el vínculo con la tierra, una espiritualidad de esperanza, de resistencia, que nos dé fuerza y nos vincule.
Durante mucho tiempo se pensó que la única forma de conectar con nuestra espiritualidad era a través de la religión impuesta. Hoy reconocemos que podemos vivir una espiritualidad saludable que nos ayude a recordar que nosotras tenemos el poder de sanarnos, de descubrir que somos capaces, de transformar la realidad. Una espiritualidad que nos potencia, nos empodera y nos hace crecer desde dentro, vivir con gozo y con esperanza, en medio de los horrores y la vulnerabilidad, encontrar esos espacios en donde podamos florecer y cultivar nuestras raíces.
Es importante recuperar esos espacios seguros entre mujeres, reuniones circulares en donde todas estamos en la misma posición, sin jerarquías, donde podamos mirarnos y conectar con las otras. Somos seres sociales que requerimos de una comunidad, pero pareciera que hoy en día las mujeres nos sentimos cada vez más aisladas, y el aislamiento y la soledad nos enferma y debilita, es por eso que los círculos de mujeres son una posibilidad de encuentro y resistencia ante este problema.
Recordemos que nuestras ancestras se reunían a compartir entre mujeres, transmitían saberes, tenían espacios de comunión, convergiendo mujeres de diferentes edades y en distintas etapas de vida para acompañar en sus procesos a las más jóvenes. Es imprescindible seguir transmitiendo esos saberes, historias, cantos, rituales, remedios, enseñanzas de nuestras abuelas, madres y tías, me parece poderoso y mágico nombrarlas y pensar que si perpetuamos esos saberes heredados estamos inmortalizando a esas ancestras que posiblemente fueron juzgadas por ser curanderas, “brujas”, rebeldes que iban en contra de lo establecido.
No olvidemos que hoy somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar.